Temas Especiales

06 de May de 2021

Antonio Saldañaopinion@laestrella.com.pa

Opinión

De cómo Omar Torrijos cambió perpetuidad por soberanía total

Este 31 de diciembre se cumplen 21 años desde que el último soldado yanqui arrió la bandera de las barras y las estrellas, por última vez en territorio nacional de Panamá

Este 31 de diciembre del aciago año 2020, se cumplen 21 años desde que, al mediodía del 31 de diciembre de 1999, el último soldado yanqui arrió la bandera de las barras y las estrellas, por última vez en territorio nacional de Panamá.

El acto lleno de simbolismo, también encierra el "alpinismo generacional" de lucha contra el colonialismo norteamericano desarrollado durante 96 años por el pueblo panameño, igual que la odisea vivida por el general Omar Torrijos Herrera para cambiar el concepto de perpetuidad legado por el tratado del Canal de Panamá de 1903, por una transición de 23 años hacia la soberanía total que, por supuesto, estuvo llena de riesgos, jugarretas senatoriales, oportunismo político de la oligarquía istmeña y enormes inquietudes del "más grande estadista panameño del siglo XX".

Lo más probable es que la mayoría de los panameños pasaron inadvertido que, contrario al órgano legislativo panameño, que aprobó en un solo paquete ambos tratados -del Canal y el de Neutralidad- en los Estados Unidos se votaron de manera separada. Primero, el tratado de Neutralidad, y, segundo, el convenio del Canal de Panamá, con fecha fija de terminación.

En el primer ejercicio legislativo -votación del tratado de neutralidad- un desconocido e imberbe senador de Arizona, Dennis Webster de Concini, propuso una enmienda al pacto de neutralidad, "mediante la cual Estados Unidos tendría derechos para renegociar bases militares después del año 2000 y para intervenir militarmente en salvaguarda de la vía interoceánica y que el Senado aprobó por 68 votos a 32 -los dos tercios indispensables- el Tratado de Neutralidad, desnaturalizado por la enmienda de Concini".

Ello, por supuesto, puso al borde del precipicio lo pactado, llenó de angustia a Torrijos y al presidente Carter e "inquietó a los gobiernos latinoamericanos", al asomar las fauces imperialistas y neocolonialistas el "Norte revuelto y brutal".

Favorablemente, en marzo de 1978 en la segunda votación del Senado norteamericano, se introdujo "una reserva" a la enmienda de Concini, que elimina sus efectos, aprobada 73 votos a favor y 23 en contra y, textualmente, señala lo siguiente:

"De conformidad con su adhesión al principio de no intervención, toda acción que tomen los Estados Unidos de América en el ejercicio de sus derechos para hacer asegurar que el canal de Panamá permanezca abierto, neutral, seguro y accesible, de acuerdo con las estipulaciones de este tratado (del Canal) y el tratado de Neutralidad y las resoluciones del Consejo y consentimiento referente a los mismos, será con el único propósito de asegurar que el canal permanecerá abierto, neutral, seguro y accesible y no tendrá como su propósito ni será interpretada como un derecho de intervención en los asuntos internos de la República de Panamá o una interferencia de su independencia política y la integridad de su soberanía".

Queda claro entonces que se equivocan de plano quienes han señalado que la invasión del 20 de diciembre de 1989 se justificaba por el contenido de lo acordado en los Tratados Torrijos Carter. Lo que si constituye un acto de abierta violación del Tratado de Neutralidad, vigente, y de la Constitución de la República de Panamá, es el establecimiento subrepticio de bases militares extranjeras en territorio panameño, como la del Darién y el Centro Regional de Operaciones Navales (CRON) en las riberas del Canal.

Sin lugar a dudas, el costo político de la soberanía y de la independencia nacional no solo fueron contractuales; la "patria doméstica" también ha tenido que sufrir el retorno de las entelequias políticas y la caterva de politicastros corruptos -de viejo y nuevo cuño- que hoy, aprovechando la pandemia pretenden no solo robarse nuestros sueños de soberanía sino también los haberes del Estado.

Sin embargo, ni las maniobras anti nacionales y anti populares de la plutocracia, ni la traición de "la línea" por los militares, ni la "oligarquización" del otrora partido de Omar, pueden ensombrecer la portentosa hazaña del general Omar Torrijos Herrera frente al imperio más poderoso de la Tierra: cambiar perpetuidad por SOBERANIA TOTAL. ¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político.