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21 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

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El monstruo sigue vivo

ALEXIS CHARRIS PALACIOS*. El martes pasado la bestia que llamamos transporte urbano en la ciudad capital levantó las fauces y lanzó zar...

ALEXIS CHARRIS PALACIOS*

El martes pasado la bestia que llamamos transporte urbano en la ciudad capital levantó las fauces y lanzó zarpazos de amenaza al nuevo gobierno, en un intento por marcar su territorio. Pero el alboroto no les dejó los resultados que esperaban, sin embargo, aunque débil, aún respira.

Llamarle “sistema” a la forma como opera el transporte urbano en la capital es cruzar la frontera de lo iluso. Durante 40 años en forma silvestre “para-transportistas” se han encargado de negociar con el servicio pensando en ellos, sus necesidades, sus preferencias y roles políticos, en fin, en cualquier cosa, menos en el usuario. El motor del servicio. Por eso la promesa de cambios en ese esquema nefasto llegaba para oxigenar la esperanza de miles de usuarios de contar con un trato respetuoso, un servicio estable y formal y presenciar la muerte de “la bestia” que le ha tenido de rehén en los últimos 40 años.

El gobierno los enfrentó hace tres días, cuando los transportistas incomprensiblemente paralizaron el servicio durante 24 horas. La comunidad lo apoyó y la bestia doblegó su ímpetu. Los cabecillas del transporte tuvieron que suspender el paro como lo empezaron: sin poder justificar la medida. Simplemente admitir su error y esconderse detrás de una arrogante excusa alegando que ahora confiaban en el presidente Ricardo Martinelli y su buena voluntad de integrarlos o compensarlos con la llegada del nuevo sistema. A pesar del argumento, la lectura general fue una sola. Los transportistas habían sido doblegados.

No obstante, pese a la derrota la bestia no ha muerto. Siguen siendo quienes transportan a un millón de personas en la capital. Lo hacen con los mismo vicios y distorsiones de siempre. Cambian la tarifa cuando quieren, se desvían de las rutas, llevan música a todo volumen, hacen regatas, desafían a la autoridad y se comportan como si la vía fuera solo para ellos. En fin, es un hecho, el monstruo sigue vivo.

*Periodista.acharris@laestrella.com.pa