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04 de Mar de 2021

Nacional

Las ‘roscas' universitarias y el fraude

Las esposa de Carlos Ivan Zuñiga recuerda las elecciones universitarias del ‘68

En diciembre de 1968 se celebraron las elecciones para elegir un nuevo rector en la Universidad de Panamá. Los principales candidatos eran mi esposo, Carlos Iván Zúñiga Guardia y Bernardo Lombardo, quien hasta ese momento era el rector en licencia. Las elecciones se celebraron en el marco de los acontecimientos históricos de 1968, una etapa muy álgida para el país. Casi dos meses antes, se había iniciado la dictadura militar con el golpe del 11 de octubre de 1968. La fuerza joven estaba representada por mi esposo, que en ese entonces contaba tan sólo con 42 años de edad, y Lombardo representaba a la ‘rosca' universitaria.

Zúñiga, como académico preparado, deseaba brindar todos sus conocimientos a la juventud de su patria. Era egresado de la Universidad de Panamá, la Universidad Nacional de Chile y la Mayor de San Marcos de Lima, Perú. Tanto él como yo habíamos comenzado nuestra carrera en la Universidad de Panamá muchos años antes, y siendo los dos estudiantes fuimos miembros del Consejo General Universitario en la época en que se discutía la primera reforma universitaria durante el periodo de Octavio Méndez Pereira. Y posteriormente, después de graduados en la Universidad de Panamá, fuimos profesores agregados y al regreso del exterior con los doctorados, profesores titulares. Por ello, en esta ocasión quiero hacer historia del por qué nos interesa tanto la vida universitaria y la importancia que ella tiene en toda la historia patria.

La campaña electoral universitaria en ese año (l968) estuvo llena de persecución y encono. Algunos profesores, por motivos inconfesados, traicionaron la amistad y se fueron con la ‘rosca' universitaria, que en aquel entonces, como la de ahora, estaba enquistada en la Colina y era prácticamente imposible de combatir. Fue una campaña donde a mi esposo lo trataban de descalificar tildándolo de político, como si eso hubiera sido un delito, sin embargo, sus detractores no reconocían sus dotes de académico y educador.

Llegó el día de las elecciones, que se celebraron el 5 de diciembre de 1968 en el antiguo Auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Las urnas se cerraron y se inició el conteo de votos, presidido por el profesor Lasso de la Vega y con la presencia del rector encargado Julio Pinilla. El respaldo de los estudiantes a la candidatura de Carlos Iván era mayoritario y sorprendentemente una gran cantidad de profesores se sumaron a su propuesta, lo que tenía nerviosos a los miembros de la ‘rosca' que ejercían presión sobre ellos. Pero todavía quedaba ver el resultado final.

Nos encontrábamos sentados entre el público universitario, profesores y estudiantes y la efervescencia de nuestro grupo era la propia de los que se sentían triunfadores a medida que se iba dando el conteo de los votos. Yo, como profesora de la UP, estaba sentada a la izquierda de mi esposo, viendo el desarrollo del conteo. A lado mío estaba el estudiante Diez, quien era alumno de Derecho y curiosamente matemático. Él llevaba al detalle la contabilización de cada voto.

Cuando se escrutó el último voto, Diez le indicó a mi esposo: ¡Doctor, usted ha ganado por dos votos! En el Auditorio todos los presentes llevaban la cuenta y sabían que el resultado era favorable a Carlos Iván Zúñiga, tanto así que la masa lo levantó en peso y lo llevaron en hombros a la mesa principal para que fuera declarado como rector electo. Llegó a la tarima en medio del tumulto y la alegría reinante del grupo que nos apoyaba, cuando de la nada y de repente, salió la voz del profesor Lasso de La Vega, que gritaba: ¡No, si el que ha ganado no es Zúñiga, el que ganó fue el profesor Lombardo!

En medio de la confusión y la perplejidad que causó esa aseveración, al mirar el tablero donde aparecían los votos escrutados, se vio claramente el fraude que pretendían perpetrar. En dicho tablero aparecían más votos que electores. La gente se enardeció ante la ruindad de los personeros de la ‘rosca'. En ese momento apareció el hermano del candidato Lombardo y arrebató la urna y regó por el piso los votos. Las pasiones se desbordaron y recuerdo que el estudiante Rafael Rodríguez propinó una trompada al hermano del profesor Lombardo y se formó un forcejeo. Los estudiantes gritaban que había que ir a la residencia del rector Lombardo, ubicada precisamente muy cerca, en Pasadena, para protestar ante ella y seguramente apedrearla.

Mi esposo tomó el micrófono y apaciguó los ánimos y dijo que él no sería rector si existía alguna duda sobre su triunfo y la única manera de que las dudas se disiparan era celebrando nuevas elecciones, porque ya la urna había sido destruida y no quedaba otra solución. Julio Pinilla, rector encargado, aceptó esta recomendación y convocó a nuevas elecciones. Sin embargo al día siguiente Lombardo se auto proclamó ganador y la ‘rosca' se sintió triunfante pensando que se perpetuaría en el poder.

En los días posteriores, siguieron las protestas, en las que mi esposo participó con todos sus votantes, pero el día viernes 13 de diciembre tuvo que viajar a Chiriquí por un trabajo jurídico urgente de contrato colectivo con los trabajadores de la bananera, asunto que no pudo lograr porque ese mismo día fue tomado preso, allá en David, y enviado a la Ciudad de Panamá al mediodía, en un carro Volkswagen blanco, esposado con sus brazos hacia atrás y, en la tardecita, la Universidad de Panamá fue atacada con tanquetas de la Guardia y cerrada por mucho tiempo. Recuerdo que en la desesperación de los universitarios, un estudiante llamó a mi casa preguntando por mi esposo, y yo, triste y preocupada, le dije: ‘el Doctor Zúñiga está preso, pero no sé su paradero'. Él inmediatamente colgó el teléfono. Mi esposo fue prisionero por tres meses, se dijo que por ‘Seguridad del Estado'. La Universidad no tuvo paz, fue intervenida por la dictadura militar, mancillando su autonomía y se mantuvo así hasta que se abrió, militarizada, con una cerca de ciclón y con unos profesores sin ninguna libertad de cátedra y más aún, sin ninguna vergüenza personal. Pasó mucho tiempo para que se lograra esa libertad. Hoy la vida universitaria adolece de muchas de esas funestas costumbres. La universidad es una lástima: se encuentra dividida y sólo los buenos y decentes iluminan con su sabiduría la primera y única casa de estudios nacional. Sólo los buenos hijos podrán adecentarla.

Ahora se aproximan nuevamente las elecciones a rector en la Universidad de Panamá. Otra vez tenemos una ‘rosca' universitaria enquistada en la Colina. Han sido muchos años de prebendas, canonjías y desgreño administrativo. Tanto es así que la institución, sus profesores, administrativos y estudiantes, claman por un cambio. Este cambio sólo lo representa el profesor Eduardo Flores Castro, quien ya fue candidato hace tres años y triunfó voto a voto, pero por las triquiñuelas del sistema de voto ponderado no pudo obtener el cargo. Los otros candidatos, todos, en las elecciones pasadas, no apoyaron el cambio; ellos apoyaron el continuismo del rector saliente y su ‘rosca' universitaria.

De estos otros candidatos sólo hay un ungido por dicho rector saliente. Las otras candidaturas se han dado para crear disturbios, confundir y para dividir el voto que busca el cambio. Esto se puede prestar para crear el caos preelectoral que hemos visto en las noticias, como para arbitrariamente suspender las elecciones por decisiones extrañas del organismo electoral o el fraude de las elecciones a rector. No nos llamemos a engaño, al final, de manera solapada o no, estos candidatos se plegarán a una sola candidatura, la del ungido, la del continuismo. Así actúa la ‘rosca' universitaria.

Se conocen todo tipo de fraudes antes y durante las elecciones, todos se practicarán. Cuando una candidatura es sólida como la de Flores, estos fraudes son en vano. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con el organismo electoral que es parte de la ‘rosca'. Desde ahí se puede viciar toda la contienda, como ocurrió el 5 de diciembre de 1968. Por eso hay que estar vigilantes del proceso electoral y cuidar el voto. Consideramos que los estudiantes deben incorporarse más activamente a la campaña. La juventud debe pedir el cambio que la UP requiere. Exhortamos al Movimiento de Renovación Universitaria, que postula la candidatura de Eduardo Flores Castro, que redoble esfuerzos, que denuncie cada alteración al proceso electoral y las actitudes que asuma el organismo electoral que, repetimos, es parte de la ‘rosca'.

Así, el día de las elecciones hay que mantenerse vigilantes, a cuidar el voto y no olvidar que el fraude está en el sistema en sí y cuando hay fraude, el mismo día de las elecciones se acaba de consumar. Nada de triunfalismos, porque en la distracción está el peligro.

No queremos que la historia se repita y la Universidad de Panamá sufra algo parecido o peor a lo de 1968, por culpa de la insensatez de la ‘rosca', que llevó en aquel entonces a que la Universidad de Panamá tuviera un retroceso, que perdiera su autonomía y la libertad de cátedra, postulados más preciados, por los que siempre luchamos los universitarios. Hay que conjurar los males para que la historia no se repita en perjuicio de nuestra Universidad de Panamá y por ende en perjuicio del país.

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‘No queremos que la historia se repita y la Universidad de Panamá sufr algo parecido o peor a lo de 1958, por culpa de la insensatez'