06 de Oct de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Jesús y yo

Hace seis años atrás estaba sentado en una banca cerca del edificio de la Lotería Nacional de Beneficencia, pensando qué haría, pues en ...

Hace seis años atrás estaba sentado en una banca cerca del edificio de la Lotería Nacional de Beneficencia, pensando qué haría, pues en ese momento había sido despedido de mi empleo por ajustes financieros en la empresa.

En esos instantes, como toda persona, me sentí paralizado, padecía el miedo escénico de esta gran obra que se llama vida.

Estaba cabizbajo, alzaba la mirada para ver qué podía caer, una idea o algo por el estilo; de repente un señor de tez morena se sentó a mi lado, me dio los buenos días, pues, eran las once de la mañana; él empezó a hablar. Me dijo que en su juventud estuvo involucrado en drogas, robos, era mujeriego y que incluso llegó a estar en la cárcel. Lo que más me sorprendía era la tranquilidad con la que me hablaba sobre esta etapa de su vida y como si estuviese leyendo mis pensamientos agregó: “sabes, hijo, todo eso que viví era necesario, pues si no lo hubiese vivido, no sería el ejemplo vivo de que hay esperanza”.

De pronto me preguntó: “¿tienes algún problema?”, en verdad mi rostro reflejaba todo tipo de emociones encontradas, y le dije lo que me sucedía. Este señor me tocó el hombro y mirándome fijamente me dijo: “eso que te ha pasado es necesario, sólo pídele ayuda a Jesús, Él me ayudó a mí a salir de un mundo maligno y de situaciones peores, ¿cómo no te va a ayudar a ti?, y no creas en esas cosas que no son de Dios, eso al final del camino te cobra mal”.

Este señor se levantó al decirme esto y se fue, no lo he visto más, pero le hice caso y conseguí un empleo en el momento justo, mi vida mejoró mucho y lo mejor de todo es que ante los problemas y adversidades no me dejo amilanar, los veo como necesarios para crecer, como parte de la vida.

Desde ese día aprendí que no estoy solo, Jesús envió a ese señor para dar una voz de aliento y señalarme a quién debía acudir en momentos de alegría y adversidad.

Comparto esta experiencia de mi vida en vísperas de la Semana Mayor. Es mi retribución por Aquel ser enviado y muerto en la Cruz que me ayudó mucho con su mensaje y que a cada momento nos pide ser su amigo, y créanme, Él nunca falla.

-El autor es administrador de empresas.nino26880@gmail.com