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23 de Jan de 2021

Política

La paradoja Libia y Siria: dos pesos y dos medidas

En las Relaciones Internacionales, la frase aludida hace referencia al doble estándar internacional; es decir, que ante situaciones igua...

En las Relaciones Internacionales, la frase aludida hace referencia al doble estándar internacional; es decir, que ante situaciones iguales o similares, los gobiernos actúan de diferente manera, porque los actores involucrados tienen distinto peso, o porque los intereses son disímiles. Hasta para el observador menos avezado es evidente el doble rasero que se aplica al actuar frente a las revueltas en Túnez, Egipto y Libia y la anémica reacción internacional, respecto a las que se desarrollan en Arabia Saudita, Bahréin, Yemen y ahora en Siria.

FACTOR GEOESTRATÉGICO- MILITAR

Como quiera que el ojo de la tormenta se traslada por el momento a Siria, trataré de presentar las causas del sí contra Libia y no contra Siria. Inicio ponderando el factor geoestratégico: Siria, contrario al ‘ejército’ libio, cuenta con una de las Fuerzas Armadas más numerosas, mejor equipadas y entrenadas de Oriente Próximo. Otro elemento divergente es que, a diferencia de África del Norte y del Magreb, donde no existe comercio intraregional y la interdependencia política de los regímenes es casi nula, en Oriente Próximo los intereses y las dinámicas fronterizas crean un vínculo cuya alteración tiene un efecto dominó en toda la subregión.

Siria, al contrario que Libia, obtiene gran parte de su valor político agregado de su situación geoestratégica limítrofe con Irak, el Líbano, Israel, Jordania y Turquía, de allí que la hipótesis de que una intervención extranjera podría suponer una guerra regional, inclusive, con posibilidad de escalar a lo nuclear; no es ficticia. En virtud de ello, si Siria es atacada, puede reaccionar tratando de desestabilizar a Irak, o si se convulsiona Siria, existe el temor de que Israel se aproveche de la situación e intente defenestrar el programa nuclear iraní y obligar a Washington a involucrarse directamente en el conflicto. Al revés, Teherán y Damasco ante una inminente caída de Al Assad, podrían abrir un frente de guerra contra Israel desde Siria, apoyados por Hezbolá en el Líbano y Hamás en Gaza, lo que presionaría a Egipto a participar de la vorágine militar. Otro argumento de la inmovilidad ante Siria quizás se justifique porque Israel se debate entre la tesitura de apostar por la permanencia de Al-Assad o la incertidumbre de que Damasco termine dirigido por un gobierno bajo influencia de la Hermandad Musulmana.

COEFICIENTE ECONÓMICO

Al factor anterior se agrega el económico. Si bien el principal recurso sirio es el petróleo, la producción no alcanza un volumen comparable al libio y para su comercialización, requiere del apoyo occidental, por tanto Washington ha decidido bloquear las propiedades del gobierno sirio, prohibir a personas y corporaciones estadounidenses hacer nuevas exportaciones o inversiones en Siria, prohibir todas las importaciones de petróleo, congelar activos sirios, entre otras medidas coactivas.

A estas acciones se suman las adoptadas por la Unión Europea, que estableció un embargo de hidrocarburos, vetando así la importación de petróleo desde Siria. Con una economía ya seriamente debilitada pues su sector turístico (12% de la economía) está paralizado, es previsible que las medidas estadounidenses y europeas terminen por asestarle un golpe demoledor a este país, que vende el 95% de todo el crudo que extrae a Europa (30% del presupuesto estatal). En resumen, estamos hablando de que en estos momentos, con casi un 50% de la economía lisiada, si Siria no es asistida inmediatamente se crearían las condiciones para una guerra civil.

COMPONENTE POLÍTICO-RELIGIOSO

El problema político sirio se combina con lo religioso, así, los musulmanes constituyen el 90% (suníes 70%, shiíes 13%, alauíes 8-9% y drusos 3%). Para mantenerse en el poder, el régimen permite que el gobierno formal sea suní y cristiano, sin embargo, el poder real lo detenta el presidente alauí, Bashar al-Assad, que es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, institución a la que exclusivamente su minoría religiosa y su clan familiar pueden pertenecer, en contraposición a la inmensa mayoría de la población siria que profesa la fe sunnita.

En razón de tan execrable distribución del poder, desde 1978 existe un conflicto soterrado contra la minoría alauí en el gobierno, que alcanzó su cenit en 1982 con el levantamiento de Hama, (sede de la rama siria de los Hermanos Musulmanes y bastión del puritanismo sunita) cuando la Hermandad tomó la ciudad, masacrando a todos los representantes del gobierno ba’athista ‘infiel’ y a sus ‘colaboradores’ drusos. En respuesta, Damasco aplastó la revuelta con un saldo que dependiendo de la fuente, se cifró entre 4 y 20 mil muertos. En cuanto a la parte política externa del problema, es evidente que a desemejanza de Libia, en el rompecabezas sirio la oposición apenas empieza a articular una alternativa creíble, lo que le dificulta apoyo internacional.

ENTORNO INTERNACIONAL

Finalmente, por lo que atiende al tratamiento internacional que se le ha dado al asunto libio y su contraste con el sirio, está claro que la Resolución que aprobó el Consejo de Seguridad de la ONU (CS), se apoyó en el principio de la responsabilidad de proteger (RdP), dirigido a socorrer los civiles. La misma fue apoyada por la Liga Árabe y habilitada por las abstenciones de China y Rusia. Sin embargo, si la cuestión siria termina ventilada en el CS, el resultado quizás sea diferente a Libia. Si bien es posible que China se abstenga nuevamente so pena de perder todo acceso al petróleo saudita, diferente será la postura de Rusia, que sin duda recurriría al veto.

No obstante, si la situación entra en un callejón sin salida y Al Assad logra ‘columpiarse’ en el poder, basado en la presunción de que la salida militar en su contra siempre será bloqueada en la ONU, a nuestro juicio, estaríamos ante los siguientes escenarios: uno, que prospere el Plan de Paz de la Liga Árabe, que consta de 13 puntos entre los que destaca el cese inmediato de todos los actos de violencia contra los civiles, la retirada del ejército de las ciudades, la formación de un gobierno de unidad nacional y el anuncio de elecciones libres en 2014; dos, que Rusia logre la implementación de su Iniciativa de Paz, sin excluir a Bashar Al Assad del proceso; tres, que las potencias occidentales y Turquía suministren armamento a través de las porosas fronteras sirias alentando con ello, una guerra civil en el país, y cuatro, que la OTAN, usando el precedente de Kosovo, proceda manu militari, a apoyar la parte más débil del conflicto aplicando una solución, con o sin el aval de la ONU.