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23 de Ene de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La Tuli, los locos y la conciencia nacional

Los Jesuitas siempre le dieron gran énfasis a la conciencia nacional, y que con el servicio social, percibiéramos de forma directa las r...

Los Jesuitas siempre le dieron gran énfasis a la conciencia nacional, y que con el servicio social, percibiéramos de forma directa las realidades del campo. Para la juventud que vive la “rumba, zamba, mambo” y cuya “meca” eran los carnavales, invertir un mes de nuestra sagrada vacación de verano, no era exactamente parte de nuestros intrínsecos anhelos. En 1977 nos tocó en las montañas de Coclé, donde Rambo hizo su entrenamiento Panajungla. Por supuesto, sin electricidad ni agua potable. De las letrinas salían escorpiones y murciélagos, de noche se iba solo por extrema necesidad, con la linterna en una mano y el crucifijo en la otra. Gracias a Colgate y a un error en la logística de suministros, nuestros dientes se hicieron más fuertes. Solo tasajo por días. Por simple supervivencia se endurecían tus colmillos. La expresión “carajo! otra vez tasajo” ya era queja comunal.

El río más cercano estaba a tres kilómetros y cuando nos aseábamos, para el regreso ya estábamos sucios, el que no se secaba bien, con la brisa y el polvo quedaba como estatua de barro (mejor, de este material no se las roban). Por la natural amabilidad campesina nos invitaron a una fiesta (ya era hora). En oscuridad total, caminamos una hora a no sé dónde. Rancho, acordeón, tambor y un Pavarotti nacional. Trago de lujo: Seco Herrerano a pico de botella. La verdad nadie extrañó el hielo, porque en esa montaña faltaba poco para nevar. También había chicha fuerte, pero yo no era tan fuerte como para probar esa “dicha”. Saloma, típico y una especie de danza apache (como en las películas).

A mi quinto seco, un campesino me dijo: “La matrona quiere bailar contigo”, me puse pechón “¿La Madona quiere bailar conmigo?!, estoy chiquito, pero la pego” y cuando volteé, no pude gritar, hasta el seco se paralizó dentro de mí. Recordé la canción de Menudo, “Era más alta que yo.. y yo no bailo”, de hecho era inmensa en todas las direcciones, de frente parecía traer un mataburro. “Yo no bailo”, de hecho ya estaba petrificado. Pero un Judas me empujó y me impacté con aquella pared de carne, parecía una curita en la panza de Godzila. Frente a la adversidad, debía ser positivo, recordé que alguien decía “si no es agraciada, concéntrate en su sonrisa”, pero no podía.. era bocacha. Estaba empezando a perder el conocimiento y no era por el guaro, las apretaditas me estaban desprendiendo hasta el cabello. Ante el más cercano encuentro con un eslabón perdido de no sé qué rama zoológica me arrepentí de no haber tomado chicha fuerte.

Solo quedaba hacer lo que nunca falla.. rezar.. y recé como loco (y es que los locos somos más, por eso nos escuchan). Gracias Dios! Salieron al rescate, so pretexto de regresar con el coordinador espiritual, lo cual era atinado.. de mí solo quedaba el alma.. mi cuerpo quedó tatuado en la Tuli. Y dicen que no existe! Eso sí, es “100% hecha en Panamá” pa’ orgullo nacional, no hay King Kong o HellBoy que se le compare.

Nada pudo opacar el aprendizaje de aquel mes. Vivir todo tipo de necesidades y compartir la calidez de nuestra gente, no tiene precio. Definitivamente, se abre tu mente.

Ah!, el grillete de la corrupción. Bueno, algún día aprenderemos que el modelo a seguir no es “el juega vivo” y que la verdadera inteligencia viene de la humildad y de la cooperación como vía para el bienestar y la convivencia. ¿Fuiste decente? ¿A cuántos ayudaste? preguntas sencillas, pero difíciles.. cuando saldemos cuentas.. ni los yates, mansiones o Mercedes Benz tienen valor alguno. ¿Cómo hemos sobrevivido por estos últimos 5 años? Gracias a Dios, que nos envió la billonaria inversión extranjera y que Saladino, Margarita Henríquez, los Rabanes (Grammy), los logros del boxeo nacional y la Copa de Oro han mantenido la moral a flote. No merecemos una nueva pesadilla. Sólo miren a Cuba y Venezuela.. ojo, porque a quién muchos llaman Chalbina Murcia, tiene la misma tendencia en su corazón.

Martinelli y Varela económicamente acomodados, tienen esa honestidad y calidad humana necesarias y se han convertido a sí mismos en un servicio social en el país. Más importante aún, tienen la capacidad y la intención de hacer las cosas bien. Ojalá, los indecisos puedan apreciar la oportunidad que tenemos para cambiar toda la arrogancia y corrupción que hoy nos consume. Hay que seguir combatiendo la corrupción. Hay que votar! Mis respetos.. Otro loco.

-El autor es abogado.harrydiaz@cableonda.net