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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Recuerdos de Educación

Atender en una abarrotería (tienda), era la actividad que desempeñaban mi padre y mi madre, y con la cual lograron educarnos a mi herman...

Atender en una abarrotería (tienda), era la actividad que desempeñaban mi padre y mi madre, y con la cual lograron educarnos a mi hermano y a mí, en Villa Rosario de Capira.

Recuerdo que se levantaban a las cinco de la mañana para preparar todo lo concerniente a la venta, se abría a las seis de la mañana hasta las nueve de la noche de domingo a domingo. Mi madre era multifuncional, hacía el café, y preparaba el desayuno, almuerzo y cena, para todos, porque contaban con empleados e igualmente atendía cuando se llenaba el negocio.

Recuerdo que de niño habían días en que me levantaba con ellos a trabajar y otros me ponía a pesar maíz y arroz para la venta; a mi hermano y a mí nos encantaba cuando llegaban los viernes, era el día de mercado, se salía a las cinco de la mañana a comprar todo lo concerniente a verduras, vegetales, frutas, granos, plátanos y siempre terminábamos desayunando en una pequeña fonda en La Chorrera (antigua Marcelita).

Todo esto lo hicimos igualmente estudiando, con el apoyo en tareas hasta segundo grado por parte de mi madre, de ahí en adelante debimos estudiar solos; y qué decir de la disciplina y valores que nos inculcaron, había reglas básicas, tales como: “lo que no es suyo no lo coja”, “respete, para que lo respeten”, “no se meta en conversaciones de adultos”, “a los adultos se les dice usted”; incluso recuerdo que nos decían “nada de tú, no somos iguales, se dice usted”, a esto lo veo ahora como la distancia sana del respeto.

Cuando llegaba una visita, saludábamos y una mirada era suficiente para salir del escenario y dejar a los adultos en sus cosas y nada de contestar groseramente ni mucho menos hacer espectáculos en público. Al final, las reglas eran claras, nos hablaban tres veces, si no había disposición de cumplir, el “tío moreno llegaba”.

Al recordar todo esto sonrío, pues, viví, al igual que muchos, en un época en donde el respeto se traducía con hechos, y que estoy seguro sirvió para enderezar el camino de muchos que hoy somos gente de bien; más amar y respetar a mis padres no puedo, no he tenido ningún trastorno que afecte hoy día mi conducta por ayudar (trabajar) desde niño a mis padres ni mucho menos cuando “tío moreno” entraba en acción; mi hermano y yo, no tuvimos un solo fracaso en el colegio, somos profesionales y aportamos a nuestro país con nuestro trabajo.

Todos los cambios traen progreso, pero el cambio hacia el desarrollo económico, ha traído un subdesarrollo en la formación familiar y, por ende, hacia la sociedad y eso es lo que vemos hoy, nadie respeta la ley ni la vida. La disciplina y los valores no son cosas de códigos importados ni mucho del Estado, son de la familia; por lo menos de eso doy fe al igual que muchos conciudadanos.

“La educación de una persona comienza dieciocho años antes de su nacimiento” , Napoleón Bonaparte.

-El autor es administrador de empresas.nino26880@gmail.com