22 de Feb de 2020

Nacional

La patria rota

La tricolor que puso en jaque a un imperio ha sucumbido ante el abandono.

La bandera que los mártires del nueve de enero de 1964 protegieron de la represión de la policía canalera no flamea en lo alto del Cerro Ancón. Sus colores no engalanan la fachada de oficina pública alguna. No está guardada en una urna climatizada en un museo, aunque debería. Reposa en una urna ubicada en la entrada del Aula Máxima del Instituto Nacional, deshilachada y olvidada. Su rojo y azul opacados por el paso de los años, su tela vuelta jirones. Su cuerpo -desgarrado por la policía militar ‘zonian’- es asaltado ahora por los hongos. La desidia ha hecho festín sobre sus restos, sobre los despojos que quedan de la bandera que la juventud panameña utilizó para desafiar a la nación más poderosa del mundo, cambiando la historia de un país en una sola tarde. ‘Esto es obra de nosotros los panameños, si está afectada por los hongos y los insectos microscópicos es debido a cuidados y manejos inadecuados’, precisa Benajmín Rimsky Sucre, quien hace cuatro meses asumió el cargo de presidente de la ‘Asociación Instituto Nacional – Generación de 1964’. Esta entidad es una de las asociaciones civiles que recientemente han hecho hincapié en la necesidad de iniciar un proceso de preservación de lo que se ha convertido en una pieza histórica. Agrupaciones como ‘El Colectivo’, una organización que realiza protestas sociales a través del arte, han propuesto la realización de una ‘banderotón’ con el propósito de reunir los fondos requeridos para concretar esta delicada tarea.

Sin embargo, a pesar del interés de estos grupos, nadie sabe a ciencia cierta si, dado el avanzado deterioro de la misma, es posible restaurarla por completo. Ni cuánto costará hacerlo. Ni tampoco a qué entidad gubernamental le corresponde esta tarea. Algunos señalan al Ministerio de Educación (MEDUCA), otros al Instituto Nacional de Cultura (INAC).

Mientras no se resuelve este debate, la bandera sigue esperando, bajo una urna resguardada apenas por dos candados herrumbrosos, con el ocre del tiempo tiñendo lo que otrora fuera un blanco impoluto.

ROJO SANGRE

La primera vez que esta bandera entró en los anales de la historia panameña fue en 1947, cuando el entonces rector del Instituto Nacional, José Dolores Moscote, autorizó a un grupo de estudiantes a sacarla del recinto académico para emplearla en las protestas callejeras que se dieron en repudio al convenio Filós Hines.

Aunque, según el historiador Alvaro Menéndez Franco, la bandera salió ilesa de los choques entre los protestantes y la caballería estadounidense, su tela se tiñó de sangre. Durante la trifulca, en los alrededores de la Catedral Metropolitana, cae herido Sebastián Tapia, uno de los ‘aguiluchos’ que había salido a las calles aquel día, con un balazo en su columna vertebral. Para evitar ser interceptados por la caballería mientras lo trasladaban al Hospital Santo Tomás, otros manifestantes lo arropan en la bandera institutora.

La tricolor no saldría intacta de su segunda participación en una gesta nacionalista. El 9 de enero de 1964, después del recreo, Benjamín Rimsky Sucre y otros alumnos del ‘Nido de àguilas’ recorren los salones del colegio reclutando compañeros para lo que hasta ese día parecía impensable: entrar con la bandera en la Zona del Canal con el propósito de izarla en un asta.

Al menos desde el punto de vista legal, las intenciones de los ‘aguiluchos’ estaban amparadas en un acuerdo firmado entre los presidentes John F. Kennedy y Rodolfo Chiari, que establecía que el pabellón panameño debería ser izado junto al estadounidense en ciertos sitios de la Zona del Canal, a partir del primero de enero de 1964. Sin embargo, los ‘zonians’ no solo habían incumplido con lo pactado entre los dos presidentes, sino que también habían realizado protestas en las que se burlaban de la bandera istmeña.

Cargando la bandera que les había entregado el rector Dídimo Ríos, un grupo de entre 150 y 200 estudiantes llegaron a los predios del Balboa High School con el sueño de ver la bandera de su patria y de su escuela ondeando a la par de la estadounidense. Sin embargo esto no fue posible. La policía militar sólo dejó pasar a una delegación de seis ‘aguiluchos’. Debido a que la otra asta había sido serruchada, no se les permitió bajar la bandera estadounidense para izar la suya. A pesar de todo, los jóvenes panameños no se amilanaron y comenzaron a entonar el himno nacional. La reacción ‘zonian’ no se hizo esperar. Entre forcejeos y toletazos propinados por la policía militar, la bandera es rasgada.

Lo que vino después es historia patria. La represión estadounidense ante las protestas que se desataron en la ciudad y en otros puntos del país fue tal, que el presidente Chiari llegó al punto de romper relaciones con los Estados Unidos. Del lado panameño hubieron 22 muertos. Las muertes no fueron en vano. En 1977 el presidente Jimmy Carter firmó junto al general Omar Torrijos un tratado que con los años le devolvería a la nación panameña la soberanía sobre todo su territorio.

¿INTERÉS TARDÍO?

El presidente de la ‘Asociación Instituto Nacional – Generación de 1964’ todavía recuerda el dolor que sintió aquel día, hace aproximadamente ocho años ya, cuando él y otros miembros de esta organización visitaron la Junta Comunal de Ancón y encontraron la bandera que cargaron más allá de las cercas que resguardaban la Zona del Canal en una caja.

La bandera de los mártires retornó al ‘Nido de águilas’. Fue puesta en una urna de madera. A pesar de haber sido sellada con silicona, esto no la ha protegido de la acción del tiempo y de los elementos, que la han reducido a mohosos jirones.

En el 2003 el desaparecido restaurador norteamericano Anton Rajer -que vivió en Panamá durante varios años y que realizó trabajos de restauración en el Palacio de Gobierno y en el Teatro Nacional- se ofreció para ‘coser manualmente todas las fibras de la bandera para así poder salvarla totalmente’. Puso a disposición sus servicios y vasta experiencia por la suma de cinco mil dólares. Lamentablemente se quedó con las ganas de restaurarla. El pasado administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), Alberto Alemán Zubieta, le comunicó a Rimsky Sucre que no había fondos para restaurarla.

Hoy en día, cuando falta poco más de un año para la celebración de los 50 años de la gesta del 9 de enero de 1964, parece ser que la carrera por salvar la bandera ha iniciado. Rimsky Sucre asegura que existe ‘una orden de la junta directiva de la ACP’ para comenzar el proceso de restauración. Una funcionaria de la ACP confirmó que el actual administrador de la vía interoceánica, el ingeniero Jorge Luis Quijano ha expresado interés en este proyecto, si bien es imposible que la bandera recobre su aspecto original, debido a que ‘está vuelta hilachas’.

Para determinar hasta que punto es posible una restauración completa, técnicos especializados del Museo del Canal Interoceánico fueron comisionados por la ACP para realizar exámenes a la bandera sin extraerla de la urna, ya que Rajer había advertido previamente que esto podría ocasionar daños irreparables en la ya maltratada tela.

Lineth Suira, de la oficina de relaciones públicas del museo, señala que los estudios todavía se encuentran en una fase preliminar, por lo que los resultados todavía no pueden ser divulgados.

Sin embargo, Rimky Sucre comenta que, en reuniones que ha sostenido con el personal técnico del museo, éstos le comunicaron que ‘analizaron la luz, la humedad del ambiente, la ubicación, etc, y llegaron a la conclusión de que como se encuentra la bandera actualmente no se va a poder restaurar pero si conservar para que no se siga deteriorando’.

¿Si durante la pasada administración de Zubieta se hubieran destinado fondos para atender la solicitud de la ‘Asociación Instituto Nacional - Generación 1964’ se habría podido proceder a tiempo para restaurarla? Maricarmen Sarsanedas explica que para que la ACP invierta en un proyecto el mismo debe estar contemplando en el presupuesto del año anterior, y que la iniciativa para rescatar el pabellón de los aguiluchos todavía está una ‘fase de estudios’.

Para el autor Ricardo Arturo Ríos, ex alumno del Instituto Nacional, resulta inconcebible que en la ACP aseguren que no hay presupuesto para la bandera, ‘cuando cada año se gastan miles de dólares en un temporada artística de verano’. ‘Gracias a la juventud panameña, el señor Alemán Zubieta fue uno de los beneficiados con la compañía Constructora Urbana S.A. (CUSA), un negocio de su familia que forma parte del Consorcio Unidos por el Canal, encargado de la ampliación de la vía interoceánica’. Antes de asumir el cargo de administrador de la ACP Alemán Zubieta renunció a la presidencia de CUSA.

De concretarse los trabajos de preservación, para lo cual el Museo del Canal Interoceánico se encuentra realizando diligencias con diferentes entidades y museos en América Latina, en la ACP advierten que la bandera deberá colocarse en una ‘vitrina especial para colocar artículos de colección y de importancia histórica y que reúna la condiciones climáticas requeridas’. Este tipo de vitrinas es fabricada por una empresa en Alemania.

Si bien Sarsanedas advierte que todavía no hay nada concreto con respecto a esta iniciativa, la misma ha venido a frenar los planes de ‘El Colectivo’ de organizar a una ‘banderotón’. Un miembro de esta organización señaló que Rismky Sucre había conversado con ellos para que no continuarán con esta recaudación de fondos, ya que esto podría ‘dar la impresión de que se estaba presionando a la ACP’. Ellos calculan que harían faltar recaudar entre 40 y 50 mil dólares. Para Rimsky Sucre la cifra mínima que se requiere es de 100 mil dólares. ‘Si de aquí a seis meses no se ha resuelto este tema, haremos la banderotón. Es urgente que esta situación se resuelva, ya que en la medida que la gente conozca su historia afirma su identidad’, expresó el integrante de este grupo, que solicitó reservar su identidad.

Mientras tanto el tiempo pasa. Y el pabellón continúa en su caja de madera y metal en el ‘Nido de águilas’, pudriéndose sin remedio. ‘La bandera del 9 de enero de 1964 es un monumento histórico, por lo que su preservación es responsabilidad del INAC’, enfatiza Menéndez Franco. Durante dos días consecutivos se intentó consultar al subdirector del INAC, Raúl Castro Zachrisson, acerca de la posible restauración de la bandera, pero no respondió a los mensajes que se le dejaron en la sede de esta institución.

Para el historiador a la tricolor que entró desafiante en el enclave norteamericano se le debería dar el mismo trato que a otros monumentos nacionales, como es la bandera de 1904 y los bustos de los próceres que se encuentran en la Plaza de Francia. La sangre de los mártires así lo reclama.