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- 29/01/2026 00:00
¿Alguna vez has pensado en vengarte de ese jefe malvado y desinteresado que te hace la vida imposible? Porque Rachel McAdams regresa a la pantalla grande para responder esa pregunta y dejarnos reflexionando sobre cuán lejos llegaríamos por ser libres y sobrevivir.
Bajo la dirección del cineasta Sam Raimi (Spider-Man; The Evil Dead) en su nueva cinta ‘¡Ayuda!’ (Send Help), vemos a McAdams convertirse en Linda Liddle, una solitaria y desesperada directora de Estrategia y Planificación, el total opuesto de Dylan O’Brien, quien se convierte en Bradley Preston, el hijo heredero de la compañía millonaria de su padre con tendencias de “American Psycho” y una actitud típica de “hermano de fraternidad”.
Cuando Bradley es ascendido a presidente de la compañía y rechaza la promesa de su padre a Linda de convertirla en vicepresidenta, Linda se ve una vez más derrotada, pero al ser la única que conoce los números de la empresa se ve obligada a asistir a un viaje internacional para cerrar un negocio en Bangkok. Atrapada en un jet privado junto a Bradley y compañeros de trabajo que la detestan, la libertad de Linda se pronuncia en forma de accidente aéreo y un naufragio que da forma a la historia en el film.
Raimi tiene su propio sello, siendo a menudo gracioso e incómodo, lo suficientemente grotesco para sentir la sangre atravesar la pantalla y sorpresivamente introspectivo para cargarnos de pensamientos que se entretejen tratando de adivinar el siguiente giro, traición o ataque. Desde el momento en que vemos a Linda y a Bradley sabemos que no existe una amistad, sino una enfermiza relación de jefe a empleada que Bradley no desaprovecha y hace énfasis en recordar quién es “el jefe”.
Por esto, desde que el accidente los arroja a una isla desierta en el Golfo de Tailandia, Raimi junto a los guionistas Mark Swift y Damian Shannon no pierden tiempo en convertir la isla en una olla de presión donde Linda es quien toma el control y Bradley, herido y desorientado, debe aprender a depender de ella para su supervivencia.
Es una historia tan clásica, aquella donde el giro es en pro del humillado y el abusador se convierte en presa; sin embargo, Raimi nos da mucho más que eso, haciendo hincapié en los cambios de humor, dinámica y energía entre McAdams y O’Brien, quienes canalizan magistralmente sus emociones y logran mostrar diferentes colores de sus pensamientos, planes e intenciones.
Linda llega armada con décadas de aprendizaje a través de la serie de ‘reality’, ‘Survivor’, y múltiples libros sobre supervivencia en diferentes climas y escenarios. Al momento de tocar la isla construye un refugio, una fogata y recolecta comida y agua de lluvia, moviéndose con la calma genuina de quien sabe lo que hace y no tiene que detenerse a sentir pánico o temor. Hay que reconocer que O’Brien nunca exagera la interpretación de Bradley como un monstruo. En cambio, se muestra indiferente y codicioso, exhibiendo una pereza asfixiante y un comportamiento innatamente manipulador.
El cambio en sus dinámicas sucede rápido y sin retroceso, Linda ha sido víctima de quienes se han sentido superior a ella en todo momento, mientras que en la isla es ella quien logra salvar su propia vida y la de Bradley, algo que Raimi nos hace recordar constantemente con el comportamiento de Bradley –quien no hace amagos de realmente ser una mejor persona, ni siquiera tras una conversación emocionalmente profunda– que lo lleva a verse en el otro lado de la obsesión de Linda y su control en la isla.
Poco a poco ella incluso cambia y se transforma en un guardia, una fuerza sin comparación y capaz de olvidar su humanidad por momentos con tal de lograr su objetivo, que puede diferir de persona a persona, viéndose como deseo de libertad, deseo de venganza o simplemente de una nueva vida que la ha evadido por años.
Lo que sí sabemos es que momento a momento Bradley quiere irse y Linda no va a permitir que pasen por encima de ella de nuevo. Con un juego de cámaras y diálogos astutos, McAdams canaliza su energía de asesina y hace juego con la energía de O’Brien, quien se cansa de ser un juguete y arremete contra ella en busca de matar o morir.
Es entonces, en su tercer acto, que Raimi nos revela parte de su plan: siempre ha existido una salida y son ellos los peones en el juego del destino. McAdams y O’Brien se sacan brillo el uno al otro en todo momento, con las altas y bajas de sus personajes y un sentido persistente de temor y violencia, logran adentrar a las audiencia en sus problemas, sus pensamientos internos y los distintos traumas que los llevaron a ser quienes son en su adultez, algo que resuena con el trasfondo de la cinta, recordando cuán lejos llegaríamos por sobrevivir.
Perversamente adorable y con el potencial de ser atemporal, ‘¡Ayuda!’ es un delirio controlado, calentado a fuego lento. A sus 66 años, Raimi nos recuerda quién era cuando hizo historia en la comedia de terror con ‘Evil Dead II’ y, aún más importante, por qué su voz sigue siendo importante. McAdams se corona como la fuerza principal en la cinta y aún siendo bañada en sangre y con delirios nocturnos, nos muestra por qué son importantes las colaboraciones correctas en el cine y que nunca podemos subestimar a aquellos que son diferentes a nosotros.