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24 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

A mi juicio

Para algunos panameños y panameñas con el anteproyecto N°. 442 sobre Salud Sexual y Reproductiva se podrá amainar la crisis, esencialmen...

Para algunos panameños y panameñas con el anteproyecto N°. 442 sobre Salud Sexual y Reproductiva se podrá amainar la crisis, esencialmente de valores, pero con efectos de enfermedades sexuales y de reproducción alarmante, que en el Panamá de hoy se vive entre la niñez y juventud, dramáticamente escolar, clase media y baja. El mencionado anteproyecto atenta contra la figura del padre y la madre en el hogar.

No es disminuyendo la figura paternal o maternal frente al hijo como el gobernante y la sociedad darán la solución que desde hace décadas hemos dejado escapar. La patria potestad, como principio constitucional, no hace sino reconocer y consagrar el vínculo espiritual, psicológico y material entre padres e hijos, a través de un conjunto de normas desarrolladas institucionalmente.

Es obvio suponer, porque todo cambia, que las realidades múltiples de la sociedad cambiante, plantean al panameño de hoy exigencias de renovación. Pero cuidado! Renovación no significa negación o desconocimiento de entidades morales y culturales que han tipificado la vida panameña.

La autoridad del padre o la madre no puede quedar desconocida, o disminuida por un diagnóstico médico o un cirujano. Como tampoco la tutela y el amor paternal o maternal deben quedar en entredicho por tratamiento de psicólogo alguno, siquiatra o ginecólogo por muy genial que sea. Pocos serán los educadores de hoy que a través de una educación en valores en el aula (colectiva o individual) podrán llegar al corazón de sus estudiantes.

Todas estas realidades vitales del niño o joven, Dios o la naturaleza (para el caso de ateo, agnóstico, cuentificista o materialista) las ha colocado en el hogar por muy humilde o encumbrado que este hogar sea. La ciencia es complemento de la vida. Nadie ni nada reemplaza a la buena madre o al buen padre, ni siquiera el Anteproyecto 442. Fíjense bien, señores diputados, en la Doctrina, Ley y Jurisprudencia del tema que les ocupa. No se equivoquen. Afiancen un buen porvenir para la patria.

Por otra parte, percibo en el Anteproyecto N°. 442 algo preocupante, es patético: El Artículo 10 de dicho proyecto deja una puerta abierta cuando se pasa de eliminar “las desigualdades de género” (que discriminan a la mujer en Panamá) y se “cuela” la “ideología del género” (tan en boga en Europa y en algunos países de América) y que institucionalmente permiten el matrimonio entre sexos iguales (homosexuales, lesbianas, pedófilos) y la adopción de niños y niñas inocentes entre ellos. ¿Este paso significa modernidad? Lo será para quienes por el ídolo del dinero, querrán convertir turísticamente al istmo, sus costas, islas y montañas (algunas ya vendidas) en tribunal de matrimonios pares y adopciones desnaturalizadas, un foco atractivo.

No sería extrañar... En el Istmo hoy soplan vientos fenicios... El dinero lo es TODO! Para ellos la moral y costumbres añejas de un pueblo, su cultura, su historia no significan nada en trueque de avaricia y ambición de poder y riqueza (que llaman globalización y modernismo). Cristo lo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no anda en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Y Nietzche: “di tu palabra y rómpete...”.