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29 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Nos faltan opciones...

Cuatro gobierno en democracia post invasión ya hemos tenido los panameños, pero parece que no superamos la pequeñez de la política criolla.

Cuatro gobierno en democracia post invasión ya hemos tenido los panameños, pero parece que no superamos la pequeñez de la política criolla.

Un ambiente plenamente enrarecido por un ya odiosamente largo periodo de campaña con miras al 2009, mantiene a la población bajo el sopor de las palabras fuertes, las actitudes mesiánicas de quienes consideran que tienen la última palabra en política, por supuesto, una palabra bendecida por Dios.

Da, como mínimo, grima la poca esperanza que tiene el pueblo panameño no inscrito en ningún partido político, e incluso muchos del pueblo humilde que están inscritos, con la oferta que hoy se baraja. Pues parecen estar en una especie de juego en el Olimpo, en donde el resto de los mortales sólo tiene el derecho a poner la alarma del reloj para que los despierte temprano el 3 de mayo para ir a depositar su voto, que sólo es sagrado en el momento en que se hace necesario. Pues una vez depositado, contado y definido el nuevo gobierno, los electores vuelven a quedar sin rostro ni valor digno de ser tomado en cuenta. Fuera del estricto periodo de elección, los electores no son “nadie importante”.

Si un simple mortal sale a decirle a los políticos que ya estamos cansados de sus insultos a sus rivales políticos, de sus enredos de recámara, que de tan larga la campaña ya es un irrespeto a nosotros, estos que “no somos nadie” para ellos, estos que tenemos que ir a votar para que ellos sigan en lo suyo, alguien se preguntará “¿y este (a) quién es?”, “¿a quién representa?”. Porque quienes, contradictoriamente, tenemos el poder del voto, no somos más que un voto y la única opinión nuestra que les interesa es esa, el voto que depositamos intoxicados por la campaña para recordar el pasado, por la campaña para desmeritar a los de siempre, por la campaña para quitarle la careta al que se dice la mejor opción de cambio.

Lo único bueno de la extensa campaña de que nos han hecho víctimas, o quizás deba decir, lo peor de ella, es que viéndolos a todos, poniéndolos en una balanza, o tratando de pasarlos por un tamiz, sentimos que la mejor opción es buscarnos otra opción. Y eso se desprende de lo generosos que han sido en bombardearnos con información en contra de sus adversarios, diciéndonos por qué no votar por el otro; sin embargo, no prestan atención a que quizás lo que queremos los electores es saber por qué debemos votar por cada uno de ellos. Pero están tan ocupados en fregarse los unos a los otros que olvidaron las propuestas reales, sostenibles, realizables.

O será que piensan que a quien queremos elegir el 3 de mayo es al menos malo. Probarán así que las campañas de desprestigio surten efecto para adormecer el intelecto, total, un pueblo consciente es lo que menos quiere alguien que gobierna.

Nos faltan opciones, pero no opciones que vengan a dividir fuerzas políticas para darle el triunfo a uno de los mismos, lo que necesitamos es una opción que aglutine, que sume y que, alejada de las actuales propuestas que sólo nos ofrecen circo, aunque sin pan —porque ya está muy caro—, nos traiga una propuesta de desarrollo en todos los sectores del país, sin ofrecer seguir con políticas paternalistas, que sólo sirven para mantener perennemente viva una campaña política.