Temas Especiales

02 de Dec de 2020

Política

DEG: El elixir del diablo

La tragedia toma formas paradójicas a tal punto que algunas cosas concebidas para nuestro bienestar terminan torturándonos

DEG: El elixir del diablo
La víctima 151 del dietilenglicol, César Cedeño, fue sepultada 19 de agosto de 2010, luego que se mantuviera más de un mes con complicaciones en los pulmones, a raíz del mortal tóxico. Cedeño, quién tenía 82 años, consumió dos frascos y medio del jarabe expectorante sin azúcar en el 2006, lo que provocó que una pequeña afectación que tenía en los pulmones se le complicara progresivamente, explicaron sus familiares y amigos.

La tragedia toma formas paradójicas a tal punto que algunas cosas concebidas para nuestro bienestar terminan torturándonos. En nuestro país esa paradoja asumió el ropaje de medicamentos baratos para solucionar padecimientos de la población, pero que, con los malabares de la globalización, se convirtió en un negocio de muerte.

Las nuevas modalidades de intercambio comercial a nivel mundial provocaron la ruptura de las barreras de la ética y la seguridad social e hizo del intercambio de equivalentes una encarnizada lucha por obtener dividendos sin respetar el derecho a la vida y la dignidad humana. Empeñado en la libertad de comercio, el ‘anarcocapitalismo’ violentó los controles estatales e impuso el despojo y la adulteración como mecanismos de captación de ganancias y distribución de mercancías. La tragedia vivida por los panameños es un eslabón más en la cadena de padecimientos sufridos por los pueblos del mundo en nombre de la expansión mundial de la economía.

UN EXPEDIENTE LETAL

Sin mucha indagatoria sobre los antecedentes del problema, acostumbrados a las respuestas fáciles y a la comodidad de la ignorancia, perdimos de vista al Diethylene-glycol (DEG) como un elixir diabólico que hace estragos sobre el planeta desde hace mucho tiempo y que lo ocurrido en nuestro país no es más que un episodio en el rosario de muertes colectivas causadas por su uso incontrolado.

El DEG es un compuesto orgánico con la fórmula (HOCH 2 CH 2 O) incoloro, prácticamente inodoro, venenoso, viscoso con un sabor dulzón fácilmente confundible con la glicerina (C3H8O3) usada como dulcificante de jarabes, pastas dentales y productos alimenticios. El DEG, soluble en agua, alcohol, éter, acetona y glicol de etileno, es un solvente ampliamente utilizado en productos de limpieza, industrias pesadas, lubricantes automotrices, anticongelantes y anticorrosivos.

Tal vez por falta de registros y carencia de información en diversas partes del planeta, los incidentes relacionados con su uso pasaron desapercibidos hasta el año 1937, cuando un evento fuera del contexto llamó la atención a las autoridades de salud de los Estados Unidos. La empresa S.E. Massengill Co. (Farmacéutica de Tennessee, EEUU), fabricante de sulfanilamida, elaboró una solución con Diethylene-glycol como alternativa líquida del medicamento; entonces no se exigía análisis toxicológicos para lanzar un producto. El resultado: 105 personas muertas en 15 estados. El incidente dio lugar a la Ley de Drogas y Alimentos (1938), fundamento de la Agencia Federal de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA).

En 1969, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, siete niños murieron de insuficiencia renal después de la administración del sedante My pikin. Los pacientes presentaron anuria, respiración ácida, hepatomegalia y apatía. Aunque fueron hidratados y se hizo corrección de la acidosis, algunos no sobrevivieron. El examen reveló daños en los riñones y el hígado, y las pruebas encontraron glycol de propileno, un derivado del DEG, en el sedante.

En 1985, en España, pacientes de quemaduras desarrollaron repentina insuficiencia renal con anuria provocado por el tratamiento con un ungüento tópico de sulfadiazina de plata que contenía Diethylene-glycol; cinco murieron.

En 1985 se detectó en vinos austríacos contenidos hasta de 1,000 partes por millón de DEG para darles el dulzor deseado. Algunos contenían menos de 10 partes por millón, pequeña cantidad que no pudo ser detectada por los laboratorios en Europa. Como resultado, la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego de EEUU empezó a examinar todos los vinos importados. Tras recuperar millones de botellas, el gobierno austríaco que no sabía cómo destruir el producto, probó una mezcla de vino con sal para derretir el hielo en las calles, resultando más eficaz que la sal sola. Al año siguiente, una planta de energía eléctrica desarrolló una forma de producir energía con 30 millones de litros de vino contaminado.

En 1985, en Bombay, India, pacientes diversos fueron recetados con glicerina por su efecto diurético osmótico, pero desarrollaron insuficiencia renal. Muchos recibieron hemodiálisis, mas el episodio provocó la muerte de 21 personas y el descubrimiento de la glicerina contaminada con alto porcentaje de Diethylene-glycol.

En la vecina Bangladesh, una década después, 339 niños desarrollaron insuficiencia renal, la mayoría murió al ingerir jarabe de paracetamol contaminado con diethylene-glycol. En Nigeria, África, en 1990, 47 niños ingresaron el Hospital de la Universidad de Jos con anuria, fiebre y vómitos, más tarde desarrollaron insuficiencia renal y murieron. Todos recibieron jarabe de paracetamol para las infecciones respiratorias relacionadas con la malaria.

Un jarabe de propóleos fabricado por Laboratorios Huilen en Argentina mató a 29 personas en 1992. Originalmente autorizada para producir cosméticos, la planta elaboró productos médicos adulterados con Diethylene-glycol que fueron distribuidos sin autorización oficial.

En Haití, entre noviembre de 1995 y junio de 1996, 109 niños ingresados en el Hospital Universitario de Port-au-Prince presentaron insuficiencia renal aguda. Habían consumido Afebril o Valodon (preparaciones de acetaminofen), con altos contenidos de Diethylene-glycol. El caso llevó a la Organización Mundial de la Salud a intervenir a través del Centro de Epidemiología del Caribe. La glicerina falsificada condujo a la FDA de EEUU hasta la Chemical Trading and Consulting (un corredor alemán), que compró 72 barriles del jarabe de Vos BV, una compañía holandesa. Los registros de Vos revelaron que el jarabe se había adquirido a la empresa china Sinochem Chemicals Company Internacional (afiliada a la CNSC Fortune Way, que proporcionó el producto en Panamá) a través de un comerciante alemán, Metall-Chemie.

LO BARATO SALE CARO

En 2006 el empresario chino Wang Guiping descubrió que era fácil entrar en el negocio farmacéutico de China y para ello falsificó licencias e informes y omitió pruebas toxicológicas. El producto falsificado terminó en ampollas de Amillarisin A, un medicamento para los problemas de la vesícula biliar; líquido especial para enema de pediatría; inyecciones para enfermedades de los vasos sanguíneos; analgésico por vía intravenosa, y un medicamento para la artritis. Guiping fue condenado a muerte por las autoridades chinas por envenenamiento masivo.

DE UN EXTREMO A OTRO

El mismo año, en el otro extremo del planeta, en Panamá, 46 barriles de jarabe fueron comprados por la Caja del Seguro Social al Grupo Comercial Medicom, que a su vez lo compró a las española Rasfer Internacional. De hecho, Rasfer había recibido el producto de la CNSC Fortune Way, que a su vez lo compró a la Fábrica de Glicerina Taixing de China… ¿Debemos creer en pleno siglo XXI que ningún funcionario de salud, con todos los adelantos informáticos, no se enterara del derrame del Diethylene-glycol en los pueblos del mundo? La oportuna investigación del Dr. Néstor Sosa en los expectorantes suministrados por la CSS puso alto a la cadena de víctimas en todo el país. La paradoja del circuito infernal es que la fábrica de químicos Taixing, en una pequeña ciudad del Mekong, era propiedad del desalmado empresario chino Wang Guiping. El círculo infernal, como todo círculo, termina siempre en el lugar en donde se inicia.

La experiencia panameña alertó a muchos ciudadanos sobre el peligro. En mayo de 2007, el panameño Eduardo Arias descubrió una pasta de dientes cuya etiqueta anunciaba contenido de DEG. La investigación llevó su procedencia a una empresa en la Zona Libre de Colón, que compró el producto en China y lo exportó nuevamente a Costa Rica, República Dominicana y Haití, haciendo de Panamá el lanzamiento de una alerta local.

En junio 2007, la FDA de EEUU advirtió a los consumidores evitar la pasta china. La investigación detectó un proveedor de hoteles que la distribuía en Barbados, Bélgica, Bermudas, Gran Bretaña, Canadá, República Dominicana, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, México, España, Suiza, Islas Turcas y Caicos, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos. Lo que comenzó como una alerta local reveló un problema global en más de treinta países y con la participación de más de treinta marcas. La protesta mundial hizo que las autoridades chinas prohibieran el uso de DEG en pastas de dientes.

A pesar de todos los precedentes, el envenenamiento por medicamentos más grande en la historia ocurrió en nuestro pequeño país, cientos de víctimas en hospitales y cementerios y aquí no ha pasado nada… El elixir del Diablo, entre otros brebajes y otros crímenes, son las pócimas que nos hace tragar la globalización.