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29 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La guerra de la oposición

Yo lo pronostiqué hace algún tiempo. Los líderes de la oposición, no sólo no se iban a unir, sino que, por el contrario, se iban descart...

Yo lo pronostiqué hace algún tiempo. Los líderes de la oposición, no sólo no se iban a unir, sino que, por el contrario, se iban descartar entre ellos mismos, endilgándose toda clase de epítetos para tratar de afectarlos ante la sociedad, en una batalla campal de máscara contra cabellera, en la cual el espectador es el mismo a quienes ellos intentan conquistar para que les confíen el voto en mayo del 2009.

Como ya lo había analizado, el problema de ellos es que no quieren en verdad hacer patria, sino alcanzar el poder sacando del camino —de paso— al que consideran su enemigo mortal: el Partido Revolucionario Democrático (PRD). El cual, sin dejart de tener muchos señalamientos que son verdad y otros muchos producto del invento de sus rivales políticos, se mantiene a la cabeza de las preferencias del electorado. Y eso los tiene a punta de somníferos y lomotil en cantidades industriales.

Esta forma de ser o de pensar —aún no lo entiendo del todo— les ha llevado en la presente campaña a descuartizarse mutuamente, invirtiendo millones de dólares en propaganda sucia. Usando cualquier tribuna que les presten para acusarse entre sí de las peores actitudes políticas en el pasado o en el presente.

Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela —los principales candidatos opositores— no están escatimando gastos para apedrearse sin medida, a través de sus respectivas campañas propagandísticas o en cuanto foro les sea posible. El pobre Guillermo Endara habla en escenarios vacíos y destila un discurso desfasado que lo mantiene en el último lugar en las encuestas.

Contrastando espectacularmente con el discurso de la oposición que ellos encabezan, la candidata Balbina Herrera prosigue ecuánime y tranquila, haciendo lo que tiene que hacer: planteando propuestas a importantes segmentos del tejido social panameño en reuniones y actividades populares en medio de artistas, docentes, campesinos, jubilados, intelectuales y profesionales de toda índole, sin dejar de lado a un importante segmento del electorado que es la juventud, para plantearles y permitirles examinar su proyecto de plataforma de gobierno.

Esta sería la actitud que tendrían que desarrollar los opositores, en lugar de darse de puñaladas frente a un pueblo que ya está cansado de tanta inconsistencia argumental, pidiéndole su apoyo para mayo del 2009 sin nada que proponer, excepto hablándole mal del otro candidato de la oposición.

Estas campañas sucias son tan encarnizadas y absorbentes que hasta se han olvidado de la candidata Herrera Araúz, que sigue perfilándose sola como la más coherente de todos los aspirantes a la Presidencia de la Nación, haciendo lo que en realidad importa: abriendo su proyectada agenda de gobierno a todos los que quieran escucharla. Así las cosas, a finales del mes de octubre la oposición continúa perdida en sus rencores y en la atomización que ya había pronosticado antes. La unión hace la fuerza, pero la desunión conduce al fracaso.