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05 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

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Política y comunicación

En mayo escribí sobre “El nivel de la propaganda política”; me confesé “intolerante” y subrayé que “me displace sobremanera el tiempo, e...

En mayo escribí sobre “El nivel de la propaganda política”; me confesé “intolerante” y subrayé que “me displace sobremanera el tiempo, esfuerzo y recursos que se derrocha en la contienda política, tantos meses antes de las elecciones generales de mayo de 2009”.

También sugerí que el periodo de proselitismo político no durara más de seis meses, ocho a lo sumo.

Gracias a los medios modernos de comunicación, a las once de la noche hora de Panamá del martes 4 de noviembre, el mundo entero vivió — posiblemente — el momento histórico de mayor importancia en este principio de siglo: el anuncio de la victoria de Barack Obama como nuevo presidente de los Estados Unidos.

Hace tan sólo 30 años, las diferentes regiones del globo se hubieran enterado en la medida en que la tecnología del momento, ante todo los diarios y periódicos de cada región, pudieran difundir la noticia.

Las trasmisiones vía satélite por radio, televisión y la televisión por cable han facilitado la inmediatez de la información y alcanza una población más extensa.

Una de las cosas que la contienda electoral de los Estados Unidos dejó bien claro, fue el poder de los medios de comunicación y su rol en la difusión de la realidad de los candidatos, de las campañas y de sus acompañantes.

No me refiero a la publicidad; poses, adornos y maquillaje. Me refiero a los candidatos en su voz y su tono. En directo y sin editar.

La gobernadora Sara Palin fue presentada al mundo el 27 de agosto como compañera de fórmula del candidato John McCain. Entre el 27 de agosto y el 4 de noviembre, median diez semanas.

Fue suficiente tiempo para que el pueblo estadounidense determinara — incluso gran parte de la intelectualidad política del Partido Republicano — que Palin no reunía las calificaciones para ser vicepresidenta, mucho menos presidenta de los Estados Unidos en el caso de tener que relevar a McCain.

En esas diez semanas, el trabajo de los medios fue determinante. Investigaron y resumieron los aspectos más relevantes de la vida de Palin. Presentaron sus concentraciones y sus discursos.

Mostraron su preparación, su intelecto político, social y cultural y sus reacciones ante situaciones inusuales y repentinas de carácter nacional e internacional.

En esas diez semanas estalló una crisis financiera que aún no se resuelve. Hubo tres debates entre McCain y Obama y uno entre Palin y el candidato a vicepresidente por los demócratas, Joe Biden. A la gobernadora la pasearon por las Naciones Unidas. Tuvo varias entrevistas con periodistas de renombre. Gastó más de 150 mil dólares en ropa para ella y su familia en tiendas exclusivas.

En esas diez semanas también fue absuelta de responsabilidad en algunos asuntos legales en Alaska.

¿No creen entonces que efectivamente, en Panamá, se ha gastado demasiado dinero y recursos en estos últimos dos años y que medio año es más que suficiente para examinar a los que quieren dirigir la Nación?

La publicidad ha hecho que nuestros medios formen parte de la cadena económica de las contiendas políticas — muy lucrativo por cierto — y será muy difícil, a pesar de que muchos candidatos reconozcan lo largo y costoso de las mismas, que nuestros medios redefinan sus objetivos para contribuir con el desarrollo social y cultural de la Nación.