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29 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Trampas de muerte

Hace un par de semanas ocurrió en Panamá una situación que desafortunadamente fue minimizada por los medios de comunicación y pasó desap...

Hace un par de semanas ocurrió en Panamá una situación que desafortunadamente fue minimizada por los medios de comunicación y pasó desapercibida especialmente por las autoridades competentes. Un incendio ocurrido un día viernes a las 5 de la tarde en el piso 15 de un edificio en Urbanización Obarrio, a un costado de la Avenida Samuel Lewis, en pleno corazón de la ciudad capital, puso en apuros a los bomberos, lo cual refleja de manera evidente la falta de previsión, el desorden en el sector construcción, la ausencia de mecanismos de rescate y una total carencia de equipos para hacer frente a estas emergencias.

Inicio por destacar que, gracias a la acción espontánea e incondicional del cuidador del edificio, hoy día no hay pérdida de almas que lamentar. Sin previo entrenamiento en este tipo de maniobras ni capacitación en el uso de mangueras, extintores y planes de evacuación, este humilde ciudadano tomó control del asunto y pudo extinguir el incendio antes de que llegaran los bomberos. A pesar de un fuerte dolor de cabeza, producto del humo y la falta de respiradores para este tipo de ejercicios, el cuidador explicó posteriormente que junto con su ayudante llamaron a los bomberos tan pronto conocieron de la situación, procedieron a dar la voz de alerta y desalojaron a los residentes del edificio.

La realidad es que los bomberos tardaron más de 30 minutos en arribar al lugar. Y cuando llegaron se constataron de que el hidrante más cercano se encontraba a 300 metros, sin suficiente agua para surtir a los carros bombas. Es importante analizar que en los últimos años se han edificado cientos de obras en diferentes sectores de la capital, donde en un principio eran sitios solo para casas. Urbanización Obarrio, por ejemplo, fue diseñada en la década de los años 50 como un barrio residencial de casas unifamiliares, y su acueducto tiene un diseño y una capacidad para una cantidad específica de casas. Pero lo que existe actualmente es una metrópolis urbanística constituida por una moles de concreto, principalmente edificios, apartamentos, almacenes, oficinas y centros comerciales.

Sería incongruente oponerme al desarrollo urbanístico del país, pero mi intención es abrirles los ojos a las autoridades para que vean que el progreso va de la mano con las transformaciones que se requieren para cumplir con las expectativas de la población. Construir edificios altos sin una debida planificación, sin tomar en cuenta los planes de emergencia, sin haber hecho estudios de accesibilidad de los bomberos y sin adecuar el número de hidrantes al censo habitacional, es una irresponsabilidad de monumental consecuencia.

Los bomberos, en principio, se requieren para emergencias. Nadie llamaría a un cuartel para buscar asistencia en tareas escolares ni para solicitar números telefónicos. Pero cuando la ciudad de Panamá comenzó a crecer y se hizo necesario construir nuevas instalaciones para los bomberos, se escogieron áreas específicas como Carrasquilla, Betania y Juan Díaz, porque precisamente eran estás zonas las que registraban el crecimiento poblacional y requerían de un servicio puntual de bomberos. Posteriormente, con la llegada de los altos edificios en la década de los 70 y la alteración de la densidad urbanística capitalina, los bomberos han quedado totalmente desubicados y ahora distan de aquellos sitios donde realmente se construyen las grandes obras y los complejos de viviendas.

Desde hace años nadie ha presentado un estudio que revele la necesidad de reubicar a los bomberos. Los barrios de Punta Paitilla, Dos Mares, Obarrio y San Francisco de la Caleta no cuentan con los servicios de un cuartel de bomberos, y la accesibilidad inmediata de los mismos es mínima. Seguramente, en el caso de una emergencia, les ocurriría lo mismo que en el incidente anterior, donde tardaron más de media hora en llegar y media hora más para descubrir que el hidrante no tenía suficiente agua.

Las autoridades del país debieran entender que el progreso de una nación está ligado a la responsabilidad y el compromiso de sus funcionarios. Históricamente, el Municipio de Panamá y el Cuerpo de Bomberos han sido irresponsables en permitir construcciones que convierten a los apartamentos en verdaderas trampas de muerte. Ambas instituciones deben revisar y supervisar que todas las edificaciones cuenten con su plan de emergencia y procedimientos de desalojo.

Una de las situaciones más peligrosas del reciente incendio en el edificio de Urbanización Obarrio es que los residentes no conocían de un plan de evacuación ni de una zona de seguridad. Salieron desesperadamente y todos se ubicaron en la misma entrada del edificio. Minutos más tarde, después de haber desalojado, se desplomó una ventana de vidrio cayendo a escasos metros de donde estaban situados decenas de personas, incluyendo a los mirones que obstruían y confundían a los presentes. Nadie, por ejemplo, se ocupó de reorientar el tráfico vehicular para ayudar la llegada de los bomberos o contar a los residentes para determinar que en realidad habían evacuado del edificio.

Afortunadamente, no hubo víctimas que lamentar. Pero es precisamente lo que ocurre en este país, que hasta que no hay un muerto, decenas de quemados, cientos de envenenados o miles de afectados, nadie hace algo al respecto. La ciencia que analiza los índices de siniestralidad y estudia los accidentes, señala que los mismos no ocurren por casualidad; todos tienen una causa y generalmente son prevenibles. En este sentido y tal como indican las probabilidades, es cuestión de tiempo para que ocurra una tragedia mayor con consecuencias más graves. Y solo entonces estos incendios ocuparán las primeras planas de los medios y ganarán su espacio en la mente de algún funcionario irresponsable que incumplió sus obligaciones.

Mi opinión es que, si no se toman medidas urgentes al respecto, tal vez para luego sea muy tarde. Y entonces las lágrimas de aquellos que por negligencia e incapacidad no hicieron su tarea y lo que debían, jamás secarán y su conciencia les pesará para el resto de la vida.

*Empresario.lifeblends@cableonda.net