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06 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

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¿No hubo panameños?

Días atrás se celebró en Panamá el Tercer Concurso Internacional de Piano, de alto nivel y calidad profesional, con la participación de ...

Días atrás se celebró en Panamá el Tercer Concurso Internacional de Piano, de alto nivel y calidad profesional, con la participación de jóvenes talentosos, incluyendo a los que no ganaron. Para mí todos eran ganadores.

No había, desafortunadamente, ningún panameño compitiendo, ni para las preliminares. ¿Por qué esta ausencia lamentada por el profesor Jaime Ingram (organizador del evento), quién dedicó este tercer concurso precisamente a nuestra talentosa juventud?

Conversando con varias profesoras de piano, una comentó que sí hay talento en los jóvenes (obvio), sí hay disciplina (aquí dudo un poco), pero falta estímulos, y una parte está en los mismos padres al poner sus hijos en tantas actividades que no queda tiempo para estudiar piano. Primero está el karate, el béisbol, el ballet y, sobre todo, la escuela. Me dicen otros profesores de piano que, generalmente, sus alumnos también son excelentes en la escuela. Y es que hay una relación entre la música “culta” y el desarrollo de la inteligencia, la disciplina y la concentración, esenciales para un buen desempeño en los estudios, hecho investigado por sicólogos. Incluso se habla del efecto Mozart y del efecto del barroco sobre fetos y niñitos... El piano es como un deporte: mientras más se practica, mejor se hace el atleta o el pianista. Recordemos al campeón olímpico Phelps quien practica natación un montón de horas diarias.

Otra falta de estímulos se encuentra en nuestro medio, que bombardea a la juventud con el raeggeton y similares, con música estridente. A la música culta (“clásica”) no se la promueve. ¿Cuántas emisoras radiales y programas de televisión le dedican espacio a la música “culta”? ¿Cuántos concursos nacionales de piano tenemos al año? Si queremos algo en el Cable, tendríamos que pagar extra. En cambio, el deporte es más importante y viene con el “paquete”.

Con este instrumento tan exigente, el ejecutante se encuentra sólo con un piano que generalmente no es el suyo. Cualquier otro instrumentista generalmente trae consigo su instrumento, más no así el pianista. También, por tradición y por necesidad, las obras se ejecutan de memoria. El ejecutante no puede presentarse con partituras, así que es esencial una memoria estructural, digital, y auditiva. Una memoria fotográfica es lo deseable y lo usual. Además debe estricta fidelidad a todas las notas del compositor: no hay lugar para improvisar o para inventar, pues esto no se premia... Su única libertad es la interpretación, pero... ciñéndose al período (barroco, clásico, romántico, impresionista, contemporáneo). El pianista debe tener una técnica impecable, ser perfeccionista y sentir la música apasionadamente. Además de controlar los pedales, como si esto fuera poco, tiene que controlar el pánico escénico, el enemigo que pone los dedos temblorosos, las piernas de trapo, la visión borrosa y que, a veces, ataca inmisericorde a la memoria y a la concentración.

En Panamá el tiempo que un joven podría invertir practicando, lo pasa atrapado en algún tranque vehicular, o en actividades a las cuales se le obliga a participar.

Esperemos que esta situación mejore muy pronto, para que tengamos nuestro primer representante en un concurso internacional de piano como el que acaba de pasar y ¿por qué no? Un ganador.