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27 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Crisis financiera

La burbuja financiera continúa desinflándose, dinamizando ahora nuevas perturbaciones; sobresaliendo las bancarrotas corporativas, exace...

La burbuja financiera continúa desinflándose, dinamizando ahora nuevas perturbaciones; sobresaliendo las bancarrotas corporativas, exacerbándose el desempleo y agudizando la desigualdad que puede parar en un inmenso descontento social, rompiendo los parámetros de la paz social.

Esto demuestra que el modelo neoliberal y su mercado abierto no pueden generar más y mejores ingresos y por consecuencia empleo; lo que implica que el Estado vuelve a protagonizar los parámetros económicos. Con atinado pragmatismo, dice Joseph E. Stiglitz: “Índices elevados de desigualdad, sobre todo como consecuencia del desempleo, pueden derivar en descontento social; es probable que aumente la criminalidad y se genere un clima que no sea atractivo para los negocios”. En fin, un cúmulo de interrogantes se generan sobre cómo funcionarán los mercados de capitales, donde el Estado tendrá un rol protagónico en prácticamente todos los instrumentos relevantes de crédito y liquidez. La estatización de las jubilaciones privadas, bancos, productoras eléctricas, petroleras, lo más dinámico de los sectores clave de la economía y del mundo pasarán a engrosar los activos del Estado.

Esta crisis compromete la solvencia de las principales entidades financieras, interrumpió las operaciones interbancarias y alteró las corrientes de crédito para el funcionamiento de las transacciones económicas. A la vez, la drástica caída de la riqueza virtual expresada en los valores de las acciones y los activos financieros, genera un cuadro de incertidumbre y disminución del consumo y, en consecuencia, en la inversión y el comercio internacional. El único componente de la demanda agregada no deprimido por la crisis es el gasto público. En promedio representa, un 40% del PBI y constituye para el economista, Lord Keynes, el instrumento decisivo que están empleando las gobiernos de las principales economías para rescatar del caos al mundo dinero y para sostener la demanda efectiva y evitar una contracción generalizada de la actividad económica y el comercio internacional.