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07 de Apr de 2020

Política

Comunicación: factor en crisis del gobierno

PANAMÁ. Un año después, la gestión del Presidente Ricardo Martinelli se encuentra en el disparadero. ¿Cuáles son las claves para compren...

PANAMÁ. Un año después, la gestión del Presidente Ricardo Martinelli se encuentra en el disparadero. ¿Cuáles son las claves para comprender mejor el problema desde la perspectiva de gestión y comunicación?

UN VIEJO HÁBITO

El gobierno de Martinelli cayó en lo que es ya una constante desde la Administración Moscoso: menospreciar el poder de las comunicaciones.

Increíblemente, y a pesar de la excelente campaña que les llevó al poder, la Administración Martinelli no ha logrado trasladar esa coherencia y claridad en la narrativa que sedujo a 6 de cada 10 panameños en mayo de 2009.

Esto prueba de nuevo que es mucho más fácil hacer oposición que gobierno. Junto a ello, la función de comunicaciones parecería estar claramente ausente al nivel de Gabinete, o al menos marginada del proceso de toma de decisiones.

Ese viejo modelo sigue viendo a la Secretaría de Comunicaciones como un generador de comunicados, un disparador de correos o una fábrica de glosas. Una función secundaria que no tiene voz ni voto. Hoy, gestión y comunicación son sinónimos. Si la gestión se desordena, la comunicación solo lo reflejará.

PERDIÓ LA INICIATIVA

Llevar la iniciativa es uno de los activos más poderosos para que los gobiernos logren avanzar en su agenda política (planes y programas).

Desde muy temprano en esta Administración cierto apresuramiento en la presentación y aprobación de las políticas impidió que, antes de comenzara la discusión nacional sobre ellas, se generaran las condiciones de opinión y favorabilidad necesarias.

Crear las condiciones para la adopción de una política no es demorar, es hacerlo bien. Me refiero a que la opinión pública debe contar con los elementos necesarios para comprender su necesidad.

De esa manera, por ejemplo, en el caso del acuerdo con Estados Unidos para patrullaje en aguas panameñas, lo que debería haber sido discutido como una medida sin precedentes para combatir el narcotráfico (corazón de la violencia) se convirtió en un debate sobre ‘bases militares’ e injerencia de Estados Unidos.

Los responsables de la iniciativa, al no estar preparados para definir la discusión, terminaron enfrascados en un intercambio sobre ‘bases militares’ e injerencia de Estados Unidos. Igual ocurrió con la intención de regular la telefonía prepago; la transformación curricular, el 7% y la Ley 30, por mencionar algunas.

Sumemos aquí que la excesiva burocratización del proceso de comunicaciones que ha hecho a los ministerios lentos, tardíos y muy espaciados en sus comunicaciones, todo a cambio de un proceso incomprensible de aprobaciones.

¿Lección? Si el Gobierno no tiene la iniciativa de definir adecuadamente sus acciones, los que estén en desacuerdo sí la tendrán.

TOMADOS POR LA REACCIÓN

En política, como en el fútbol, sino estás al ofensiva estás a la defensiva. Precisamente por perder la iniciativa el Gobierno ha tenido que gastar mucho tiempo en aclarar, explicar, corregir. Eso en lugar de sorprender, plantear, orientar las discusiones. Claro que esto es mucho más fácil escribirlo que hacerlo.

Pero la proactividad en las comunicaciones y en la gestión es el puente más efectivo para construir políticas públicas. La crisis de Bocas del Toro es la mejor expresión de este problema.

¿Cómo fue posible que se les creciera a tanto esa situación? ¿Nadie se enteró de lo que estaba pasando? Cualquiera que haya leído noticias los últimos 15 años sabe lo que se cocina en Bocas, las comarcas y Darién.

PROBLEMAS EN LAS VOCERÍAS

Ser inteligente o listo, tener amigos periodistas o ser periodista no es suficiente para portar, transmitir y reiterar efectivamente un mensaje a través de los medios de comunicación.

Haber sido panelista de Debate Abierto tampoco te hace un buen vocero. Ello se logra con entrenamiento, claridad de objetivos y mensajes definidos.

Durante el primer año del Gobierno Martinelli se ha observado serias deficiencias en varios de los principales voceros del Gobierno en la manera como administran sus comparecencias públicas.

Esto es especialmente evidente cuando les ha correspondido manejar crisis: exceso de improvisación, falta de foco y tono errático. Enfrentan a la prensa más preocupados por lo que les van a preguntar que por lo que quieren transmitir, olvidando que la audiencia son los ciudadanos y no los periodistas.

Por otra parte, la buena idea de establecer una vocería presidencial se ha diluido en el primer año precisamente porque es claro que esa figura no se le ha permitido apropiarse de los temas, manejar información relevante o estar presente en el proceso de toma decisiones.

Luego todo lo que se refleja es una vocería que sale a leer unos talking points cuando nadie quiere ‘quemarse’.

NARRATIVA CONFUSA

El Gobierno arrancó con una narrativa muy clara: lucha contra la corrupción; enfrentamiento a la delincuencia; y política social.

Es decir, los panameños hoy, tras finalizar el primer año de gestión, deberíamos estar discutiendo los resultados de las gestiones en esos esferas.

En lugar de ello, los repetidos cambios de prioridades no solo han hecho que el Gobierno hay perdido su narrativa inicial sino que ahora no se distingue muy bien cuál es la agenda.

Eso genera confusión y siembra la impresión de que el Gobierno está siendo presa del día a día. Tal vez eso sea la consecuencia de que el Ejecutivo haya variado repetidamente su centro de atención a temas en los que solo salió enredado.

Qué sentido tuvo que se gastara dos meses de capital político iniciando un proceso de selección de magistrados para luego desoír su propio proceso (y gastarse otros dos meses de capital político explicando porqué lo hizo).

Todavía nadie ha sabido explicar cuál fue la ganancia del Gobierno al generar tanta tensión con la sociedad civil, para luego llamarlas a un diálogo.

Tampoco hizo mucho sentido desprestigiar a la Concertación para luego llamar a la Concertación. Ni lanzar acusaciones a los medios para luego llamar a los medios. Se hace muy complicado ver el punto de todo esto. O como escribió Lewis Carrol hace rato: ‘Si no sabes a donde vas, cualquier camino te llevará’.