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04 de Apr de 2020

Nacional

Pescadores viven entre la esperanza y la necesidad

CHIRIQUÍ. Cuatro barcos encallados en el estero de Puerto Pedregal esperan por la llegada de compradores que tributen decorosamente por ...

CHIRIQUÍ. Cuatro barcos encallados en el estero de Puerto Pedregal esperan por la llegada de compradores que tributen decorosamente por el trabajo que han realizado por más de once días en alta mar. ¿Especie? Dorado. Pero de acuerdo con los marineros, los bajos precios apenas y cubren gastos.

En Pedregal existen más de 60 embarcaciones, botes cuya tripulación generalmente no supera las cinco personas.

Algunos barcos se dedican a la pesca rivereña, otros a la actividad artesanal; en fin, la mayor parte de los pedregaleños dependen de las actividades extractoras del mar. Su panorama es cada vez más lúgubre.

Los pescadores señalan que en estos momentos ambos sectores están golpeados y no ven salida.

Los primeros, esperan se cumpla la construcción del Mercado del Marisco que solo quedó en la colocación de su primera piedra; los segundos (dedicados a pesca artesanal), sucumben ante los precios irrisorios que les ofrecen por sus productos.

Mientras tanto, la expectativa por cumplir con las obligaciones adquiridas con una entidad bancaria hace poco más de un par de meses les quita el sueño.

Luis Carlos Jaramillo, capitán de una de las cuatro embarcaciones que estaban encalladas, compartió con La Estrella las necesidades de un sector que requiere de mejores precios y condiciones óptimas para el trabajo. ‘A nosotros nos dieron un préstamo de 40 mil dólares —dijo—. Tenemos que pagar seis mil dólares por año, pero con estas tarifas insultantes que nos ofrecen no podremos cubrir nuestras obligaciones’, explicó.

De acuerdo con Jaramillo, los precios no han mejorado, ‘están por el suelo’.

Señaló que para este tiempo el precio debía estar al menos en $1.50, por la cercanía de la cuaresma. Sin embargo, les han ofrecido entre 90 centavos a un dólar, por su producto, precios que solo cubren el costo de operación. ‘Con estos precios no estaremos en condiciones de cumplir con nuestras obligaciones’, agregó.

En el bote de Jaramillo, reposaban cerca de cinco mil libras de dorado, estas se venderían al mejor postor, un coquireño que ofreció $1.10 por libra. Una venta bruta de $5,500; pero los costos de operación sumaron poco más de $4,000.

Esta sumatoria a primera vista diría que la ganancia para el capitán Jaramillo fue de $1,500; sin embargo, se debe calcular que el timonel estuvo más de 11 días en alta mar acompañado por cuatro marineros. Esto si en verdad la carga ha llegado a cinco mil libras.

Por otro lado, Fulvio Meléndez, marinero experimentado con más de 45 años de navegar por las frías aguas del mar de Balboa, expresó que los precios son poco animosos.

‘No hay mejoras, todos se arropan con la misma manta’, dijo refiriéndose a los bajos precios que les ofrecen por sus mercaderías, por sus pescados.

En relación con el Mercado del Marisco, no ocultó su decepción.

‘Aquí solo nos dejaron la primera piedra’. ¿Qué se ha hecho?, cuestionó de forma retórica y miró al tiempo al terreno cuasi vacío y lleno de herbazales en dónde se edificará la obra.

Para Meléndez, el Mercado del Marisco no ayudaría en nada al sector artesanal, empero lamentó que una obra tan necesaria se haya dejado de construir.

‘No se puede negar que sería funcional para los botes pesqueros; pero para la cantidad de pescado que transportamos nosotros, se deben realizar las coordinaciones para vender directo al extranjero’, reseñó el marinero.

Meléndez propone la instalación de una cooperativa, pero según su opinión el apoyo estatal debe ir de la mano con la iniciativa de los pescadores.

En tanto, Javier Aparicio, otro marinero de muchas horas en la actividad, ahora residente de la comunidad, piensa igual que los anteriores.

Para él, la idea del Mercado del Marisco es buena y podría ayudar a la pesca rivereña, no así a la artesanal. ‘La implementación del Mercado del Marisco sería beneficiosa para los rivereños; sin embargo, requerimos que se nos ayude con la instalación de una planta procesadora y que el Estado estructure la logística para contactar clientes potenciales en el exterior’, exclamó.

Reconoció que la entrega de embarcaciones, por parte del Estado, impulsó el crecimiento de los artesanales, pero la carencia de un mercado con precios estables no deja ver un panorama claro. ‘El Gobierno entregó embarcaciones a marinos y capitanes que laboraban para las empresas exportadoras, pero se falló en buscar un mercado en el extranjero para vender directamente el marisco’, destacó.

Aparicio declaró que es hora que se le dé el valor justo al trabajo de los pesadores. ‘Siempre hemos sido víctimas de monopolios’, ‘cuando un comprador empieza a pagar a buenos precios, el resto de los exportadores le aplican algún tipo de presión y el precio cae’, lamentó.

Agrega que no es fácil separase de la familia por tantos días y luego al llegar a puerto, percibir precios injustos por sus mercaderías. ‘No es fácil, el mar es impredecible, ya es hora de que se le dé el valor correspondiente al trabajo de los pescadores’, puntualizó.

Héctor Acosta, otro capitán, reprochó que para el sector pesquero la negativa en cuanto al alza de los precios es un cuento harto conocido.

El incremento de los costos de operación son cada vez mayores y las utilidades, imperceptibles.

‘Estamos a la deriva, le vendemos al que nos paga un poquito mejor’, declaró. Dijo que al paso que van, el pago que deben realizar anualmente se hará muy difícil.

En esta situación están muchos de los pescadores dedicados a estas faenas, que trabajan y no alcanzan.

EL MERCADO DEL MARISCO

Restan cerca de tres meses para que se completen dos años desde la colocación de la primera piedra del Mercado del Marisco, y la cuestión, según los residentes del sector citado, no ha pasado de promesas y varias excusas.

La obra no ha despegado, luego que se realizó la colocación de la primera piedra en abril del 2012.

Según explicó recientemente la Autoridad Marítima de Panamá, esperaban la validación de la fianza de cumplimiento para adelantar la obra.

En tanto, la zozobra sobrecoge a la población dedicada a la pesca rivereña, los mayores beneficiados en teoría por la implementación de dicha empresa y el renglón artesanal clama a gritos por precios estables, no aguantan más.

DATOS ADICIONALES

Un total de 45 botes financió el Estado para los pescadores desde el año pasado.

A Chiriquí le correspondieron 30 de ellos, el 70% de los cuales están en operación. La deuda a pagar, según los pescadores, es de $40 mil, a razón de pagar $6,000 por año.