Temas Especiales

12 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Visión panameña de la OEA

Al ser presentado como Representante de Panamá ante la OEA, durante la Sesión Ordinaria del Consejo General Permanente el 15 de julio de...

Al ser presentado como Representante de Panamá ante la OEA, durante la Sesión Ordinaria del Consejo General Permanente el 15 de julio de 2009, me correspondió dirigirme a mis colegas. Agradecí las muestras de simpatía recibidas por Panamá a través de mi persona durante los breves días que he estado en Washington. Ello se debe, a mi entender, en lo interesante que para muchos observadores ha sido la emergencia de un presidente como Ricardo Martinelli y la aplastante derrota de aquellos que a sus ojos se alinearían a la corriente de izquierda que emerge en América Latina.

Señalé que Panamá ha tenido siempre y mantiene una profunda vocación democrática y una gran preocupación de la paz y el bienestar de nuestra población. En este sentido consideramos que la Organización de los Estados Americanos juega un papel fundamental en la conservación de la paz en la Región, pieza indispensable para lograr esos objetivos. Por eso es preciso reiterar nuestro apoyo a la Organización por todos los esfuerzos realizados en la crisis de Honduras. En particular, por la tremenda labor desplegada por su incansable secretario José Miguel Insulza cuyos esfuerzos en esa dirección deben ser aplaudidos.

La OEA no es un Parlamento Hemisférico, como tampoco un tribunal o un gobierno para el área. Sí constituye el foro más importante en donde con vergen los países miembros para dilucidar y examinar sus problemas y buscar soluciones conjuntas. Allí brindaremos todo el esfuerzo a nuestro alcance para que la esencia de esta noble causa se conserve, compromiso del presidente Martinelli.

Puntualicé que Panamá es fiel creyente del respeto a los derechos humanos y así, como en el pasado mantuvimos lucha en contra de la dictadura militar y en defensa de los derechos de los ciudadanos, en el presente mantenemos esta línea de pensamiento. Todos nuestros países, sin excepción, deben respetar los derechos humanos, aún cuando sean opositores a nuestros gobiernos. Su respeto y cumplimiento no puede tener frontera entre ningún país americano.

Así como el hambre debilita al cuerpo humano, así mismo la satisfacción de esta necesidad biológica debilita al cuerpo democrático. “No puede haber democracia con hambre”. Parafraseando al ilustre amigo, el fallecido ex presidente de Chile Eduardo Frei Montalva, si me ponen a escoger entre el hambre y tener libertad, opto por lo último, porque así podré luchar por encontrar cómo comer.

Terminé diciendo que es en la OEA donde forjamos el futuro de las próximas generaciones, y del esfuerzo que depositemos en la realización de nuestras tareas y responsabilidades así será el resultado del fruto que alcancemos.

*Embajador de Panamá ante la OEA.gcochez@covad.net