05 de Dic de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cuidemos el Home Port

Recientemente zarpó del puerto de Cristóbal un crucero con dos mil despreocupados turistas que allí se embarcaron, dispuestos a pasearse...

Recientemente zarpó del puerto de Cristóbal un crucero con dos mil despreocupados turistas que allí se embarcaron, dispuestos a pasearse durante varios días por aguas caribeñas para disfrutar de las atenciones de una tripulación preparada para hacerles gozar de una singular experiencia hedonista.

Esta fase del turismo de cruceros, que da sus primeros pininos en Panamá, merece algunos comentarios y advertencias.

El concepto de “home port”, que no tiene traducción precisa al español, implica que el viaje de placer comienza y termina en el mismo puerto. No se trata de una parada intermedia en el itinerario para permitir que los pasajeros desembarquen por un rato, tomen fotos con los nativos y compren algunas chucherías locales; se trata que aquí se hace el abordaje inicial de todos los pasajeros, aquí desembarcan todos al culminar la travesía y aquí la nave se prepara para iniciar su nuevo recorrido con nuevos pasajeros.

Las implicaciones de esta nueva actividad son importantes para los panameños. Si un solo crucero mueve más de dos mil turistas que se embarcan un día y desembarcan al cabo de una semana (o menos), son dos mil turistas que llegan al país preferiblemente un mismo día y salen a la semana (o menos), por un aeropuerto internacional. El papeleo en el aeropuerto debe ser rápido sin sacrificar eficacia; el traslado a la ciudad debe ser confortable y seguro, en medios de locomoción cómodos y modernos; cuando sea necesario pernoctar en hoteles, el alojamiento debe estar asegurado, cumpliendo con estándares internacionales mínimos; el viaje transístmico de ida y de regreso, al culminar la travesía marítima, no debe encontrar tropiezo de ninguna índole. Todo ello exige excelentes vías de comunicación que permitan el tráfico fluido del aeropuerto a la capital y de ésta al puerto. Estas exigencias se multiplicarán cada vez que nuevos cruceros hagan de Cristóbal su home port, como sería deseable. Los funcionarios públicos y la empresa privada deben aprender a “despachar” más de dos mil turistas en brevísimos períodos de tiempo, con eficiencia y cortesía.

Las bondades para la economía serán evidentes. Aumento de ocupación hotelera y servicios conexos, aumento de transporte de turistas, aumento de derechos por utilización de puertos y aeropuerto, aumento de ingresos por tarjetas de turismo, aumento de compras en el comercio local, aumento de posibilidad de empleo para tripulación panameña. Pero además nace la oportunidad de satisfacer el avituallamiento de las naves con productos de origen local: toda clase de productos del agro panameño que deberán llenar requisitos mínimos en calidad y cantidad suficiente, así como otros artículos para el confort y seguridad de los pasajeros.

Todas estas maravillosas posibilidades se pueden ir al traste si permitimos que se vea afectada por la ola delincuencial que nos ahoga. La erradicación de la inseguridad callejera, un férreo control de ingreso para prevenir potenciales actividades terroristas a bordo de las naves, y medidas que garanticen a bordo la salud de los pasajeros, serán delicadas responsabilidades que deberemos asumir para evitar que, por nuestras fallas, se pueda deprimir la demanda y se ahuyenten las empresas navieras, frustrando un prometedor futuro. Ojalá que así no sea.

-La autora es diputada de la República por el nuevo Circuito 8-7.mireyalasso@yahoo.com