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26 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

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Vergüenza nacional

Las serias dificultades por la que transita la educación es una verdad de Perogrullo. El debate permanente sobre su transformación parec...

Las serias dificultades por la que transita la educación es una verdad de Perogrullo. El debate permanente sobre su transformación parece —por una parte— elemento informante del discurso electoral y, —por otra— una manera eufemística de plantear el asunto por las administraciones educativas, como también por las dirigencias magisteriales.

Los resultados catastróficos que resultan de los empeños educativos expresan con nitidez las falencias del sistema que llegó hace tiempo a sus niveles más innobles, por lo que merece con urgencia replantearse. Si es correcto seguir considerando a los discentes como el centro y motivación esencial del proceso educativo, también es cierto que un factor esencial del mismo es el docente. Y es que su papel —que debe ser eficiente— en la formación y no solo en la información, viene a constituir una parte que dirá mucho de los resultados que se obtengan. Desafortunadamente la cara más visible del desbarajuste educativo son los educandos.

Recuerdo a los excelentes docentes que en la década del 60 del siglo pasado tuvieron la responsabilidad de la formación de maestros de primera enseñanza en el Colegio Abel Bravo. Con vehemencia y con el convencimiento que da el conocimiento nos plantearon que: “ El verdadero juez de todo maestro eran sus propios estudiantes ”, “ Que para buenos maestros buenos estudiantes ”, y quizás lo más contundente que: “ Nadie puede dar lo que no tiene ni enseñar lo que no sabe ”.

La información dada por el MEDUCA sobre las deficiencia de un porcentaje importante de educadores participantes en el concurso para posiciones directivas debe invitar a la seria reflexión y a poner en tensión al sistema. Lo ocurrido —inevitablemente— reafirma el hecho de la precaria formación de muchos docentes, y llama la atención sobre las acciones formativas que deben formularse desde los niveles iniciales de su preparación, así como posteriormente cuando está en el ejercicio de su labor.

Los seminarios sobre Educación Continua que brinda el MEDUCA en el periodo de vacaciones deben ser revisado, y buscarse los mecanismos para conocer la situación académica para mantenerlo actualizado. No es posible que siendo el español el idioma oficial haya sido rechazado por los docentes que aspiraron, cuando una de sus responsabilidades es cuidar el correcto uso de la lengua.

La descalificación de ellos no es solo académica, sino también moral. El agravante está en que los títulos de maestría y doctorado presentados no fueron avalados en la práctica. No se trataba de mostrar, sino de demostrar. Todo esto —no obstante— alerta al MEDUCA sobre las serias exigencias para el ingreso, mantención y promoción del docente en el sistema, lo cual debe estar más allá del cúmulo de papeles que puedan exhibirse.

*Docente Universitario. jorge0913@pa.inter.net