28 de Oct de 2021

Política

Las luchas de los obreros panameños

PANAMÁ. Bien al inicio de nuestra vida republicana, el presidente de la Federación Obrera de Panamá, Manuel V. Garrido C., realiza un ba...

PANAMÁ. Bien al inicio de nuestra vida republicana, el presidente de la Federación Obrera de Panamá, Manuel V. Garrido C., realiza un balance de la situación que atraviesan los obreros istmeños: ‘No contamos actualmente con la fuerza que constituye el número, para que nuestros derechos sean respetados. No podemos alardear de una organización adecuada para hacerle frente a las contingencias del momento; no disponemos de un solo centavo para respaldar nuestras actuaciones (…)’. (Diario de Panamá, jueves 14 de febrero de 1929). En esa coyuntura, los trabajadores no habían conquistado un espacio político para que sus intereses fueran tomados en cuenta.

Sin embargo, los sectores populares, incluidos los trabajadores, reunidos en el Sindicato General de Trabajadores, ya habían escrito páginas gloriosas en la lucha reivindicativa contra el aumento del canon de arrendamiento de sus viviendas. Tan aguda fue la confrontación, que la clase política gobernante se vio obligada a solicitar la intervención de las tropas norteamericanas acantonadas en la llamada Zona del Canal, aquel mes de octubre de 1925. El caudillo Rodolfo Chiari ocupaba el solio Presidencial.

Es el momento en que las elites propietarias, cuya columna vertebral son los grandes negocios norteamericanos en nuestro país, controlan el Estado a través de la maquinaria política-electoral denominada Partido Liberal. Una caracterización de ese aparato político la brindó el ex Presidente y miembro principal del Directorio del Partido Liberal, Rodolfo Chiari: ‘el liberalismo unido, compacto, teniendo además el valioso concurso de los conservadores progresistas, es una fuerza política preparada y eficiente, el partido mejor organizado y el más poderoso en el país, y es el pleno convencimiento de esta aplastante verdad lo que motiva el furor, la exaltación y la atormentada agitación de sus adversarios. (…)’. (Diario de Panamá, domingo, diciembre 28, 1930).

No han transcurrido cinco días, cuando esta ‘fuerza política preparada y eficiente’, que se erige como el partido ‘mejor organizado y más poderoso’, recibe un golpe mortal asestado por la agrupación denominada Acción Comunal, el 2 de enero de 1931.

En ese periodo, los trabajadores (ocupados, desocupados) y sus gremios (albañiles, electricistas, lavanderas, aplanchadoras, plomeros, pintores, talleres, centro unido de indígenas, centro obrero de David, braceros), soportan la crisis económico-fiscal con dramatismo. A contrario, el estuche político que mantiene el sistema de dominación, se hunde en una escandalosa corrupción. El ex secretario de instrucción pública, Jeptha B. Duncan, denuncia con vehemencia, ese flagelo: ¿Por qué no se ha investigado (la Asamblea), ‘ese despilfarro monstruoso del manicomio de Matías Hernández por el cual en la Ley 37 de 1924, en su artículo 4 se fijó la suma máxima de B/ 50,000.00 y se gastó como diez veces mas la suma autorizada, o sea unos B/ 500,000.00?’ (El Tiempo, sábado 27 de diciembre de 1930).

LUCHAS SOCIALES, POLITIQUERÍA Y CORRUPCIÓN

Pasaron aproximadamente cuarenta años de reacomodo de la fuerza política dirigente. En las décadas de 1950 y 1960, dicha recomposición transitó por la supremacía primero de la Coalición Patriótica Nacional (CPN) y luego del Partido Liberal Nacional (PLN).

En medio de esos reajustes, los trabajadores del campo y la ciudad levantaron sus reivindicaciones, construyeron estructuras organizativas como las llamadas Ligas Campesinas. Algunos núcleos urbanos de obreros, dejaron sentir sus voces. Esa disposición de lucha en condiciones difíciles, la muestran, por ejemplo, los trabajadores de Panama Plywood Corporation, propiedad del norteamericano Roy Hammac. Allí, 170 asalariados se declaran en huelga exigiendo el cumplimiento de la ley de salario mínimo; y es que la empresa se negaba a pagar 0.40 por hora. Mientras que los empleados de Plywood, realizan una vigilia al frente de la planta, la Guardia Nacional, con implementos de guerra, monta guardia alrededor de la fábrica. Días mas tarde, se producen choques entre los trabajadores y la Guardia Nacional, con un saldo de 10 obreros heridos. (Crítica, sábado 23 de enero de 1960).

Un registro colectado en los primeros días de enero de 1960, pone al descubierto los atropellos que viven en carne propia los trabajadores del campo: ‘numerosos agricultores del corregimiento de La Raya de Santa María y de los caseríos de Capellanía, Tierra Hueca y Pedernal (…) su quejan de que vienen siendo encerrados por un conocido terrateniente aguadulceño, que hace compra de viejos títulos de personas que adeudan miles de balboas al Fisco Nacional, y con la complicidad de autoridades y de terratenientes de Veraguas, ven cercadas tierras que han trabajado por muchos años’. (Crítica, lunes 4 de enero de 1960).

Al concluir la década de 1960, la legitimidad de la dirección política que detenta el Partido Liberal Nacional, entra en una profunda crisis. Los dimes y diretes al interior de la clase política se multiplican. En un discurso electoral en Boquete, el candidato, Arnulfo Arias, con intereses en el café y la madera, señala que uno de los principales problemas de nuestro país es que los gobiernos impopulares se mantienen en el poder escudados en oficiales de la Guardia Nacional que quieren mantener sus botellas, negocios de drogas, juegos ilícitos, casas de citas y otros negocios clandestinos. (El Panamá América, lunes 15 de abril de 1968).

Esa década también esta marcada por el ascenso vertiginoso del movimiento de masas a nivel obrero y campesino. Corrupción, ascenso vigoroso de las movilizaciones populares y desgaste del modelo político, terminan en el golpe de estado de octubre de 1968.

Antes de que termine la siguiente década (1970), los trabajadores y el conjunto de los sectores populares, comienzan a sentir el rigor de las políticas económicas centradas en la supremacía del mercado. La primera oleada incluyó, la flexibilización de los controles de precios, que por supuesto significó una reducción sensible del poder de compra de los salarios. El descontento no tardó en hacerse sentir entre los trabajadores: en el año de 1980, se realizan más de una veintena de huelgas y es que los obreros sindicalizados traban las negociaciones de las nuevas convenciones colectivas, exigiendo una restitución de sus salarios.

EL NUEVO SIGLO Y EL ASCENSO DEL MOVIMIENTO SOCIAL

Entre altos y bajas, es evidente un flujo ascendente del movimiento social, perceptible desde finales de la década de los noventa y que no se detiene entrado el siglo XXI. Es el momento en que el conjunto del movimiento social y con ellos los obreros reconstruyen sus estructuras organizativas y dejan sentir sus demandas. La protesta social va sumando a sectores indígenas, campesinos y trabajadores, gremios de educadores, defensores del medio ambiente, profesionales y pobladores que luchan por la infraestructura educativa y de salud, caminos/carreteras asfaltadas, etc.

En esta celebración del 1º de mayo, los obreros de la construcción que laboran en la modernización de la plataforma logística (ampliación del Canal, carreteras/autopistas, puentes y recintos aeroportuarios), los mismos que edifican la infraestructura portuaria y turística, que construyen los proyectos habitacionales y las edificaciones sanitarias; han levantado la propuesta de construir desde sus entrañas un partido que recoja la voz de aquellos que desde el nacimiento de la República, no tienen una expresión política propia.

Esto ocurre en un momento donde se evidencia una descomposición política, que arrastra sus instituciones, es decir los partidos políticos tradicionales, soporte de la estructura de poder y dominación.

Los obreros panameños, en especial los trabajadores organizados de la construcción, tienen la tarea de fundar una política económica y social que incorpore a la mayoría y que, de una vez por todas, resuelva la cuestión social en nuestro país. Los trabajadores, acompañados de sectores populares, de amplios sectores democráticos y progresistas, caminan en la dirección de construir un partido político, desde abajo, que participe en las lides electorales y se levante como una estructura organizativa de los que no tienen voz.