Temas Especiales

27 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Contradicción y nostalgia

Algunas semanas atrás, escribí un artículo describiendo mi dilema con el uso del “turismo” como elemento principal del desarrollo económ...

Algunas semanas atrás, escribí un artículo describiendo mi dilema con el uso del “turismo” como elemento principal del desarrollo económico nacional. Expliqué que no soy xenófobo ni anti-turista, pero sí temía la posible pérdida de nuestro país y el precio sicológico y cultural que posiblemente nos costaría. Hoy deseo compartir el huracán de emociones — algunas contradictorias, problemáticas y nostálgicas, que me azotan.

Fui de paseo por la provincia de Colón —no a Bocas del Toro ni a la península de Azuero. Para no crear la posibilidad de alejamiento temático ni conceptual de esta pieza, no divulgo el lugar preciso. Deseo describir y enfocar lo que, para mí, es de suma importancia como panameño nacionalista.

Desde mi cabaña, como a 50 metros de la bahía, me senté, con cerveza en mano, disfrutando de este retazo de paraíso panameño.

Enfrente de mí, una flotilla de yates, que luego supe era de extranjeros; también una isla cuyo verdor de esmeralda resplandecía bajo los rayos de un sol bravo, brillante y bello. Me sentí orgulloso del regalito que nos legara Dios. De pronto apareció un pequeño ejército de turistas. Caminaban, casi en unísono, luciendo el vestuario tradicional. Los observé con ojos y oídos clínicos. Hablaban en español e inglés. No eran gringos. Pensé que eran belgas u holandeses. Supe luego que entre ellos había israelíes e italianos. No aparentaban ser arrogantes, pero sí conocedores de lo valioso de todo lo que los rodeaba e intentaban poseerlo. Más tarde llegaron otros en lanchitas a comer en un restaurante cercano. Me enteré de que algunos eran dueños de cabañas y casas contiguas a la costa. Al observarlos pasar, en medio de tanta belleza, me sentí nostálgico y triste. ¡Ellos disfrutaban de lo que Dios nos había dado y, sin embargo, la gran mayoría de mis paisanos carecían de los recursos y la visión para disfrutar de esta preciosura.

Me acordé de que en mi juventud yo nunca entendí lo bello de nuestras costas, cordilleras, valles y ríos, prefiriendo los centros urbanos con sus edificios de concreto y acero y la cultura que nos llegaba empaquetada de afuera. ¡Qué ignorante e ingenuo fui! Hoy los turistas con sus ‘jeans’, bolsas sobre los hombros, zapatillas — algunos descalzos, han comprado parte de nuestra herencia y patrimonio.

Como creyente en la existencia de un Creador y de la igualdad innata de los seres humanos, no puedo con consciencia negarles el derecho de disfrutar de Panamá, pero sí creo que no debiera ser permitido que lo acaparen como si fuera suyo, sin que el Estado reciba un valor compensatorio. Mi deseo y esperanza es que nuestra juventud no pierda conocimiento ni consciencia de quién es ni quiénes somos; que intente recobrar y controlar nuestro patrimonio histórico.

Hemos tenido una larga historia en la cual no fuimos dueños de nuestra patria. Me parece que sería traicionar la memoria de nuestros mártires si volvemos a empeñar nuestra soberanía.

El que quiera que sea nuestro futuro mandatario(a) tiene que encontrar la manera de mantener un equilibrio entre desarrollo económico y la venta absoluta de la patria. ¡Panamá es más que un centro turístico! ¡Tenemos mucho más por desarrollar!

-El autor es escritor y docente residente en Nueva York.cerussman@yahoo.com