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09 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

De vuelta al aula para educar

El profesor Federico Velásquez, catedrático de la Universidad de Panamá, en sus magistrales clases de mi primer año de la carrera de Geo...

El profesor Federico Velásquez, catedrático de la Universidad de Panamá, en sus magistrales clases de mi primer año de la carrera de Geografía e Historia, puntualizaba con justificados razonamientos que la educación siempre ha de estar en crisis. Los avances tecnológicos, los descubrimientos científicos y hallazgos sorpresivos así lo determinaban.

Pero una cosa es esa brecha provocada por los hechos históricos de los tiempos, otra es la degeneración provocada por la negligencia, la indiferencia y el poco importa por parte de los gestores del proceso educativo, llámese hoy, la gran familia o comunidad educativa.

Apreciamos que ese panorama oscuro forma parte de la desintegración familiar, el desempleo, la pobreza, la desigualdad social, el surgimiento de una conducta social de antivalores que hoy, entre otros, corroen progresivamente a la familia. Pero la famosa frase “vuelta al aula” , tomada por la señora ministra de Educación, acertadamente, conlleva también la toma de la bandera de Educar. Educar para que el infante, el joven o el adolescente se sientan más importantes, no solo como parte de un proceso técnico de enseñanzas, sino de su propia Escuela. Esta mística se ha perdido y nos importa un comino con la estructura física del plantel. La vuelta a Educar conlleva el deseo de sobrevivir, de llegar a ser más útil, a compartir con otros seres y compañeros de escuela a quienes debemos respeto. Educar: ¡he aquí el arma más poderosa de que disponen los pueblos y de los ciudadanos que aspiramos a la convivencia y a la justicia social! Volver al aula para Educar, frase que suena hueca y se pierde en la atmósfera de los Centros Educativos, pero que tiene que bajar para fortalecer la conciencia nacional y hacer del alumno un ser útil, con elevados deseos de superación, con hábitos y actitudes deseables, que aprecie su vida como un ser pensante, autocrítico y de nobles sentimientos.

Educar a niños y jóvenes, no con un sentido de informar para cumplir una formal exigencia de papeles que se pierden en las frías gavetas administrativas. De vuelta al aula, no solo para transmitir conocimientos y experiencias. Educar en el aula para provocar aspiraciones y nuevos juicios en lo intelectual, social, económico, espiritual y tantas otras virtudes, hoy están empañadas. El docente tiene que volver al aula con responsabilidad y puntualidad, con entrega, con alma y corazón, para que el padre de familia y el alumno brinden cariño y así rescatar su liderazgo. Volver al aula para Educar con libertad sin trabas provocadas por leyes traídas por los cabellos, con argumentos desfasados. Despertar en ese educar, al niño o al joven el cultivo de la belleza, de las artes, de la expresión oral, de las letras, de la poesía, el teatro, la comedia, los concursos y boletines mensuales que recogen la vida social, intelectual o educativa de la comunidad educativa. De eso se trata, mi estimada señora ministra de Educación.

Yo viví 30 años en la educación y tuve la hermosa oportunidad de dirigir la Escuela Secundaria Nocturna y el glorioso Instituto Urracá. Y se hacían tareas propias de relaciones humanas dentro de un clima de responsabilidad y respeto. Volver al aula para educar, como lo indica el apostolado de la enseñanza. Dice el refrán que los tiempos pasados fueron mejores, pero estamos a tiempo, señora ministra, de rescatar esa bella época.

*Ex legislador de la República.chente-3406@hotmail.com