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26 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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“Un lagarto en mi patio”

“¡Auxilio, hay un tremendo lagarto en el patio; vengan a recogerlo antes que haga un daño por aquí!”. Esta es una llamada urgente que re...

“¡Auxilio, hay un tremendo lagarto en el patio; vengan a recogerlo antes que haga un daño por aquí!”. Esta es una llamada urgente que reciben casi todos los días las agencias y oficinas regionales de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), los bomberos, las corregidurías y hasta las autoridades locales que suelen ayudar en este tipo de conflictos domésticos e incidentes.

El creciente desarrollo económico ocupa en forma paulatina áreas y territorios que antes se caracterizaban por la exuberancia natural. Las edificaciones invaden quebradas, lagunas, manglares y se reduce el hábitat de especies que poblaban estos ecosistemas.

Y entre estas especies, los reptiles se afectan en forma creciente. Los “ lagartos ”, nombre común utilizado por la gente para denominar a cocodrilos y caimanes, abundan en estos lugares y por su cualidad de semiacuáticos, pueden estar escondidos en ambientes oscuros húmedos y cubiertos por alguna vegetación.

Eric Núñez y Carmen Medina, biólogos, explican que se diferencian porque el cocodrilo o lagarto aguja (Crocodylus acutus) tiene un diente de la mandíbula inferior que es visible cuando la boca está cerrada; además el hocico es relativamente delgado y casi más largo que ancho. En el caimán o babillo (Caiman crocodilus), los dientes no son visibles con la boca cerrada y el hocico es relativamente más ancho.

Por lo general, salen cuando el agua calienta y aprovechan para buscar alimentos y si en su medio no encuentran, van un poco mas allá en las comunidades donde se acostumbra dejar desechos orgánicos expuestos o habrá animales domésticos. Esto genera el problema de los encuentros con las personas que entran en pánico y tratan de defenderse, por lo que el reptil se asusta y provoca su reacción.

El ingeniero Marcos Salabarría, quien se ocupa de los rescates de especies silvestres en la ANAM, dice que a veces cuando van a atender un caso de estos, resulta que las comunidades están muy próximas a las áreas donde normalmente viven los cocodrilos. Este funcionario tiene más de veinte años de experiencia con el tratamiento de este tipo de incidentes.

Hace poco, le correspondió atender una queja de unos obreros en la empresa que administra el puerto de Balboa y explica que parecía un espectáculo de rodeo, porque todos se dedicaron a ver cómo él y su asistente maniataban a un animal de casi tres metros. “ Solo una empleada cooperó cuando pedimos el apoyo de la audiencia y nos sorprendió la capacidad de esta dama para ayudarnos con el asustado y apaleado reptil ”.

En los primeros ocho meses de este año, la ANAM rescató casi 50 animales de estas especies en todo el país y, por lo general, se sueltan luego en áreas despobladas y totalmente silvestres, como el lago Miraflores, ciertos lugares del río La Villa y en los canales del río San San en Bocas del Toro.

También hay algunos incidentes ligados a este problema, como los cazadores furtivos que trafican con estos saurios. Hace un tiempo, en Darién, unos indígenas escondieron casi doscientas pieles en un vehículo para transportarlas hacia la capital. La Policía descubrió recientemente a dos jóvenes que vendían un cocodrilo, para que el comprador aprovechara la piel, muy apreciada en el mercado.

Estas especies de reptiles, las águilas en el aire, los jaguares y felinos mayores en el bosque, así como los tiburones en las aguas oceánicas, ocupan la cúspide de sendas cadenas de alimentación, denominadas ‘ tróficas ’.

Esta es una forma de equilibrio dentro de la naturaleza; una especie de pirámide que rigen estos animales en cada tipo de ecosistema y que hace que las especies en cada nivel sean depredadoras de las que tienen en los escalones inferiores. Hay una mutua dependencia que se rompe con la desaparición de alguna de ellas.

La irrupción del hábitat natural de estos animales rompe ese equilibrio. La contaminación de las aguas acaba con ciertos ejemplares y quita a los cocodrilos o caimanes sus presas tradicionales; pero la desaparición de estos reptiles, que son la cúspide de la cadena, provoca otros resultados igualmente negativos.

Pero, pongámoslo de otra forma. Métase usted en la gruesa piel del cocodrilo y dígame qué pensaría si un día desarrollan un proyecto urbanístico, agroindustrial o de otro tipo a sus espaldas, detrás del río o manglar donde ha vivido siempre sin molestar a nadie y de pronto, usted es un indeseable y se convierte en un sujeto de cacería o en el mejor de los casos, resuelven mudarlo.

¿Hay derecho, aunque sea en nombre del progreso?

*Periodista, escritor y docente universitario.modestun@yahoo.es