Temas Especiales

23 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El negocio de matar

Esta es la escena de un video que llegó a mi correo electrónico: el protagonista aparece en una bicicleta, se le observa tranquilo y con...

Esta es la escena de un video que llegó a mi correo electrónico: el protagonista aparece en una bicicleta, se le observa tranquilo y con un fin determinado. Sabe dónde está ubicada la víctima. Alguien lo llamó. Ahora es el momento.

Es joven y debe ser miembro de una pandilla y de las que no tienen mucho poder económico. No le importa que lo miren. Drogado o muy confiado.

La víctima, también joven, se encuentra en su lugar de trabajo. No tiene a nadie que lo cuide. Quizá miembro de otra pandilla juvenil.

Con sangre fría, de forma ágil y despiadada, fue directo a su víctima. Apuntó a la cabeza. Cuatro disparos. Tenía que asegurarse de matarlo. ¿Era una orden, una consigna? ¿Negocio de drogas? ¿Venganza por otra muerte? La gente, la curiosidad y entre ellos un hombre con una criatura en brazos exponiéndola al peligro o al trauma. No se asustan. No huyen. No les inmuta la violencia. ¿Están acostumbrados?

Síntoma de una sociedad que se está desintegrando en la “ cultura de la muerte “. Es parte de su vida. En fin, la delincuencia juvenil está extendiéndose por todo Centro América. Qué triste video.

“ Sicario ” o “ asesino a sueldo ” es una persona que mata por encargo a cambio de un pago. Es una figura conocida por el Derecho Romano que reguló especialmente su condena penal, por la particular crueldad con que se conducían estos asesinos, mediante la Ley Cornelia sobre apuñaladores y envenenadores del año 81 antes de nuestra era. Su nombre proviene de la “ sica ”, puñal o daga pequeña, fácilmente ocultable en los pliegues de la toga o bajo la capa. Literalmente “ sicarius ” significa “ hombre-daga ”.

Los sicarios trabajan para todo tipo de gente, hasta con el crimen organizado. La cantidad de dinero que reciben por sus servicios varía, dependiendo de su nivel y de quién sea la persona.

Son de personalidad antisocial. Muestran desprecio por los derechos y los sentimientos de los demás. Explotan a otros para obtener beneficio material o gratificación personal. Expresan sus conflictos de forma impulsiva e irresponsable. No toleran la frustración. Son violentos y hostiles. No sienten remordimientos por sus actitudes antisociales. Por el contrario, culpan a los demás de su desgracia.

Sus relaciones están llenas de deshonestidades y de engaños. La frustración y el castigo raramente les ocasionan la modificación de sus conductas. Son propensos al alcoholismo, a las drogas, desviaciones sexuales y a la promiscuidad. Tiene predisposición a fracasar en sus trabajos y a trasladarse de un sitio a otro.

Su historia familiar es de comportamiento antisocial, abuso de sustancias, divorcio y abusos físicos. La pobreza, la falta de una autoridad equilibrada, sentido de pertenencia, culto a la muerte y al consumismo material y deserción escolar, complementan su complejo. En su niñez fueron descuidados emocionalmente. Son bastantes negativos y tienen como objetivo encubierto controlar o castigar a otros.

Otro punto a destacar es la falta de seguridad en las calles —caldo de cultivo—, para sentirse seguros al cometer su hecho punible.

Ningún tratamiento a corto plazo puede curar con éxito un trastorno de esta índole, pero ciertos cambios se pueden conseguir y con paciencia. La clave está en modificar la conducta mediante la terapia de desensibilización y de la terapia hablada.

*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net