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22 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¡Feliz año nuevo 2009!

Celebramos con gran optimismo el advenimiento de un nuevo año. Le deseamos a toda la Nación panameña un feliz año 2009. ¡Que en el nuevo...

Celebramos con gran optimismo el advenimiento de un nuevo año. Le deseamos a toda la Nación panameña un feliz año 2009. ¡Que en el nuevo año todos sus anhelos se vean colmados y que la paz y la prosperidad reinen en todos sus hogares como una merecida compensación divina!

Porque el año pasado (2008) resultó en extremo calamitoso: durante el curso de su estación de 12 meses, panameños y panameñas experimentamos acciones de toda índole: políticas, sociales, económicas, culturales y por desastres naturales (la profunda crisis educativa y de salud, la inseguridad ciudadana, asaltos y robos a bancos y residencias particulares, el incremento del narcotráfico y del crimen organizado, aumento descomunal del combustible y del costo de la vida, la tragedia del SAM 100, el cuarto cambio de ministros: en Educación y en Gobierno y Justicia, y también por cuarta vez, el cambio de director de la Policía Nacional, el escándalo del FECE y del DMG, la exclusión de Panamá de las preferencias arancelarias con la Unión Europea, inundaciones y deslizamientos de tierra en la capital y el interior, el desbordamiento de los ríos en Chiriquí y Bocas del Toro, dejando una estela de muerte, desaparecidos y destrucción, los constantes cierres de calles, las muchas manifestaciones públicas de protesta ciudadana, etc.

En nuestros días, la gente por lo general pareciera acostumbrarse a los males sociales que padecemos y mira con gran pasividad e indiferencia la caída de los valores morales; la disolución de todas las jerarquías; las olas de violencia, crímenes, robo y proliferación de vicios que llevan tragedia a los hogares; la falta de respeto y consideración por la persona humana, por la libertad y el pensamiento; y, sobre todo, el dogmatismo o sectarismo y el egoísmo que pretenden aplastar al sentimiento y la razón. Estamos llegando a extremos tales, que hasta el desaliño en la persona y en el vestir, la grosería en el hablar, el servilismo, el culto a la personalidad, la rudeza en el trato y la agresión verbal constituyen carta de pase en grupos que sustentan la tesis de la destrucción de todo cuanto ha logrado el hombre en el orden moral, de hábitos y actitudes deseables, de honradez y de comportamiento humano en los siglos transcurridos de su existencia.

Cada día es más difícil. La actividad competitiva se torna un tanto despiadada y cruel; nos acosan la suspicacia y el descreimiento. Nos tientan solicitaciones contradictorias, las que parecieran querer destruir lo más íntimo del yo que queremos que sea insobornable. Pero es aquí, precisamente, donde cobra mayor importancia el proceso de la educación, puesto que se trata de un estudio de correlación entre medio y hombre, es preciso no olvidar al hombre. Pero eso sí, no de la simple instrucción elemental ni de la formulación de reformas educativas de orientación populista; sino de la educación como formación integral, moral, física, intelectual; de la educación como humanización del hombre, como único medio de dignificación moral y de emancipación económica y, a su vez, de incorporación plena en la actividad del espíritu y en la solidaridad humana. Ofrecemos estas meditaciones a nuestros conciudadanos (gobernantes y gobernados), a los candidatos a la Presidencia y demás puestos de elección popular, para que las analicen en el presente año. ¡”Año electoral” por añadidura, con su secuela de incertidumbre y de esperanzas!

- El autor es pedagogo, escritor y diplomático.socratessiete@gmail.com