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21 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Vale la pena ser político?

Llegamos a donde el pueblo poco le interesa, pero que los politiqueros añoran cada cinco años para pescar en río revuelto. Así veo la po...

Llegamos a donde el pueblo poco le interesa, pero que los politiqueros añoran cada cinco años para pescar en río revuelto. Así veo la política. Cuando ya mozo, con 17 años de edad, viví las amargas experiencias de una sociedad política cínica, desvergonzada, miope, sin moral ni plataforma social, cuya estrategia de motivación era sacarse los trapos sucios de lado y lado.

El país en 1968, vivió la peor de sus épocas políticas, los gamonales de la política repartían dinero, compraban cédulas, robaban urnas, vilipendiaban a toda persona honesta, se armaron hasta los dientes y consideraban a los ciudadanos como tontos útiles en una democracia que nunca existió.

Esos mismos gamonales, que el pueblo y la izquierda conoce como “oligarquía”, están nuevamente al asecho dispuestos con la misma táctica de sacarse los trapos sucios a jugar con nuestra identidad nacional.

Nada, para ellos, está bien en el país. El atraso que se vivió antes de 1968 y el desarrollo socioeconómico después de aquellos años, está sopesado por estos gamonales con falacias para confundir a la conciencia ciudadana, de manera que el balance resulte en que antes de 1968 todo fue bueno y después todo ha sido un desastre.

Torrijos, “el viejo”, tuvo razón al dar la lectura correcta a esos errores de la época, que puyó a los militares a dar al traste con las estructura de poder político en aquel momento.

Ese retorno no puede convertirse en la vía del Panamá del siglo 21. Ese ambiente, malsano de ayer, es un cáncer. La demagogia no es el modelo ejemplar para ataques ideológicos, que en vez de edificar destruye el sentido común del panameño.

Si en 1968, esa conducta terminó en un golpe de Estado y, la experiencia de los finales de 1989, en una invasión militar sangrienta por parte de los Estados Unidos de América, es suficiente para un alto y una reflexión de que hemos aprendido la lección. El pueblo no pone en peligro la democracia, quienes ponen en tres y dos al sistema político democrático son los pseudos dirigentes políticos, que aferrados a sus apetitos personales, mercadean uno a manos limpias y otros a manos sin callosidad laboral.

Quien no advierta ese peligro y envía mensajes equivocados piensa que la democracia nació el 20 de diciembre de 1989 para torcer el pensamiento nacional.

Aquellos que señalen a otro conciudadano, por tal o cual tendencia, y promueven el veto a su participación en el juego político responden con sospechas de una agenda oculta hacia una derechización, al estilo Roberto D'Aubuisson de El Salvador. Esas personas, no han interpretado correctamente a la mayoría de los panameños y no logran comprender la evolución histórica de libertad del país.

Están a tiempo para el correctivo y el compromiso con la patria.

Lo que los panameños reclaman es exposición de ideas, propuestas, diálogo, concertación y deseos de trabajar por el Panamá de perspectivas desarrollistas, con el concurso de los zurdos, los derechistas, los empresarios, los inversionistas, los estudiantes, los obreros y la clase profesional, hacia una consolidación de la identidad nacional y concepto de nación, que traiga desarrollo y prosperidad nacional para todos.