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10 de May de 2021

Antonio Saldañaopinion@laestrella.com.pa

Opinión

¡La muerte!

“Ahora parece un cadáver al que todavía, no se le han muerto los ojos”

El pasado 17 de abril se cumplió el séptimo aniversario del fallecimiento de uno de los más laureados escritores latinoamericanos, Gabriel García Márquez. El mismo que en su autobiografía novelada (“Vivir para contarla”) escribió que Panamá fue una provincia “desmembrada de Colombia” para que los Estados Unidos fuera dueño del Canal. Obra que fue publicada en el año 2002, fecha en que el Canal y el territorio de la ex Zona del Canal había sido transferida totalmente -desde hacía cuatro años- a la República de Panamá. De suerte tal, que el “Gabo” fue un excelente escritor y un magnífico periodista, pero un desafortunado historiador. Pero esa es “harina de otro costal”.

Mi homenaje está dirigido a resaltar la ´narratología´ (realismo mágico) y, sobre todo, la “transtextualidad” (trascendencia textual del texto), particularmente, su hipertextualidad, es decir la relación que hay en su obra literaria, en este caso, su primera novela corta de realismo mágico, “La Hojarasca”, publicada por primera vez en 1955; con otra del mismo carácter o similar o como antecedente, “Mientras agonizo” de William Fulkner, 1930. En mi opinión, esta novela de tan solo cuarenta páginas es una obra maestra. En ella, tres personajes, en la de Fulkner son quince, interactúan generacionalmente (abuelo, hija y nieto) para contarnos la primera historia de Macondo, de cuando llegó la hojarasca (Las bananeras) y la muerte.

Tenía que ser un estupendo, mejor dicho brillante escritor para que en pocas cuartillas, mencionar en ciento tres ocasiones a la muerte, a muertos, a cadáveres y “amanecer tieso”, sin que ello le restara el brillo mágico a la obra. Sencillamente, espectacular. Los críticos literarios han dicho de la obra de García Márquez que es cultural, novela social, lo cual es muy cierto, sin embargo, también encierra una constante personal su relación con la muerte, su visión sobre la muerte.

A propósito de la vida y la muerte, el divo de Aracataca dijo: “La vida es una fuerza: la muerte, no. Sostengo con Faulkner que cuando las cosas van mal quizá todo está mal, pero el ser humano es indestructible. Como individuo, el hombre es mortal, pero como especie, es inmortal”. En efecto, el Gabo continúa inmarcesible recorriendo nuestras vidas azarosas, mientras silueteamos en pos del más allá. ¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político.