• 07/01/2026 00:00

El imperio ataca a Venezuela en sus últimos estertores de sobrevivencia

Sin ser sorpresa, el mundo observó cómo este sábado 3 de enero Estados Unidos interviene militarmente en Venezuela -Operación Resolución Absoluta, a la 2:10 a.m.-, donde captura y traslada al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores a Nueva York donde será juzgado como “narcoterrorista”.

La operación militar uso 150 aeronaves que despegaron desde una veintena de bases terrestres y navales en el hemisferio occidental de Venezuela: aviones F-22, F-35 y F-18, aviones de alerta temprana E-2 o bombarderos estratégicos B-1, así como otras aeronaves de soporte y drones pilotados en remoto.

Trump afirmó que Estados Unidos administraría Venezuela, al menos temporalmente y explotaría sus vastas reservas de petróleo para venderlo a otras naciones. Así mismo amenazó a los gobiernos de México y Colombia. Trump acusó al gobierno colombiano de Gustavo Petro por “tener fábricas donde hace cocaína, está haciendo cocaína y la están enviando a Estados Unidos”, y agregó: “Así que tiene que cuidar su trasero”. Posteriormente, apuntó contra México por el conflicto con los carteles narcos: “Algo habrá que hacer con México”. Si bien reconoció que tiene una buena relación con la presidenta Claudia Sheinbaum, señaló que el problema de fondo es estructural: “Los carteles gobiernan México, ella no gobierna ese país”. Frente a Venezuela advirtió: vamos a gobernar hasta poder lograr una transición segura y racional, y advirtió que están preparados para un segundo ataque militar, si se hace necesario.

El reemplazo de la doctrina Monroe por la doctrina Trump, “Estados Unidos Primero”, es evidente, política endurecida en su patrio trasero al ver perdido su poder en Europa Occidental, en el Medio Oriente y Asia. Política que resume los últimos intentos por conservar su imperio, ante el ímpetu de los nuevos poderes económicos como lo son: China Popular, Rusia, India y los Brics. Pero el problema del imperio Norteamericano es más interno que externo, hay un deterioro complejo en su institucionalidad, hay un dinámico deterioro social permanente y un declive permanente en lo económico y político.

De allí que no solo amenaza a Venezuela, México y Colombia, sino también a Panamá, Groenlandia y Canadá. Sin embargo, hay reacción ante esta flagrante violación de los derechos internacionales por cualquier intervención foránea: “La soberanía y el Derecho Internacional no son opcionales: son la base de todo orden legítimo”, aseguró el presidente de Chile, Gabriel Boric, mientras que el mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, estimó que “atacar a los países, en flagrante violación del derecho internacional, es el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad, donde la ley del más fuerte prevalece sobre el multilateralismo”.

El cónsul de la Corte Penal Internacional (CPI), Javier Ruiz, no dudó en catalogar el ataque estadounidense sobre el país latinoamericano de “ilegal”, la doctrina que busca imponer Trump, implica atacar “sin haber pedido permiso y sin haber solicitado la intervención de Naciones Unidas”; el ministro de Defensa venezolano afirma que Estados Unidos “asesinó a sangre fría” a gran parte del equipo de seguridad del mandatario. España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay rechazan en un comunicado conjunto “las acciones militares ejecutadas unilateralmente”. Las operaciones militares de intervención: “contravienen principios fundamentales del derecho internacional, en particular la prohibición del uso y la amenaza de la fuerza, el respeto a la soberanía y a la integridad territorial de los Estados, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”, y suponen “un precedente sumamente peligroso para La Paz, la seguridad regional y ponen en riesgo a la población civil”.

En sus últimas “patadas de ahogado”, Norteamérica se prepara para dejar el mando mundial y empezar a vivir un mundo con un Nuevo Orden Económico Mundial.

Panamá está en la lista de intervención militar aunque no hay fuerzas armadas que defiendan el Canal, simplemente pondrán compañías militares en lugares claves de la administración del Canal, lo que le permitirá tener el control total sobre la funcionalidad del canal. Además no tienen gobiernos enemigos en el istmo. Solo el pueblo podrá detener esta o cualquier intervención foránea, tal como se hizo en enero de 1964 o en la invasión de 1989, siempre unidos por un Panamá para los panameños. El Canal es nuestro.

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