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19 de Jan de 2021

Nacional

Victoriano Lorenzo, el general de los oprimidos

El traje de dril amarillo de Victoriano lo hacía sobresalir entre la escolta que lo acompañaba al salir de la prisión

Victoriano Lorenzo, el general de los oprimidos
Victoriano Lorenzo, el general de los oprimidos

Han pasado 112 años, pero el dramatismo de aquella jornada sigue vivo. Aquel 14 de mayo de 1903 el Consejo de Guerra condenó a Victoriano Lorenzo a ser fusilado. La sentencia se cumpliría ese mismo día, a las 5:00 p.m. Cerca de tres mil personas, entre hombres, mujeres y niños, se congregaron en la Plaza de Armas de Chiriquí (hoy, Plaza de Francia) para presenciar el fusilamiento.

El traje de dril amarillo de Victoriano lo hacía sobresalir entre la escolta que lo acompañaba al salir de la prisión. Se dirigía al patíbulo sin dejar de marcar el paso que le marcaba el redoble del tambor. Ya frente al pelotón, pronunciaría unas breves palabras: ‘Señores, oíd una palabra pública: ya sabéis de quien es la palabra. Victoriano muere... yo muero como murió Jesucristo'.

El hombre, corto en estatura pero inmenso en coraje, se enfrentaría al murmullo de la multitud, que proclamaba al unísono su inocencia. Dos presidiarios lo amarraron al banquillo, pero no se dejó vendar. Su pálido rostro se mantuvo inexplicablemente sereno frente a las maniobras de los soldados.

Cuando sonó la primera descarga, un grito de horror se escapó de todos los pechos. Victoriano se sacudió e inclinó hacia la derecha. La segunda descarga siguió inmediatamente. Su cuerpo quedó inerte. Muchas mujeres se desmayaron, otras daban gritos, los niños lloraban y los hombres se miraban unos a otros aterrorizados.

EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA

Victoriano era un pequeño comerciante y productor agrícola de la región de Penonomé, cabecera de la provincia de Coclé. A estas labores se dedicaba, cuando sostuvo un altercado con un colombiano pendenciero, en disputa por la jurisdicción de los distritos comunitarios del Cantón de Coclé. Es condenado a varios años en la cárcel de las Bóvedas en la ciudad de Panamá, donde aprendería y fortalecería su carácter de líder natural, que encabezaría la rebelión de los campesinos de las etnias nobe y buglé.

Para ese entonces, las tierras se encontraban en un proceso de acaparamiento por parte de terratenientes ganaderos. Eran labradíos dedicados a la subsistencia, administradas por el estado colombiano. La crisis de finales de siglo XIX intensificó la oposición al régimen por parte de los liberales y los conservadores disidentes.

En 1899 se desencandenó un nuevo conflicto civil, el cual se prolongaría por casi tres años, contribuyendo indirectamente a la pérdida de Panamá por parte del gobierno colombiano.

Su amistad con Belisario Porras y Carlos A. Mendoza condujo a Victoriano a la primera invasión al Istmo, como auxiliar para el transporte de armamento. Porras le otorgó el grado de capitán. Los cholos coclesanos ofrecieron su asistencia después del combate de La Negra Vieja (junio de 1900), pero al darse cuenta de la derrota liberal en el Puente de Calidonia (julio de 1900), Victoriano y su gente retornaron al Cacao.

Con base guerrillera en las montañas de Coclé, Victoriano sometería a las poblaciones de Penonomé, Antón, La Pintada, Chica, Natá, Aguadulce, y Río Grande. A mediados del 1902 Porras regresaría desde Costa Rica conformando un Estado Mayor, e iniciando la segunda etapa final de la guerra en Panamá (septiembre-octubre). Se le confirió a Victoriano el grado de General y Jefe de Operaciones Militares. Con mejor armamento y organización sus hombres atacaron el puerto ‘El Gago', fortaleciendo sus acciones en Penonomé y otros poblados, desde su campamento en La Negrita, enclavado en las serranías coclesanas.

EL GENERAL LORENZO

En 1901 los hombres de Victoriano se reunirían con el ejército liberal del colombiano Benjamín Herrera. Nacería así el nuevo Ejército Unido del Cauca y Panamá. Entre los jefe militares destaca Victoriano, que es ascendido a General de la Séptima División del Ejército Unido del Cauca y Panamá, mientras Porras, Mendoza y Morales pasarían a ser asesores políticos.

Luego de victorias en Azuero y Chiriquí, los liberales vencerían a los conservadores a principios de marzo de 1902. Este manejo de la guerra provocaría una disputa entre Porras y Herrera, llevando a un juicio en el que se condenaría a Porras a morir fusilado. Sin embargo, sería rescatado por Victoriano y sus compañeros, encontrando refugio en Costa Rica.

Frente a las costas, el Almirante Padilla vencería a la flota conservadora, reforzando el cerco al enemigo. Agobiados por el hambre, al no poder recibir provisiones vía marítima desde Panamá, los conservadores finalmente se rinden el 17 de agosto. Entre los vencidos se cuentan 13 general, 3 mil 600 soldados y 500 oficiales. La guerra parecía llegar a un final precipitado por la recesión económica.

En medio de la conflagración los gobiernos de Teodoro Roosevelt y José Manuel Marroquín negociarían el Tratado del Canal. A finales de septiembre de 1902, el vicealmirante estadounidense William Casey enviaría cartas a Herrera y Salazar para negociar la paz en su buque de Wisconsin.

La presión naval surgiría el efecto deseado. El general Herrera negociaría la paz con el ministro Alfredo Vásquez Cobo y el resto de la delegación colombiana. Luego de discutir los términos de la amnistía, la paz, y otras garantías se firmó en el buque de guerra Wisconsin, un tratado el 21 de noviembre de 1902, prontamente violado por los conservadores.

Existen versiones encontradas sobre como reaccionó Victoriano ante la paz. La versión más aceptada sostiene que estaba celebrando con sus compañeros, mientras esperaba órdenes de marchar a Panamá. Es entonces cuando recibe la orden de rendirse ante los conservadores. Pero los conservadores, cuyas filas estaban integradas por ganaderos, gamonales, aristócratas y terratenientes afectados económicamente por la guerra, deciden enseñarse contra Victoriano y los cholos.

Los militares del gobierno conservador aspirarían a vengarse de las derrotas sufridas a manos de los ‘cholos' y su jefe. Esto enfureció a Victoriano, quien se retiraría junto a sus hombres a La Negrita.

Al día siguiente se despachó el buque ‘Panamá' con tropas estadounidenses, y oficiales colombianos liberales quienes siembran la desconfianza entre Victoriano y parte de su Estado Mayor en relación con el tratado que acababan de firmar.

El general Benjamín Herrera y los liberales colombianos deciden finalmente entregar a Victoriano y a sus jefes guerrilleros a las autoridades conservadoras, quienes lo excluyen de la amnistía, acusándolo de provocar motines contra los tratados de paz. El general Lorenzo moriría traicionado por su propio partido, acusado de ‘la comisión de varios delitos durante la contienda civil armada en el Istmo'.

Así registraría la noticia el diario La Estrella de Panamá , que aparecería encabezando un grupo de gacetillas que retrataban la vida de la sociedad panameña de la época. Su muerte es descrita en tres párrafos, escamoteada entre la frivolidad. Pero los ideales que impulsaron su lucha siguen vigentes.

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TESTIMONIOS

Las últimas horas de un caudillo

Victoriano Lorenzo es detenido junto a algunos de su jefes el primero de diciembre de 1902, abriéndoles un proceso judicial sustentado en acusaciones falsas. El 13 de mayo de 1903 arriba a Panamá el jefe del Estado Mayor del Ejército Colombiano, Pedro Sicard Briceño, transitoriamente nombrado comandante militar de los departamentos de Bolívar y Panamá, quien al día siguiente ordena celebrar juicio verbal contra Victoriano en Consejo de Guerra.

El episodio es recogido por el profesor univesitario Humberto Ricord en la obra La guerra de los mil días : ‘El reloj marcaba la 1:00 p.m. cuando se fijaron los carteles en que se dio a conocer la noticia al público; a las 2:00 p.m. estaba constituido el Consejo. A las 8:30 a.m. del 15 de mayo se había pronunciado la sentencia de muerte y a las 5 p.m. Lorenzo era un cadáver destrozado por treinta y seis balas que le dispararon doce rifles, a diez pasos de distancia'.

Victoriano Lorenzo

‘ Señores, oíd una palabra pública: ya sabéis de quien es la palabra. Victoriano muere... yo muero como murió Jesucristo',

GENERAL DEL EJÉRCITO LIBERAL