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10 de Apr de 2021

Política

‘Política exterior no tiene rumbo’

PANAMÁ. En promedio, el gobierno de Ricardo Martinelli remueve al canciller cada diez meses y medio. Lo ha hecho más veces que con el Mi...

PANAMÁ. En promedio, el gobierno de Ricardo Martinelli remueve al canciller cada diez meses y medio. Lo ha hecho más veces que con el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y el de Educación, sobre los cuales pesan las más efímeras gestiones postdictadura.

Ese panorama, coinciden analistas, ha llevado al país a donde está hoy. Uno que se vende en el extranjero como ‘en desarrollo’, pero que desconoce las cualidades de planificar la política exterior.

Por ende, erra: un diplomático se vistió de mujer en Europa, el presidente intervino en una disputa histórica por la Tierra Santa, y en un intento de gracia levantó cuestionamientos de potencias asiáticas.

‘El gobierno carece de una política exterior porque no tiene claro cuáles son los intereses panameños, no tiene rumbo definido... entonces, da manotazos en el agua como payaso’, asegura el diplomático de carrera y aspirante a la candidatura independiente por la Presidencia de la República, Julio Yao.

Según Yao, los cambios recurrentes de cancilleres solo vienen a ahondar en el problema. Debe llegar, ponerse al tanto de las problemáticas del engranaje internacional. Y, mientras, procurar los intereses del país.

‘Que se cambie tantas veces al canciller da un mensaje al mundo de que no somos un país serio’, dice. Y agrega: ‘no es serio poner a quien era hasta ayer un perseguidor, como diplomático, es un error’, refiriéndose a Fernando Núñez Fábrega, el más reciente agraciado con el puesto.

La entrada de Núñez Fábrega (exzar, exgobernador de Coclé y primo del mandatario) ha centrado las críticas. ‘No habrá nada peor para el futuro de la patria’, vaticina el exvicerrector de la Universidad de Panamá Federico Ardila.

‘No queda nada que pueda causarnos sorpresa y desprestigio internacional’, agrega.

Es que, aseguran los expertos, el nuevo canciller tiene poca prudencia, un elemento clave en el comando de la política exterior. ‘Ese señor está lejos de ser un ejemplo’, insiste Yao.

En una columna de enero pasado en este diario, el investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Edgar Spence Herrera abordaba el tema: ‘el servicio exterior panameño se convirtió en un espacio elitista reservado para los sectores económicos y políticos, vinculados al poder, es decir, a la clase política y social dominante’, explicaba.

La diplomacia, matizaba Spence, consciente del problema común de muchos países de la región, es ‘el arte de saber usar los oídos y hablar suave’.

Martinelli también estuvo consciente de ello alguna vez. Al menos cuando era aspirante a la Presidencia. En el eje institucional de su plan de gobierno prometía nombrar ‘profesionales y empresarios con solvencia moral y experiencia’ en el servicio exterior. Pero parece una promesa pendiente.