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11 de May de 2021

Nacional

Josué Vanegas y la tuba, un amor a segunda vista

En un país donde la cultura no es prioridad, talentos como el de este tubista se desarrollan entre la precariedad y la improvisación, venciendo así las adversidades impuestas por un medio hostil

Las carteleras de cine y las filmotecas están repletas de dramas y comedias románticas que cuentan historias en las que sus protagonistas quedan perdidamente enamorados a primera vista. Nos narran sobre ese amor desenfrenado, capaz de hacernos cometer las más grandes locuras en su nombre.

Al principio las cosas no me salían y tampoco las entendía, pero ensayaba hasta el cansancio. De tanto practicar no me di cuenta cuando me encariñé',

JOSUÉ VANEGAS

INTÉRPRETE DE TUBA

Pero esta historia no es sobre un amorío de esa índole. Josué Vanegas no se enamoró de su instrumento musical -la tuba- a primera vista. De hecho, fue un proceso largo y más bien impuesto. Sin embargo, aunque este amor no es nada loco ni irracional, tiene aún más profundidad y alcance que los largometrajes producidos en Hollywood.

A pesar de su timidez, de su vestir ordinario y la sencillez en su trato y lenguaje, hoy por hoy, a sus escasos 28 años, Jesús Vanegas es uno de los mejores tubistas de América Latina. Es un músico destacado de la región y que ha representado a Panamá en los más competitivos escenarios de la música internacional.

Vanegas ha decidido romper paradigmas en el mundo de la música. Se estrenó hace un año como profesor de la incipiente cátedra de tuba en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá. Él, como muchos panameños, han logrado sobresalir por su tenacidad y por medios propios.

RAÍCES

Vanegas creció y vivió en el norte de la ciudad capital, específicamente en San Pedro, considerado uno de los barrios más peligrosos del corregimiento de Juan Díaz. Sus estudios secundarios los realizó en el Instituto Fermín Naudeau. Fue precisamente en esta etapa de su vida en la que se involucra con la música, llegando a familiarizarse con la tuba.

El sueño de Josué, como quizá el de muchos jóvenes estudiantes, era pertenecer a la banda de música de la escuela. Muchos como él aspiran a desfilar en noviembre, saludar al presidente y aparecer en televisión. Motivado por la música y por la popularidad de la que gozan los intérpretes, se presentó a las audiciones.

Solo existía una condición que lo separaba de la posibilidad de concretar su anhelo: debía aceptar ejecutar el instrumento que le impusieran. ‘En el caso de la tuba, en las bandas de música no es un instrumento que a primera vista llame mucho la atención. No es que la gente llega y dice: -ay, yo quiero tocar la tuba porque es el instrumento que me encanta-. Generalmente es la última opción de las personas', destaca Vanegas.

Pero, como todo estudiante primerizo en la escuela, deseoso de aceptación y en busca de vínculos con su recinto educativo, le tocó acatar las órdenes de los compañeros de años superiores y aprender a tocar, con destreza, la tuba. ‘En ese momento yo no tenía ni idea qué era una tuba y fue chistoso porque cuando me enseñan el instrumento por primera vez lo asocié con el de las cómicas. Y ni modo, para poder quedarme en la banda tuve que aprender a tocarla, a enamorarme de su sonido y sobre todo a manejar su peso', contó en medio de risas el profesor.

La necesidad de aprender a tocar la tuba para permanecer en la banda de música, junto con su característica nata de ser detallista lo llevó a perfeccionar su técnica con el paso del tiempo. ‘Al principio las cosas no me salían y tampoco las entendía, pero ensayaba hasta el cansancio. De tanto practicar no me di cuenta cuando me encariñé', expresó el músico en un tono romántico.

DEL PASATIEMPO A LO PROFESIONAL

Fue en el 2008 cuando Vanegas decidió dedicarse a la música y ejecutar, ahora profesionalmente, la tuba. Al llegar el 2009 logró entrar, luego de una reñida audición, al programa de etapa básica en la Universidad de Costa Rica (UCR), reconocida por formar a músicos de categoría mundial. ‘En ese instante tuve la madurez para entender que si uno quiere perfeccionarse en la música hay que expandir horizontes. Panamá aún no tiene tradición de músicos académicos y los programas en formación musical aún son muy precarios', explicó Vanegas.

FICHA BIOGRÁFICA

Se estrenó hace un año como profesor de la incipiente cátedra de tuba en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá.

ORÍGENES

Vanegas creció y vivió en el norte de la ciudad capital, específicamente en San Pedro, considerado uno de los barrios más peligrosos de Juan Díaz.

28 AÑOS

Es uno de los mejores tubistas de América Latina, un músico destacado de la región y que ha representado a Panamá en los más competitivos escenarios de la música internacional.

El programa en formación musical en la UCR tiene una duración de ocho años (entre etapa básica y la licenciatura). Los estándares y la exigencia son grandes, y su costo (solo en matrículas) asciende a los $10 mil. Entre becas, trabajos como asistente de docentes y el apoyo económico de su madre, Vanegas pudo sufragar sus estudios. ‘La verdad yo me fui con mucha fe. Yo sabía que algo iba a pasar, algún milagro o algo, para que, sin ningún tipo de apoyo financiero, yo pudiera terminar la carrera', narró el tubista.

Las limitaciones fueron el impulso de su éxito. Vanegas se graduó siendo el promedio más alto de la Facultad de Bellas Artes de la UCR. Su nivel musical fue, y sigue siendo, reconocido por sus docentes y compañeros. El ahora profesor de la cátedra de tuba recibió en aquel entonces cuatro ofertas de becas completas para continuar sus estudios superiores en Estados Unidos, pero su compromiso con la nueva generación de músicos panameños lo trajo de regreso a suelo istmeño.

CONTRADICCIONES

Panamá es un país que se destaca por su crecimiento económico, su llamativa y lujosa infraestructura en el centro de Latinoamérica, sus coloridos paisajes, sus destacados atletas y también por los grandes artistas de sus tierras.

En distintos continentes los panameños se han dado a conocer, entre tantas razones, por los temas de Rubén Blades, el jazz de Danilo Pérez, las letras y canciones de Erika Ender y Omar Alfanno, y por los ritmos pegajosos y autóctonos que presentó la agrupación Afrodisíaco en el Festival Internacional de la Canción en Viña del Mar, Chile.

Cualquiera, desde afuera, podría concluir que Panamá es un país que destina vastos recursos a programas de formación musical y cuenta con políticas públicas volcadas a promover el arte y la cultura. Sin embargo, la realidad es diametralmente opuesta.

Del Presupuesto General del Estado para el año lectivo, que asciende a $21 mil millones 670 mil, se le asignó al Instituto Nacional de Cultura la suma total de $43 millones 369 mil. Solo el funcionamiento de esta institución utiliza el 54% del monto otorgado, es decir, que los 20 millones 132 mil restantes (46%) deben distribuirse en los programas culturales a lo largo y ancho del país.

Estos fondos posteriormente son asignados a las distintas direcciones encargadas de desarrollar los programas de diversas formas de arte: teatro, danza, pintura, literatura, escultura, música, etc. Quedan tan diluidos estos recursos que lo que se logra ejecutar resulta poco frente a la necesidad o la demanda existente.

AMOR INCONDICIONAL

Las historias como las de Josué Vanegas son más que un cliché de la superación. Son verdaderas anécdotas de pasión y entrega. Son fuentes de inspiración para quienes luchan con las mismas problemáticas y consideran en algún punto renunciar.

Vanegas empezó con un anhelo. Quizá la idea de ser uno de los mejores del continente nunca cruzó por su mente. Hoy en día, cuenta con una amplia experiencia como músico, una que lo ha llevado a lugares impensables.

Solo en el 2016 participó en los festivales Eva Lind en Saint Anton am Alberg, Austria; Soest In Harmony, Alemania; y el Italian Brass Week, Italia; esto tras obtener el primer lugar de la Competencia del Festival Internacional de Bronces, en el que tuvo que medirse con los mejores de México, Centroamérica y Colombia.

Solo una verdadera pasión podría explicar todo lo que este joven profesor ha logrado, en un país donde la música, como la cultura, no es prioridad. Donde los talentos se desarrollan entre la precariedad y la improvisación.