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03 de Dec de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Oligarquía sin patria y sin bandera

El ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, anunció que para antes del 30 de octubre se firmará un acuerdo de cooperación inte...

El ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, anunció que para antes del 30 de octubre se firmará un acuerdo de cooperación internacional para establecer estaciones navales en Bahía Piña, en la provincia de Darién, y Punta Coca, en el sur de Veraguas. También, en la reunión bilateral entre Ricardo Martinelli y Hillary Clinton (Secretaria de Estado de Estados Unidos), en Nueva York, el tema del la “lucha contra el narcotráfico”, no se escapó de la agenda, justificando con ello el retorno de las bases militares a nuestro país.

El Convenio que anuncia el Gobierno de Martinelli se produce con el pretexto de combatir el narcotráfico y en el marco del denominado Plan Mérida, suscrito por su antecesor, Martín Torrijos del PRD.

Mediante esta fachada de lucha contra las drogas, al igual que contra el terrorismo, Estados Unidos pretende ampliar sus dominios militares y hegemonía en Latinoamérica; al sentirse amenazado frente a la avanzada de fuerzas progresistas en la Región.

Si realmente este fuera su interés, la estrategia norteamericana “ contra la droga ” ha fracasado. Por ejemplo, el Plan Colombia fue impulsado por Estados Unidos para “ reducir en un 50% los cultivos ilícitos en un lapso de cinco años ”, sin embargo la cantidad de hectáreas de cultivo de coca en Colombia aumentó, de 79,400 hectáreas en 1997 a 99,000 hectáreas en 2007.

Además, cómo justifican los norteamericanos que en su propio territorio, con la presencia del ejército, la producción de marihuana sea mayor que la de maíz y trigo. Cómo pueden justificar que éste sea el país mayor consumidor de drogas.

Lo que sí se ha podido demostrar, al analizar la participación de la fuerzas militares norteamericanas en el mundo, desde Vietnam hasta nuestros días es que en donde quiera que las tropas norteamericanas han participado se ha recrudecido el uso de los estupefacientes, este fue el caso de Vietnam donde se incrementó el uso del opio después de la invasión yanqui a ese país. Igualmente, según informe de 2008 de la ONU, a partir del año 2001, fecha en que los Estados Unidos intervino Afganistán, se observa un aumento desproporcionado de los cultivos de amapola en dicho país.

Lo anteriormente planteado nos señala dos aspecto importantes, por un lado nos indica que donde quiera que ha habido intervención militar norteamericana, el consumo de estupefaciente se ha incrementado, y por el otro, que el objetivo de instalar las siete bases militares en Colombia y dos en Panamá no es la persecución del narcotráfico, sino que tiene un fin más allá de eso, que es frenar los proceso de lucha de los movimientos sociales latinoamericanos por un mundo más justo, que han dado como resultado el surgimiento de gobiernos democráticos que han sido contestatarios al imperio.

En febrero de este año, la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia emitió su análisis sobre la guerra contra las drogas de Estados Unidos, llegando a la conclusión de que ésta había sido un fracaso total y exhortó a un cambio radical de política, alejada de medidas de fuerza en lo interno y en el exterior, y hacia medidas mucho menos costosas y más eficaces de prevención y tratamiento. Esta falta de respuesta de la administración norteamericana a las recomendaciones, refuerza la conclusión natural de que la guerra contra las drogas, se libra por razones ajenas a las metas anunciadas.

Luego de la larga lucha del pueblo panameño por desmantelar las bases militares gringas, historia escrita con la sangre generosa de nuestros héroes y mártires, los nuevos Bunau Varilla, pretenden retrotraer la deshonra que significó para diferentes generaciones de panameños la presencia de la soldadesca yanqui en nuestro suelo patrio.

Es evidente que para la oligarquía la patria no importa, que no tiene bandera, por eso ni atención prestaron a la forma en que fue colocado el emblema patrio en Nueva York. Esta es la misma oligarquía que nunca se manifestó a favor de la lucha contra las bases militares, que condenó a nuestros mártires de enero del 64, pero que hoy usurpan las áreas revertidas.

Como patriotas, bajo ningún pretexto podemos aceptar vivir otra vez la vergüenza e ignominia de ceder nuestra soberanía a una potencia imperialista, tal como sucedió en 1903 con el Tratado Hay Bunau Varilla sobre el Canal de Panamá. Hoy, el Canal es nuestro y no existe, al menos de manera formal, presencia militar extranjera en nuestro territorio. Recordemos que los mártires hablaron claro: ¡Bases No!

*Secretario general del Suntracs.rologe54@yahoo.com