Temas Especiales

18 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Necesaria corrección

Algunos círculos políticos se han empeñado en convertir el tema ideológico en el eje de su campaña, para tratar de descalificar al adver...

Algunos círculos políticos se han empeñado en convertir el tema ideológico en el eje de su campaña, para tratar de descalificar al adversario. Es un grave error y conlleva potenciales peligros para el manejo futuro del país.

La situación internacional, en el mundo globalizado en que vivimos, se va tornando demasiado complicada y más temprano que tarde llegará a nuestro territorio. No pensemos que nuestra posición de neutralidad y el esfuerzo que se realiza para mantenernos en un punto de bajo riesgo nos han blindado de los conflictos que, todos sabemos, giran alrededor de nuestra pequeña y frágil nación. El ansia de poder de algunos sectores está inclinando el desarrollo pacífico del país hacia caminos que finalmente golpearán a los que más tienen que perder. De forma irresponsable quieren introducir el pánico político y el miedo como un elemento central de la lucha por el control del aparato estatal. La historia de los conflictos sociales que padecieron décadas atrás los países de la región, fueron generados por esa misma práctica de satanización del adversario, ocultando el hecho real de que existe una situación de desigualdad social y que el deber de los gobiernos es el de procurar superar los problemas de la pobreza y de la falta de participación y de oportunidades de sus poblaciones.

Somos un país que, gracias al actual gobierno, ha sabido transformar su imagen internacional y es visto por todos como una nación que camina, en medio de los conflictos, desarrollando y creciendo su potencial económico.

Que hemos llegado a un punto en que es necesario, en el próximo quinquenio, impulsar todo tipo de iniciativas para mejorar las condiciones de vida de su pueblo, como una necesidad de que ese desarrollo sirva y beneficie a las mayorías.

Si algo tenemos que ponderar del período Torrijista fue la habilidad de manejar una delicada situación de conflictos regionales, con una política de equilibrios basada en principios de participación y oportunidades. Los líderes de la oposición política y algunos de las llamadas organizaciones de la sociedad civil, que fueron directamente beneficiados de ese período y que hoy gozan de las fortunas que ese Torrijismo les ayudó a amasar, deben recapacitar su forma de promover sus campañas electorales.

Hasta ahora han logrado colocar en una posición defensiva la propuesta del partido en el gobierno. Pero eso no es el final. Llegará el momento en que ese discurso se puede voltear en contra de ellos mismos, pues la candidatura del PRD centra su discurso en los problemas sociales pendientes que tiene el Estado, no el gobierno de turno, hacia los más necesitados. No se les ha ocurrido pensar, a la oposición, que puede ocurrir que una sociedad llena de desesperanza y colmada de demandas termine por no importarle un comino el color del discurso, si este sirve para resolverle sus necesidades. ¿En qué escenario creen que se podrían encontrar?

¿Hasta qué punto sus ambiciones desmesuradas pueden llevarlos a arriesgar nuestros más sagrados valores al ser una nación neutral, pacífica, y con una imagen generosa de oportunidades para los ciudadanos del mundo? Estamos a tiempo de corregir ese error. De no ser así, como dicen nuestros campesinos, entonces, “que Dios nos agarre confesados”.