La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

El Papa en Panamá

El papa Francisco y su predilección por los presos

El viernes entrará en la cárcel de menores, convirtiendo a estos chicos panameños en normales peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud

Francisco no solo ha buscado llevar conforto a estas personas privadas de libertad sino que ha sido el altavoz de los problemas de superpoblación de las prisiones, de la falta de rehabilitación y de programas de reinserción.

El papa Francisco visita mañana el centro de cumplimiento de menores de Pacora en Panamá, donde demostrará su predilección por los presos como ha demostrado en estos casi seis años de pontificado acudiendo a las prisiones durante sus viajes a Latinoamérica.

Mañana entrará en esta cárcel de menores, convirtiendo a estos chicos panameños en normales peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el evento eclesial para el que Francisco ha acudido al país centroamericano.

Como siempre presente la cita evangélica: "Estuve preso y viniste a verme", las visitas a las cárceles han sido etapa fija en sus viajes al continente americano, así como en Roma, donde ha celebrado varios Jueves Santos.

A los presos que ha visitado siempre les ha asegurado que todos podemos equivocarnos en nuestra vida con su famosa frase: "Cada vez que entro en una cárcel, me pregunto: "¿Por qué ellos y no yo?".

Francisco no solo ha buscado llevar conforto a estas personas privadas de libertad sino que ha sido el altavoz de los problemas de superpoblación de las prisiones, de la falta de rehabilitación y de programas de reinserción.

Sus discursos han puesto el acento en que las cadenas perpetuas son una pena de muerte oculta y en lucha contra la pena capital cambió el catecismo de la Iglesia católica que hasta ahora, sorprendentemente, aun contemplaba que fuera "una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común".

Se estaba comenzando a conocer a Jorge Mario Bergolio, el papa que llegó del fin del mundo, cuando en su primera Semana Santa salió del Vaticano para oficiar por primera vez la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo no en San Pedro sino en la cárcel romana de menores de Casal del Marmo.

"Esto es lo que Jesús nos enseña y esto es lo que yo hago. Es mi deber, me sale del corazón y amo hacerlo", dijo el papa cuando se disponía a lavar los pies a los doce muchachos.

La imagen de un papa arrodillado ante los jóvenes reclusos fue el inicio de su magisterio de predilección por los presos para que "no se dejasen robar la esperanza".

"No podía dejar Bolivia sin venir a verles", dijo el papa en discurso en el cárcel de Palmasola, donde se encuentran recluidos cerca 5.000 presos con sus familias, en una especie de "ciudad prisión" y donde recordó que "reclusión no es lo mismo que exclusión".

En su viaje a Estados Unidos en septiembre 2015, visitó la prisión de Curran-Fromhold, en las afueras de Filadelfia, desde donde dijo que es "penoso constatar" que algunos sistemas penitenciarios no trabajen a favor de su reinserción.

El 17 de febrero de 2016 se abrieron las puertas al papa Francisco en su último día de su visita a México de la cárcel el Cereso 3, de Ciudad Juárez,

"Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas", lamentó Francisco ante los 700 presos elegidos entre los cerca de 3.000 encarcelados en este recinto.

Francisco aquí apostó porque la rescisión "no debe comenzar en estas paredes, sino que comienza antes, comienza afuera, en las calles de la ciudad".

No pudo faltar durante el Jubileo de la Misericordia, un día dedicó a los presos y el once de noviembre de 2016, por primera vez en los bancos de la basílica de San Pedro se sentaron 1.000 reclusos de doce países del mundo.

El papa también ha visitado en Roma varias prisiones y en la milanesa de San Vittore en su viaje a Milán (norte de Italia), donde están recluidas unas 900 personas, almorzó con un centenar de ellos en una mesa colocada en los largos pasillos entre las celdas.

Y en la cárcel de Paliano, en la provincia de Frosinone, (centro) también continuó la tradición que mantenía cuando era arzobispo de Buenos Aires de lavar los pies a los presos el Jueves Santo.

En su visita a Chile, el papa se acercó a la realidad de las cárceles de mujeres, donde muchas de ellas viven con sus hijos en la prisión de "San Joaquín" donde cumplen su pena 1.200 reclusas, afirmó que "una condena humana sin futuro es una tortura. Toda la pena tiene que tener un horizonte, el horizonte para reinsertarse y prepararse para la vida fuera".

Recordó a las reclusas "que estar privado de la libertad no es estar privado de la dignidad".