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10 de Apr de 2021

Política

Veinte años de planes para las mujeres en Panamá

En diciembre pasado, el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) realizó la presentación de la Política Pública de Igualdad de Oportunidad...

En diciembre pasado, el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) realizó la presentación de la Política Pública de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PPIOM), política que debe ser según INAMU ‘…un instrumento de gestión del gobierno y de la sociedad civil para articular respuestas dirigidas a las necesidades presentadas por las mujeres en temas sociales, culturales, económicos, ambientales y políticos’.

Ello 20 años después del inicio del proceso que produjo el Plan Nacional Mujer y Desarrollo (1992) , que fue el arranque de las políticas dirigidas a alcanzar la igualdad social femenina en el país, es todo un logro que indica la voluntad y persistencia de las mujeres y sus organizaciones y la perseverancia del INAMU. Es la contracara de la marcada indiferencia usualmente visible respecto a políticas sociales que sean algo más que mero asistencialismo.

Sin embargo, tal es el nivel de paradojas y contradicciones en el país que a veces pareciera que encierra varios distintos países. Contiguo al urbano país más globalizado de Nuestra América existen el Panamá campesino y el indígena, el Panamá urbano marginal de pobres e indigentes, ese que dice Hernando Gómez es ‘… algo más de un tercio de nuestra población que no percibe los frutos del progreso y que sigue de espaldas o que de hecho padece —más que disfrutar— los efectos económicos de la globalización.’.

VALORANDO LO LOGRADO

Destacar la PPIOM como un avance en medio de complejas contradicciones hace necesario reflexionar sobre qué es aquello que debe considerarse logro, pues en los últimos años el concepto de lo que es ‘público’ ha sido desbordado como una de las consecuencias de la creciente conflictividad de la democracia. Nuevos objetos y problemas fracturan los restrictivos límites de una vieja definición de lo público y en tanto las jerarquías se resisten a entrar en los debates sobre tales, incesantemente estos entran en acciones y discursos que indican la confusión. ¿Como debe entenderse, por ejemplo, la reciente sanción presidencial de la ley de esterilización frente a la resistencia del Ministerio de Educación a impartir educación sexual a la niñez y a la juventud?

A pesar de ello, en Panamá, los logros de que Amelia Valcárcel llama la Política de las Mujeres (en esencia la acciones gubernamentales del post Beijing) no son de menospreciar, por el contrario. Pero es obligatorio mencionar que estas sólo subsisten por la insistencia de las mujeres y sus organizaciones y no pocas veces tal esfuerzo y movilización resulta en productos más bien disminuidos, avances agridulces, tal como la inclusión de la paridad, más bien un gesto desmovilizador y retórico que un progreso contundente. Ya veremos su real significación en las elecciones del venidero 2014.

Lo cierto es que en 20 años, después de 3 Pactos entre mujeres y candidatos a la Presidencia, 4 Planes para la igualdad social femenina, muchas leyes, acciones, medidas de diverso calado y una Presidenta de la República, somos el último país de la América Latina y el Caribe en representación parlamentaria de las mujeres, 8.4% en las elecciones de 2009.

TAREAS PENDIENTES...

Para que estos logros lo sean de modo pleno, contundente e irreversible , hace falta aún más. No sólo faltan recursos para políticas sociales más allá del asistencialismo clientelista, falta voluntad política y visión completa armonizadora y sostenible de la actual complejidad del devenir social (la actual simplista visión de ‘business y crecimiento’ abona a la conflictividad, al malestar y la violencia) , sino además hace que asuntos importantes como la PPIOM sean ‘mirados’ con escepticismo por la ciudadanía para decirlo tersamente.

Será de verdad ocioso que nos preguntemos qué va a ser de todo esto cuando la ‘crisis’ del actual sistema global que en otros lares derrumba Estados, hunde miles de empleos y fragmenta el tejido social nos alcance.

Ya tenemos la pobreza, la desigualdad, espectaculares desequilibrios sociales y una bonanza que, es evidente, no será infinita.

Es un hecho que las políticas del Post Beijing, de las que el PPIOM es parte, no pueden ser efectivas más que en un marco de mínimos cambios sociales y culturales. Ello no es el caso de nuestro país. Y los cambios producidos en las concepciones e imaginarios sociales, las transformaciones culturales han sido producidas por la acción femenina y son recientes, inacabados y objeto de grandes resistencias, porque son intensamente significativos, como quedó evidente y claro en la discusión del anteproyecto de ley 442 en 2008.

Los cambios que tenemos que realizar son de aquella naturaleza que tan bien expresara Jean Genet en su obra El Balcón, aquellos que logran sacudir la cámara y la recámara, y que no son sólo la representación fraudulenta de ‘‘lo mismo’’: donde unos salen del escenario y entran otros y todo parece cambiar para que al final nada realmente cambie…

En el contexto de la actual ‘crisis civilizatoria’, que se caracteriza porque ningún arreglo parcial funciona realmente… tal vez lo único seguro sea los avances en la conciencia política de las mujeres y de hombres —algunos que son ya seres del siglo XXI—.

Los retrocesos en la configuración de la vida social, en las formas de la convivencia no auguran beneficios para los derechos y la vida, en todo caso … los cambios más importantes son aquellos que se asientan en la conciencia humana, como bien dijese, en su momento, Kate Millet, puesto que la conciencia no es una ley que pueda ser abolida ni una institución que pueda ser desmantelada.

PROFESORA DE FILOSOFÍA