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25 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

“¿Laboras en el Órgano Judicial?”

En más de una ocasión me han hecho esta pregunta.. Una vez tomé un taxi para dirigirme al trabajo y le indiqué al señor taxista que mi ...

En más de una ocasión me han hecho esta pregunta.

Una vez tomé un taxi para dirigirme al trabajo y le indiqué al señor taxista que mi destino era “más adelante del Gorgas”. En estos viajes siempre trato de “romper el hielo” y le converso al conductor sobre temas de actualidad, pues me gusta oír la sabiduría popular que desde joven mucho me ha enseñado. El señor taxista, muy cortés y amigablemente, me comentaba su parecer sobre específicos hechos que eran “noticia” ese día.

Cerca del Instituto Conmemorativo Gorgas, le manifesté al conductor que me dirigía al Órgano Judicial, toda vez que era mi lugar de trabajo. El señor me miró con ojos de asombro y luego expresó con lástima: “¡Ay, hijo, usted tan serio y va a trabajar en esta institución de maleantes y corruptos, haga lo imposible por salir de ahí, no se nos vaya a dañar!”. Sorprendido por la intervención condescendiente del conductor, me despedí deseándole un buen día y mucha suerte. Camino a la oficina, pensé: “ahora sí, a los ojos de los ciudadanos, todo el que trabaja en el Órgano Judicial es corrupto”.

Después de ese episodio, he vivido otras experiencias en las que me preguntan “¿Tú laboras en el Órgano Judicial?” y el desenlace es el mismo: la mayoría de las personas está convencida de que todo el que trabaja en el Órgano Judicial es un coimero y un corrupto.

En mis más de siete años de laborar en el Órgano Judicial, en sus distintos niveles (Juzgados Circuitales, Tribunal Superior y una Sala de la Corte Suprema de Justicia) he oído muchos rumores de actos de corrupción; sin embargo, no he tenido conocimiento de que alguno haya sido corroborado.

En días recientes, se suspendió a cuatro jueces por supuestos actos de corrupción; no obstante, ninguno de los procesos disciplinarios o por falta a la ética en mención han concluido con una condena por haberse impetrado un acto de corrupción. A pesar de ello, la mayoría de los medios de comunicación, a través de sus editoriales, sus periodistas, o por la participación de sus escritores, han aprovechado la oportunidad para hacer mella de la maltrecha imagen que lastimosamente posee el Órgano Judicial.

Si bien es cierto, no pretendo hacerme de oídos sordos sobre los muchos rumores que corren por los distintos pasillos del Órgano Judicial, las opiniones vertidas en reuniones de abogados o comentarios del resto de los miembros de esta comunidad, deseo destacar en este artículo que la percepción de corrupción que tiene convencida a tanta gente, por la supuesta actuación deshonesta de unos pocos, afecta a los más de 3,000 funcionarios que laboramos en el Órgano Judicial.

La mayoría de las personas que he escuchado, o que han escrito sobre el tema, han ensayado distintas fórmulas para “limpiar el Órgano Judicial”. Sin embargo, si analizamos cuidadosamente las normas que actualmente existen, y que debían servir como instrumento para la depuración del sistema judicial panameño, se darán cuenta de que ha faltado voluntad institucional, social y política para efectuar los verdaderos cambios que requiere el Órgano encargado de administrar justicia en el país.

Desde enero del año 2007, un mes después de haberse presentado el proyecto de Ley que pretende reformar la Carrera en el Órgano Judicial, he participado como presidente de la Asociación de Servidores del Órgano Judicial de Panamá (ASOJUP), en cada foro o discusión que se pretende hacer sobre el tema. En mi actuar como dirigente de esta Asociación, junto a mis compañeros de la Junta Directiva, hemos enviado en multiplicidad de ocasiones notas tanto al Pleno de la Corte Suprema de Justicia como a la Comisión de Gobierno y Asuntos Constitucionales de la Asamblea Nacional de Diputados, solicitándoles que nos abocáramos a una discusión seria y profunda sobre la Ley de “Carrera Judicial” , instrumento legal del cual deben nacer los cambios para depurar legalmente el sistema, peticiones que lamentablemente, hasta ahora, han sido depositadas en sacos rotos.

Por otra parte, en las pocas reuniones efectuadas en la Comisión de Gobierno del Órgano Legislativo para la discusión de este proyecto, no se apersonaron (y estuve presente en todas las reuniones) los participantes del Pacto de Estado por la Justicia, o algunos de los miembros de la sociedad civil que tanto censuran o atacan al Órgano Judicial. Su participación frontal y activa en ese momento era vital.

Tristemente, después de comentar mis anécdotas sobre lo mal vistos que estamos los que laboramos en el Órgano Judicial, me he sorprendido por la cantidad de compañeros que han sido, sin merecerlo, víctimas de la misma “percepción de corrupción” , tanto así que me cuentan que muchas veces han preferido mentir y decir que laboran en otro lugar, para no ser ofendidos o vilipendiados.

En virtud de lo anterior, por el respeto y estima que nos merecemos todos los que trabajamos en la institución encargada de administrar justicia en el país; por los más de tres mil funcionarios que laboramos con honestidad, profesionalismo y esfuerzo por darle una respuesta jurídica a una población de más de tres millones de habitantes, hago un llamado para que se respete la honra e integridad de los servidores del Órgano Judicial, y que juntemos esfuerzos para lograr lo más pronto posible la consecución de una Ley de Carrera en el Órgano Judicial, paso firme y contundente para depurar el sistema judicial, no solo para el beneficio de sus funcionarios, o de la institucionalidad, sino para el bienestar de todos los ciudadanos del país.

Estoy convencido de que nos lo merecemos.

*Funcionario del Órgano Judicial y presidente de la Asociación de Servidores del Órgano Judicial de Panamá (ASOJUP).ricardofullery@hotmail.com