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06 de Jul de 2020

Nacional

Ensayo y error, las velocidades de la nueva normalidad

Cada país es un laboratorio sobre cómo poner fin a la cuarentena con mayor seguridad y eficiencia en medio del coronavirus. El mundo está en permanente consulta

EEUU ha sido uno de los territorios más golpeados por el virus. Aeropuerto de Dallas, Texas.EFE

No puede anticiparse cuándo se vencerá al Covid-19. Tampoco es posible adelantarse al mundo postcoronavirus. Gobiernos, científicos, instituciones internacionales, economistas, laboratorios de ideas y gurúes, no pueden anticipar cómo será la fase de la postpandemia. Hay quienes asocian el fin del confinamiento con el descubrimiento de una vacuna de aplicación masiva para la población.

Por cierto, no es lo mismo el desconfinamiento en islas Feroes que en Nueva York. Las Feroes, un territorio autónomo en medio del Atlántico entre Dinamarca e Islandia, fue el primero en ser declarado libre del coronavirus el pasado 22 de abril. Registró 187 contagios y ningún fallecido. No hubo trastornos mayores.

Nueva York ha estado en proceso de apertura desde la semana pasada. Este lunes reiniciaron las actividades recreativas y comerciales de bajo riesgo. También retomaron los trabajos de la construcción, fabricación de suministros a mayoristas y ventas de minoristas en tienda o a domicilio. En todas las grandes ciudades la movilidad y el transporte público son una prioridad en la estrategia de prevenir y garantizar la salud pública.

Cada país es un laboratorio sobre cómo poner fin a la cuarentena con mayor seguridad y eficiencia en medio del coronavirus. El mundo está en permanente consulta. Equipos técnicos y científicos, intensivistas y epidemiólogos, políticos, empresarios y sindicalistas, coordinan la reapertura progresiva.

Salida gradual, controlada con protocolos puntuales para cada actividad económica.

Muchos gobiernos no saldrán bien librados de este coronavirus que ha desnudado la forma de gestionar el poder y la pandemia, en una cadena de ensayos y errores a nivel global. Cada país saldrá del confinamiento así como entró.

Algunas naciones del norte de Europa aplicaron la “cuarentena inteligente” que consistió en un modelo basado en la libertad y la disciplina individual para dejar en manos de cada ciudadano la última decisión sobre el comportamiento a seguir durante la pandemia. El principio es que las naciones no funcionan si se obliga a los ciudadanos a hacer lo que saben que deben hacer.

El empresario y filántropo Bill Gates dijo la semana pasada que lo que se necesita para derrotar al nuevo coronavirus son pruebas masivas fuera de los centros de salud –tan simples de aplicar como una prueba de embarazo– rastreo de contactos de las personas que dan positivo a la infección, tratamiento efectivo y una vacuna masiva para la población.

El levantamiento gradual de la cuarentena está relacionado con la necesidad de disponer de un colchón de tiempo que permita hacerse con los soportes imprescindibles para enfrentar un rebrote de la pandemia con mayor solvencia. El tiempo ganado asegura un desempeño exitoso y permite corregir eventuales daños y afrontar críticas.

La gestión del presidente Nito Cortizo se percibe como flexible, prudente y reparadora. Moderada, sin liviandad. El país ha cambiado desde el mediado de marzo, hay otras prioridades. La nación y el mundo viven una situación muy delicada, enfrentada a un enemigo invisible que no se sabe dónde está, ni en quién anida.

Nito y su equipo sanitario, económico, financiero y político, está tomando las decisiones. En medio de momentos difíciles ha mantenido el centro político y el control de la agenda pública, desafiado por las redes sociales.

El Covid-19 es una enfermedad desconocida, que se mueve en el tiempo. Nadie sabe cuándo va a terminar –si acaso termina– porque puede regresar o repetirse un nuevo brote. Hay quienes dicen que las pandemias terminan, cuando ya no hay quienes tengan miedo a la enfermedad, cuando las personan se cansan de estar en modo pánico y aprenden a vivir con ella. Hay que darle un final clínico y un final social.

Falta la fotografía del triunfo en la batalla sanitaria contra el coronavirus. Por el momento todas las escenas están repletas de matices y la mayoría son fotogramas de películas en proceso de producción, nunca estáticas. Fuera de escena se mueven personajes que promueven diferentes proyectos. Nada está totalmente bajo control y plenamente asegurado.

Fue el canciller austríaco Sebastián Kurz quien usó por primera vez, el 14 de abril pasado, el término neue normalität. Despierta la emoción de una situación inédita lo que hace predisponer el ánimo.

La nueva normalidad se ha descrito como un entorno seguro, el asentar los pies en una meseta. No es necesariamente la evocación de imágenes de algo conocido, familiar. Cada quien puede imaginárselo como el fin del confinamiento y algo completamente nuevo. La nueva normalidad es otro mundo, que requiere otros ciudadanos, otras precauciones.

“Hegel escribió que lo único que podemos aprender de la historia es que no aprendemos nada de la historia”, dijo el filósofo eslovaco Slavoj Zizek. “Así que dudo de que la pandemia nos haga más sabios. La nueva normalidad tendrá que construirse sobre las ruinas de nuestras antiguas vidas. No somos más que seres vivos entre otras formas de vida”.

La nueva normalidad requiere prevención epidemiológica de la vida cotidiana y una preparación inteligente para enfrentar el futuro. Un futuro que no se parecerá en nada al pasado antes del actual estado de alarma y de emergencia sanitaria.