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02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

No hay tiempo para esperar

Decía mi general, con esa sabiduría propia de él, que cuando uno va barranco abajo no hay estaca que lo pare. Algo parecido esta ocurrie...

Decía mi general, con esa sabiduría propia de él, que cuando uno va barranco abajo no hay estaca que lo pare. Algo parecido esta ocurriendo en la dirección del PRD. Su negativa a realizar el balance electoral; su negativa para comunicarse con su membresía y conversar con valentía sobre el momento político y trazar una hoja de ruta ante un fenómeno llamado Martinelli, que todavía está por descubrirse y estudiarse; el no querer calificar su propia condición critica luego de la derrota electoral, que algunos estiman de desastrosa; su manifiesta impotencia frente a la toma de decisiones de los “elegidos”, que han pasado a negociar directamente con los voceros del gobierno rechazando el mandato de “la línea”; su negativa a enfrentar la creciente campaña de denuncias sobre irregularidades sospechosamente cometidas durante nuestro quinquenio en el poder, que amenazan con producir un trágico final para el liderazgo de alguno de ellos; marcan la caída libre hacia donde esa tozudez nos puede arrastrar.

Esa falta de coraje es suicida. Estamos quedando ante la sociedad como tontos de pueblo que buscan hacerse notar a como dé lugar. Pareciera no existir las causas lógicas ni el análisis racional. Es solo una manifestación de lo instintivo y de lo emocional. Hay un ejercicio perverso del poder. Estamos en medio de un diálogo de sordos. La rabia que se está acumulando es peligrosa y el castigo peor.

¡Qué podría costar al ego de nuestra dirección reconocer que nos encontramos atrapados en una crisis de dirección y de identidad y que la derrota electoral no es su causa, sino su resultado y que esa crisis tiene un origen, y es producto de un error que se cometió y que nos hizo equivocar el camino del Torrijismo? ¿Por qué seguir pretendiendo que se está por encima del bien y el mal? Siempre estuve de acuerdo con un proceso gradual y ordenado para reestructurar los organismos de dirección y pensé, como ese tonto de pueblo, que ese era el espíritu de quienes están ideando organizar los Congresos.

Pero no es así. Colocaron, entremezclados con algunas figuras de prestigio, a todo su equipo de incondicionales en el comité organizador. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Quieren perpetuarse en la dirección, o en otros términos, quieren destruir al partido. Mientras eso acontece, más de 30 mil perredés están acorralados por la angustia, esperando su carta de despido. Las denuncias en contra de supuestas acciones de corrupción salpican a toda la dirección y a todo el aparato que las facciones rivales crearon dentro de la estructura del partido. A parte de algunas valientes y aisladas voces de protesta, la dirección marca su distancia frente a estos dramas humanos.

Lo bueno o malo de estos cinco años de realizaciones y esfuerzos solidarios se perdió en el pasado. El gobierno de Martín, sus obras y su empeño social, dejaron de ser referencia para abrir camino a una impresionante ola de denuncias por corrupción, ineficiencia, y arbitrariedades. Todo eso desciende hacia el partido agravando su crisis de dirección.

No hay otro camino que la dirección entregue sus cargos y que el Directorio pase a crear una comisión transitoria para cumplir los plazos de renovación de toda la estructura. Un año de espera puede ser el año de vida que le queda al otrora partido de Omar.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net