26 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Y cuáles deben ser los cambios?

Lejos de pretender y menos poder, imponer criterio alguno les ofrezco para su examen la siguiente aportación.

Lejos de pretender y menos poder, imponer criterio alguno les ofrezco para su examen la siguiente aportación.

Aunque es inoportuno cualquier comentario acerca de la prematura gestión o nombramientos anunciados por el señor Ricardo Martinelli para su equipo de gobierno, porque no han tomado posesión, si yo fuera él, me hubiese abstenido de iniciar nombramientos en los cargos y a la forma del continuismo. Este no sólo lo representa un equipo de gobierno que en momento alguno ignoró mejorar las cosas; el continuismo significa continuar con las mismas estructuras ideológicas materializadas con los peores caprichos legislativos y que han desembocado acumulativamente en la pirámide de privilegios e injusticias que estructuran nuestro ordenamiento político social producto de la más inconsulta e inarmónica acomodación de intereses a través de los años y en función sólo, de los que más tienen.

Un político de visión y su equipo tiene que darse cuenta el porqué de tantos males o al menos inquirir cómo se llegó a esta situación. Todos sabemos que el poder Ejecutivo concentra exagerados, como costosos, privilegios que impiden a la opinión y mucho más a la voluntad popular alguna participación en la solución de sus propios males.

Un gobierno para el pueblo puede iniciar siendo dirigido nuevamente por un grupito, pero ese grupito debe tener presente el servicio y el proyecto prometido al pueblo, que es la devolución de su real soberanía. Esta última implica el poder fiscalizar muy de cerca la Cosa Pública y la actuación de cada funcionario y para ello es necesario abolir la telaraña jurídica de privilegios, prerrogativas, inmunidades, excesos e inequidades, retornando al pueblo sus atributos naturales al ejercicio soberano a sus intereses colectivos. Esto significa aclarar que los políticos le han robado al pueblo todas sus libertades, todas sus atribuciones y se las han apoderado ellos para beneficio de sectores exclusivos que habitan la cúpula de la impunidad apadrinada por cada órgano del Estado.

Yo no hubiese repartido sillas ni puestos, yo hubiese iniciado una escudriñada búsqueda de los sectores verdaderamente representativos para escucharlos e invitarlos a expresarse, a fin de encaminar las transformaciones e implementar los modelos que darán pie a la construcción de una nación enfilada a la educación integral para su autodesarrollo y la solidaridad de entre sus nacionales.

El vicio de cambiar a unos y sentar a otros en la inmundicia institucional caracterizada por la arbitrariedad e ineficiencia, no soluciona absolutamente nada y por el contrario dificulta la posibilidad de depurar desde adentro, mientras se pierde la visión de un objetivo demasiado prístino y ambicioso como planteamos. Estos nuevos funcionarios quedarán sumergidos y trabajarán con las mismas herramientas e incomodidades que la falta de civismo ha concedido a cada institución y que de nada han servido. El problema conocido es que las cosas vienen mal y que los males a la fecha son un cúmulo de vicios apilados “democracia” tras “democracia” en el perenne despilfarro de poder y privilegios que tanto han costado a nuestra sociedad y de los cuales sólo han lucrado políticos y perniciosos comodines.

-El autor es abogado.jcpastor1622@hotmail.com