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30 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Gotas sangrientas en la realidad

Los noticieros de la televisión panameña y las páginas de la sección “nacionales” en algunos diarios exponen unas estadísticas asombrosa...

Los noticieros de la televisión panameña y las páginas de la sección “nacionales” en algunos diarios exponen unas estadísticas asombrosas. Cada día, al llegar a la quinta noticia televisiva, ya han muerto de seis a ocho personas, atacado por lo menos a dos, y en alguna barriada o urbanización alguien cerró la vía por escasez de agua, o quiere un terreno o porque falta algo en alguna escuela.

Las noticias se han convertido en una crónica de la farándula criminal con protagonistas y circunstancias comunes: un abaleado, algún “ajusticiado”, un pase de factura, un “tumbe” de drogas; cierta despechada que amenaza a emular a Yasuri Yamileth y su navaja, para esculpirle un tatuaje facial a quien se ponga u oponga.

El periodismo se ha tornado en gacetillas de hechos intrascendentes, pero de resonancia lastimera, banal, lacrimógena, irrisoria y cuando no, se inserta en casas de cartón, porque alguien necesita que se apiaden de su condición y el canal se vuelve alcancía en pos de aquello que calmará la tragedia del desesperado.

Ese perfil periodístico que Gerardo Reyes llama “tener olfato para buscar un ángulo novedoso de la noticia; poner en contexto los hechos; contar con un buen directorio de fuentes; permanecer bien informado y actuar con prontitud” ; se ha convertido en una búsqueda de la superficialidad ruidosa que arremete contra la conciencia de una población que requiere otros enfoques de la realidad.

Juan Carlos Tapia se quejaba sobre el tema y preguntaba si sería contraproducente exponer tanta rufianería, tanto protagonismo de las balas, de los cacos, del secuestro, de las cuchilladas que confunden a la audiencia y generan un sentido de normalidad en este cáncer social que casi alcanza un grado de metástasis como en otras sociedades.

Para quienes miran el producto noticioso como una estrategia de mercadeo, el contenido y no la forma, es una manera de sacar el hecho más sórdido para ascender en la sintonía. No importa el impacto que esta programación tiene en ese público que recibe estas historias como acontecimientos normales sobre una sociedad donde no ocurre algo con mayor profundidad, importancia o relevancia. Los medios de comunicación locales, lucharon para alcanzar una mayor libertad de expresión. Proclamaron su derecho a una hegemonía en el discurso. Lo paradójico es que hayan logrado el clima de holgura normativa que envidiarían países de mayor tradición democrática y de mayor nivel de desarrollo y aquí, no hayan sabido aprovechar con responsabilidad para establecer un periodismo de trascendencia mayor.

En un país que enfrenta los retos que imponen los tiempos, el periodismo requiere estar a tono con esta realidad, que debe ser transformada por un discurso creativo, riguroso. Y exige periodistas y comunicadores que sepan tener ese olfato al que se refiere Reyes o sean conscientes de su papel histórico como planteaba Alejo Carpentier y exponen maestros de la talla de Ramonet o Kapuscinski.

Es un salto que debemos hacer, un salto para alcanzar un nuevo nivel profesional, de una disciplina que cincela lo social y no, un salto al vacío, que es el resultado de las estadísticas del trabajo de los medios de comunicación que narran todos los días la violencia y ocultan o silencian otros aspectos más representativos de la vida nacional.

-El autor es periodista, escritor y docente universitario.modestun@yahoo.es