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01 de Dec de 2020

Nacional

¿Concurso de belleza o de propuestas?

El retoque digital de la imagen para el mejoramiento de la apariencia. Lo hacen con los modelos, las estrellas de Hollywood, los cantant...

El retoque digital de la imagen para el mejoramiento de la apariencia. Lo hacen con los modelos, las estrellas de Hollywood, los cantantes y con los actores de televisión. Inclusive, se hace con los participantes de los concursos de belleza. Pero... ¿también lo hacen con los políticos?

No hay que ser experto en diseño gráfico ni en fotografía para darse cuenta de que, si comparamos la imagen que presentan algunos políticos en las pancartas y si los observamos en la vida real, hay ciertas cosas que no ‘concuerdan’.

¿QUÉ DICEN LOS POLÍTICOS?

Al parecer, el tema es tabú dentro de la clase política, pues al ser consultados, no muchos aspirantes a un puesto de elección popular opinaron al respecto; sin embargo, hubo una que otra excepción que, en mayor o menor medida, se confesaron y mostraron sus puntos de vista.

Por ejemplo, Javier Ortega, representante de Río Abajo y ahora candidato a una curul en el Palacio Justo Arosemena por el circuito 8-8 está a favor de este tipo de maniobras, las cuales, para él son algo ‘beneficioso’. El representante no lo niega y dice: ‘ En mi caso, solo lo uso para que me borren unas manchas que tengo en el rostro’.

Cuando se le pregunta a Javier ‘Patacón’ Ortega hasta qué punto es válido manipular la apariencia que un político vende de sí, éste responde tajante: ‘¿Y quién dice qué es incorrecto?’; pero, al momento, aclara: ‘Lo que uno no puede es abusar (de su uso)’.

Si la imagen pesa en una campaña, el representante comenta que es un factor que ‘claro que pesa’; aunque, considera, no al punto de que tenga más preponderancia que las propuestas.

Por último, ya en un sentido más relajado, el también periodista, dice que ‘los hombres y las mujeres son vanidosos; pero ellas cuidan más su imagen’.

Por el otro lado, el diputado panameñista Adolfo ‘Beby’ Valderrama, quien busca su reelección en el 8-7, entre risas responde, que el Photoshop es una ‘herramienta que busca hacer milagros’. Empero, cuando se le pregunta si él ha recurrido al recurso y por qué un político necesitaría mejorar su imagen con la ‘herramienta milagrosa’, como llama al Photoshop, Valderrama, ya en un tenor más serio, únicamente responde: ‘Es una herramienta que usan los fotógrafos y quienes se encargan a la publicidad’.

EL PESO PSICOLÓGICO

Para el profesor de la Universidad Católica Santa María La Antigua (USMA) Erasto Espino Barahona, el asunto de la manipulación de la imagen, es un tema más complejo de lo que parece.

Por ejemplo, menciona de la psicología: ‘La política la mueven los centros de las emociones más nobles. Hay un factor psicológico muy profundo. Si tienes un problema de autoestima, tu capacidad de liderazgo se va ver afectada, y un político debe ser un líder. El primero que se debe creer que es digno de ser elegido, es el político. Con estas manipulaciones se le ayuda a crear una imagen, de la cual él es el primer receptor beneficiado al construir una imagen positiva de si mismo’.

Aunque parezca algo superfluo, la comodidad del candidato con su imagen es crucial. Comenta el también literato que ‘en la comunicación política no hay neutralidad. Los asesores de imagen, campaña, los creadores de opinión, los expertos, conocen de estas cosas y se preguntan cómo apuntalar la imagen del político y la imagen del político sobre si mismo, porque si ésta se derrumba, también lo hace la campaña’.

LA SEMIÓTICA:

El escritor, y también catedrático usmeño, Ariel Barría destaca el poder de la imagen y su influencia: ‘La imagen es todo’, se dice a menudo y es muy cierto. El nuestro es un contexto dominado por el lenguaje visual, y la política no escapa de eso. Ahora bien, lo triste es ver qué se promueve con tales imágenes. La inmensa mayoría de las fotografías de los candidatos, hombres y mujeres, son posadas, y buena parte de ellas han experimentado tal grado de modificación que llegan a hacerlos irreconocibles’.

A ésto, añade Espino Barahona: ‘Una determinada fotografía o imagen, puede ser utilizada, depende de los fines del grupo que la aproveche, para satisfacer sus intereses; ya sean justos o espúreos... Esta gente dice: ‘el que tiene el poder de la tecnología o de la técnica manipula la realidad y con eso puedo sumar votos o restar votos’. Mediante los signos, manipulo la parte emocional de la gente y puedo ayudar a cambiar las ideas que tiene la gente sobre la realidad’.

Barría, además, comenta: ‘Es obvio que los fundamentos semióticos se ejercen en esa emisión de mensajes que es la campaña política, mensajes que son productos surgidos luego del estudio que hacen expertos o asesores de campaña, quienes se encargan de manejarlos para que surtan el efecto deseado entre el público, al que pretenden embelesar’.

Para dar un ejemplo, el ganador del Premio Miró, dice: ‘La sonrisa es el principal signo que se esmeran en exponer los políticos, porque, aunque duele decirlo, como sociedad hemos aprendido que ser ‘popular’ es elemento sine qua non del administrador público... Lo que se vende en primer lugar es la sonrisa abierta que anuncia que el retratado es sociable, a lo mejor manirroto, dispuesto siempre a escucharnos y a ‘resolvernos’...’.

UN ASUNTO DE ÉTICA

Dice Erasto Espino Barahona que el recurrir al Photoshop o ángulos fotográficos que destaquen los atributos de un candidato es algo cuestionable, pues, opina, ‘si quieres mejorar tu imagen, ve al cirujano plástico o al gimnasio, pero no recurras al retoque, porque está manipulando la realidad para crear algo que no existe. Estás engañando a la gente vendiéndole a las personas algo que no existe como si fuera de verdad. La trampa está mal, de esa forma, no construyes una nación. Ninguna sociedad democrática con base sólidas se construye desde la mentira, el ocultamiento o la manipulación’.

Ariel Barría, lamenta que ‘los políticos populistas, aparte de que nos han hecho creer que la política es sucia por antonomasia, por lo que quien desee mantener sus principios en alto más le vale alejarse de ese tinglado, también nos han inculcado con mucha efectividad que es ‘normal’ que un candidato se venda con las mismas estrategias de mercadeo que se emplearían para vender un detergente... Para promocionarse, estos ‘conocidos’ no dudan en apelar a eslóganes, jingles, discursos prefabricados, presencia mediática constante para mostrar que estamos ante un aspirante ‘moderno’ y ‘actualizado’, y a todo esto se suma lo tradicional: besar al niño sacado de brazos de una madre humilde, abrazar a ancianos, dejarse ver en actividades populares vestido con ropa gastada y zapatos enlodados, etc. En suma, impera la banalización del mensaje político, y se acepta que todo es válido para ganar un voto’.

TODO SE VALE EN POLÍTICA

El sociólogo y coordinador del programa Flacso Panamá, Enoch Adames, considera: ‘La imagen en política es todo aquello que un candidato desea comunicar sobre sí mismo con la intención de persuadir al elector que vote por él. La imagen es una construcción sometida a las reglas del mercadeo, y sirve de soporte para trasmitir y sostener un discurso implícito o adscrito a su imagen. La construcción de la imagen pública generalmente tiene tres componentes: instalar dentro del universo cotidiano de los electores el conocimiento del candidato, lograr una percepción de candidato ganador, e incrementar las expresiones de preferencias del candidato. La imagen es una construcción artificiosa que potencia virtudes del candidato ocultando defectos tanto físico como morales. Sin embargo, esta comunicación es básicamente mercadotécnica, y como la imagen es percepción, no es como él es en realidad. Ella está construida de acuerdo a la reglas de la publicidad y los estudios de la población objetivo: importancia de la envoltura, presentación, coherencia, claridad, tono de los mensajes y constancia accesibilidad, etc’.

Francisco Blanco, docente universitario, tiene una mirada distinta y comenta: ‘esta pregunta no es tan simple como decir sí es válido o no es válido. ¿Cómo debe presentarse un candidato en su imagen? Obviamente todos cuidamos nuestra presentación de acuerdo a la actividad en la que vamos a participar, es distinto ir a disfrutar un día de playa en familia o con amigos a participar de una boda. En este último caso la vestimenta, el aseo personal y hasta ciertos retoques de belleza, si no son exagerados, son perfectamente válidos... Yo no llegaría a ese extremo de decir que es un engaño, incluso yo me inclino por decir que no es ninguna falta a la ética. Para mí, y eso podría ser significativo y hasta determinante a la hora de decidir mi opción, más bien se me estaría desenmascarando como una persona tremendamente superficial cuya importancia a lo externo, a la sola imagen, es tan desproporcionada que dudaría de su capacidad de hacer frente y responder con planteamientos profundos a los graves problemas que nos aqueja como sociedad. Y si esto desenmascara la superficialidad que pueda tener un candidato, también nos debe hacer pensar sobre la madurez del pueblo elector si la sola imagen atrayente de un candidato es la que determina el color del voto que emita.

EL RIESGO

Más allá de si es válido o no que un candidato modifique su imagen, Enoch Adames analiza al respecto: ‘La imagen es una especie de registro público de las características que identifican al candidato electoral. En la imagen se condensa una visión compartida que estimulada vía exposición en medios masivos, producirá una respuesta colectiva orientada a apoyar al candidato objeto de la campaña. En ese sentido, las campañas políticas electorales focalizan su atención en el individuo más que en programas o estructuras partidarias. Al exaltar los liderazgos personalistas, se minimiza el papel de las propuestas programáticas y se avanza en un proceso de construcción cultural donde las instituciones quedan subordinadas a la intervención personal del ‘líder’. Al final del camino se instala en el imaginario colectivo la figura del ‘líder excepcional’ como elemento central en la vida pública del país. Nada de esto contribuye a cimentar una cultura reflexiva y crítica en el ciudadano panameño’.

Ariel Barría considera que ‘como población que elige a sus gobernantes, lo ideal sería que estimásemos más la contextura integral del candidato, su trayectoria, sus proyecciones y, conjuntamente con eso, sus propuestas y la calidad de estas, para tener estadistas que enaltezcan el cargo para el que fueron elegidos. Pero nos han encaminado como sociedad, y lo hemos permitido, por un desvío que nos va alejando cada vez más de esos ideales. Y llegará el día en que ya no sabremos volver al camino dejado atrás’.