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01 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cinta junto al mar

El malecón de Santo Domingo, en República Dominicana, es un extenso y amplio corredor que se despliega junto a la costa y que atraviesa ...

El malecón de Santo Domingo, en República Dominicana, es un extenso y amplio corredor que se despliega junto a la costa y que atraviesa varios barrios hasta encontrarse con la desembocadura del río Osama, en una de cuyas orillas se encuentra el área colonial de esa ciudad.

La población de la ciudad capital dominicana ha convertido el malecón en el escenario de todas sus grandes celebraciones. En año nuevo, pocos se quedan en casa. El pueblo sale a festejar y lleva allí sus viandas, música y alegría para armar la fiesta y así enriquecer la cultura popular, con arrullos de olas de un mar verde esmeralda.

El último fin de semana de junio se inauguró la Cinta Costera, proyecto para dar una nueva vialidad a la ciudad de Panamá, al ampliar la capacidad de la avenida Balboa y crear un conjunto de facilidades para fomentar el entretenimiento al aire libre, la circulación pedestre y ciclística en este nuevo espacio junto a la costa.

Sin embargo, al primer día de uso de esta facilidad pública, se escucharon informes de intentos de robo de sus luminarias. Después y luego del feriado de la entrada en funciones de la nueva administración, hubo quejas, porque el público que hizo uso de este corredor dejó el lugar lleno de desechos, a pesar de existir allí cestos y dispositivos para la basura.

La opinión pública siguió con alguna atención el proceso de construcción de este nuevo escenario en la ciudad; las licitaciones, la construcción, los pasos elevados, el entorpecimiento de la circulación en las avenidas y calles contiguas, la política hacia las edificaciones justo sobre el área (hotel Miramar y Club de Yates y Pesca), pero nadie se ha ocupado de exponer sobre el aprendizaje necesario para su uso.

Sí, se trata de una nueva obra que debe insertarse en la cultura del panameño, que si por algo se caracteriza es por no tener una idea real de su relación con los sitios públicos. Un factor en este fenómeno concreto es determinar de quién es dicha obra, quién la administrará y a quién corresponderá enseñarle a los capitalinos las modalidades de uso.

¿Cómo se utilizan sus canchas y el resto de sus facilidades? ¿A qué velocidad se circula en el día, en la noche, en las madrugadas? ¿Quién aprueba el uso de esa especie de bohíos o gazebos cuadrados? ¿Se podrán realizar aquí quinceaños, cumpleaños infantiles, bodas, barbacoas, despedidas de solteras y solteros, graduaciones?

Quizás sea este el nuevo ‘sambódromo’ para celebrar los carnavales y disminuir la preocupación de los vecinos de Bethania y barrios vecinos. Además podría constituir la plaza de las marchas, concentraciones y otros tipos de actos contestatarios frente a la acción de cualquier sector o autoridad.

En la ciudad de Burdeos, al sur de Francia, la municipalidad construyó una especie de cinta costera a orillas del río que atraviesa esta urbe vinícola. El pueblo asumió e integró a su cultura este nuevo espacio, cuya limpieza y belleza hace conjunto con el hermoso malecón citadino.

Ojalá la población de la urbe capitalina panameña pueda apreciar el valor real de la novedad urbana de la Cinta Costera y no se convierta en un modelo más del caos que a veces parece imperar en nuestras mentes y en la colectividad.

-El autor es periodista, escritor y docente universitario.modestun@yahoo.es