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21 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Para limitar la democracia

Recientemente, el candidato Ricardo Martinelli dio a conocer su plan de gobierno al pueblo panameño. Se trata de una propuesta, que reco...

Recientemente, el candidato Ricardo Martinelli dio a conocer su plan de gobierno al pueblo panameño. Se trata de una propuesta, que reconoce las virtudes de diversas iniciativas de impacto social que ha venido impulsando y promoviendo la actual administración del presidente Torrijos, verbigracia, la red de oportunidades, el programa de desarrollo comunitario y recién el programa Compita.

Además, muchas de sus propuestas en el plano de lo social popular son aspectos donde el gobierno del PRD ha dado pasos enormes, como los relativos a becas, empleos. capacitación y salud. En lo que va de esta administración, se han otorgado más de 183,000 becas; 200,000 nuevos empleos ha generado el crecimiento económico y hace poco el presidente entregó el certificado número 500,000, cifra de panameños que se han formado y capacitado para insertarse en el mercado laboral. Resulta evidente que a la candidatura de marras, por falta de creatividad e ingenio, no le quedó otra que montarse en un plan de alcance social, cuya autoría y desarrollo es el que ha venido implementado el gobierno progresista de Torrijos, y que con mayor grado de coherencia contiene el programa de Balbina Herrera y que diseña la arquitectura de un Estado moderno, en una democracia donde la participación ciudadana constituye uno de sus ejes, en las perspectivas de bien común y soluciones para las mayorías.

Las organizaciones de la sociedad civil deberían estar preocupadas con el plan de Martinelli; el mismo evita toda alusión al concepto de la participación ciudadana; evade los compromisos de la concertación nacional; soslaya cualquier compromiso con las organizaciones de trabajadores; no dice nada sobre libertad sindical; evade la carrera administrativa; y lo más grave pretende una reforma fiscal dirigida a debilitar los ingresos del Estado y su proyección social, que afectaría su capacidad de dar equilibrio a la sociedad. Es un plan para gobernar desde arriba, sin la intervención de los interlocutores sociales que hacen parte de la democracia, lo que perfila modalidades propias de regímenes autoritarios. En dicho plan se señala que habrá reformas constitucionales sin decir cuáles. El pueblo panameño no está para dar un cheque en blanco tratándose de las reglas del juego democrático.

* Abogado. ramiroguerra50@yahoo.es