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21 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

“Home Port”: otro gran reto

Nuestros antepasados concibieron que la suerte de este país estaría en su posición geográfica, dejando un océano de visionarias ideas qu...

Nuestros antepasados concibieron que la suerte de este país estaría en su posición geográfica, dejando un océano de visionarias ideas que fueron gradualmente definiendo nuestra vocación de tránsito y servicio, que enfrenta un nuevo reto que consiste en explotar al máximo esta legendaria ventaja competitiva.

Con la puesta en vigencia de la “Estrategia Marítima Nacional”, Panamá se abrió paso a una maratónica gestión que buscaba rebasar nuestra condición de puerto de destino para transformarse en “Home Port”; o punto de origen y llegada de cruceros. Hoy esto es una realidad acompañada de prerrogativas que van desde una mayor afluencia de transeúntes, incrementos sustanciales de la actividad comercial y una prometedora fuente de empleos directos e indirectos, todo ello en contraprestación de la calidad, eficiencia y seguridad que podamos ofrecer a quienes nos visiten.

Cuando escasamente dos meses nos separan de la puesta en ejecución de este mega proyecto, no es la culminación a destiempo de las obras civiles del terminal marítimo y la autopista Panamá – Colón lo que preocupa; ni que carezca de importancia el déficit de infraestructuras hoteleras para albergar la oleada de turistas semanales que se esperan o la inseguridad; lo que realmente me ocupa es no vislumbrar un cambio de actitud colectiva frente a una actividad que, además de ser un catalizador capaz de activar toda una cadena de servicios conexos, particularmente es una vitrina interactiva para la promoción de la imagen del país.

Estamos frente a una ciudadanía que se resiste a valorar en su justa dimensión el momento histórico que nos apremia, pues aunque suene drástico: somos un país de servicio que aún no termina de descifrar que dicha condición por sí sola no nos hace merecedores del aprecio y respeto de los demás, aún nos falta culminar nuestra más ardua tarea: aprender a servir. Para ello resulta mandatorio una transformación rigurosa de los esquemas y paradigmas que mayoritariamente nos caracterizan y perturban en nuestro ascenso hacia la excelencia. Adicionalmente se requiere una dinámica de conducción capaz de agregar valores a través de la oferta de productos que aún siendo comunes, estén aditivados de un ingrediente singular llamado calidad de servicio.

El balón está de nuestro lado, pese a los desaciertos, imprecisiones y falta de planificación de la ejecución de los programas de Estado, el gobierno esta vez hizo su parte interponiendo sus buenos oficios en la negociación de este logro, brindando capacitaciones y medios, reconstruyendo la infraestructura para el desarrollo comercial y turístico que se avecina; pero más que asumir el rol de espectadores, estamos llamados a ejercer el oficio de alfareros de nuestro destino. De cada uno dependerá enrumbarnos por la senda del éxito y la prosperidad o... llevar a cuestas el féretro del fracaso propio y de nuestras futuras generaciones, si no logramos realizar oportunamente los ajustes necesarios.