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24 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cinismo del gran capital

Hoy que la moneda, el capital, se engulle así misma, salen a flote aristas y matices que afectaron durante años a pueblos enteros alrede...

Hoy que la moneda, el capital, se engulle así misma, salen a flote aristas y matices que afectaron durante años a pueblos enteros alrededor del mundo; en nuestro caso a la América latina, esa que se encuentra en vías de desarrollo jalonada por la pobreza que le impide gozar plenamente de sus riquezas naturales.

Ahora que los nombres como, Meryl Linch, Lehman Brothers, AIG, Morgan Stanley, WaMu y Wachovia o Fanny May salen a relucir como las casas culpables de la quiebra de bancos y fortunas personales en el mundo.

Recuerdo cuán lamentable, doloroso y hasta penoso era cuando estas mismas casas hoy quebradas y perdedoras se atribuían el sacrosanto derecho de calificar el riesgo de inversión de cada país de la región.

La calificación de riesgo es la opinión “independiente, objetiva y técnicamente fundamentada” que ofrece una agencia calificadora a los inversionistas sobre la capacidad de pago de un emisor, se supone que este es el fundamento.

El emisor puede ser el Gobierno, una empresa o un banco que “emite” títulos que vende a inversionistas. Así obtiene recursos para sus proyectos.

Actualmente solamente hay tres empresas calificadoras de reconocimiento internacional: Standard & Poor’s, Fitch Ratings y Moody’s.

La calificación de riesgo es una herramienta para la toma de decisiones de los inversionistas, porque se considera una fuente de información y transparencia. Pueden ser a largo y a corto plazo, de acuerdo con el tiempo que la deuda se mantenga en el mercado.

Incluso idearon una escala AAA, AA, A: La triple, es la más alta calidad crediticia y se asigna únicamente en casos de una capacidad excepcionalmente fuerte para el cumplimiento a tiempo de los pagos.

En las otras dos, el emisor tiene una “muy alta” y “alta” capacidad, pero es vulnerable a los cambios.

BBB: Buena capacidad crediticia, pero ante cambios adversos puede ser vulnerable.

BB, B: Especulativo y muy especulativo. Hay probabilidad de riesgo.

CCC, CC, C: El riesgo de incumplimiento es alto. DDD, DD, D: Incumplimiento, y así... sucesivamente, para clasificar a los países y ahuyentar los capitales necesarios para el desarrollo de la región, muchas veces no por el riesgo real, sino por razones políticas engendradas allá, en el quebrado casino de Wall Street.

Recuerdo el malestar, el resquemor y hasta el miedo de los dirigentes de las distintas naciones latinoamericanas, cuando estas corporaciones emitían las famosas calificaciones, a veces inexplicables, dañando considerablemente la imagen de cada nación.

Hoy vemos la verdad, los peligrosos, riesgosos e irresponsables del manejo de los dineros de sus clientes no han sido los países latinoamericanos, que mal calificaban desde una butaca cómoda en Wall Street, sino ellos.

Los países de América latina que aprendan bien esta lección. Tomemos nota del sucedido y las consecuencias que todavía están por verse y sufrirse y... acertó el papa Juan Pablo II cuando les calificó de “capitalismo salvaje”, el tiempo y la reciente historia le ha dado la razón... ¡bendito sea Dios!