Temas Especiales

30 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Cuestión de nacionalidad

El pasado viernes 16 de octubre se llevó a cabo la conferencia: “Interpretando 500 años de historia panameña” en el marco de las activid...

El pasado viernes 16 de octubre se llevó a cabo la conferencia: “Interpretando 500 años de historia panameña” en el marco de las actividades del Centro Latino del Smithsonian en la ciudad de Washington D.C. El evento contó con excelentes presentaciones de historiadores, tales como Alfredo Castillero Calvo, quien disertó sobre “La visión histórica del pasado colonial panameño”; Aims McGuiness, quien habló sobre “La fiebre del oro de California y la nueva historia de Panamá”; y Juliee Green, quien expuso sobre “Los constructores olvidados del Canal de Panamá, 1903 – 1915”.

Una pregunta del público para el Dr. Castillero Calvo lo convidó a definir la verdadera nacionalidad panameña. Palabras más palabras menos, el Dr. Castillero Calvo sentenció tácitamente que no se atrevía a definir una nacionalidad panameña. Señaló que su pensar como historiador era que nuestra nacionalidad, en el marco de lo que había expuesto sobre la interpretación de los 500 años de historia colonial, aún estaba desarrollándose (tomando en cuenta nuestra especial condición histórica de ruta de tránsito y la influencia de varias culturas y períodos emigratorios). No he utilizado comillas porque no son citas exactas. La respuesta creo que sirvió para que más de cuatro en la sala reflexionaran sobre aspectos determinantes del camino andado.

Nuestro país experimenta, en este inicio del milenio, un crecimiento que muchos no logran comprender y nuevamente grupos de otras nacionalidades han decidido establecerse aquí por diversas razones. La ciudad amplía desmesuradamente su infraestructura habitacional para acomodar la nueva emigración.

La historia de los grupos humanos que llegaron a constituir el conglomerado social que hoy habita esta franja de tierra que separa los dos grandes océanos, es, indudablemente, una historia de cada panameño. Esta estrecha parte del continente americano, se convirtió en paso obligado de miles y miles de personas, que por siglos y siglos, desde que Vasco Núñez de Balboa, en 1513 con la ayuda de los indígenas del área, dio a conocer la estrechez del paso.

Esta historia es de triunfo de la ruta que, hace apenas 100 años, volvió a ser el inicio de la historia de miles de hombres y mujeres de muchas naciones alrededor del mundo, quienes vinieron a Panamá para trabajar en la construcción y posterior operación del Canal.

Existen muchos caminos y cuentos sobre diferentes aspectos de la gente de nuestro país, pero todos juntos, de forma gradual, hemos contribuido con nuestros aportes para que esta historia sea fascinante y compleja. Por ejemplo, la más reciente es la historia del Canal de Panamá; una historia humana, que por su calidad de humana, es una historia de voces disímiles; de procesos comunicacionales encontrados; dificultosos, tensos, truncados, detenidos, reactivados; buenos y malos, negativos y positivos que de alguna manera encontraron la forma de hacer de esta hazaña, de la convivencia en esta tierra, un triunfo de la humanidad.

A lo largo de la ruta del Canal surgió una comunidad compuesta principalmente por inmigrantes estadounidenses, quienes llegaron al Istmo de Panamá a inicios del siglo 20 para la construcción de la vía acuática. Ellos, también reclamaron como suyo la fascinación de la historia del Canal.

Estos grupos de emigrantes se sumaron a los cerca de 300 mil habitantes que constituían la población del Istmo para inicios del siglo XX. Y brindaron nuevos elementos culturales y étnicos, lo que matizó y continuó la interrelación de una amalgama de diversas culturas que inició 400 años antes, y que vinieron a constituir la población del Istmo de Panamá durante la mayor parte del siglo XX.

¿Cuál es nuestra verdadera nacionalidad? El que ha vivido en Panamá, andado por sus calles, ido a sus colegios, probado la comida, oído y bailado nuestra música, dudaría dos veces en hacer esa pregunta. Somos claramente un país multicultural, sin una nacionalidad definida. Vestidos de pollera o de congos; escoltados por el dragón chino y con el aroma del incienso hindú. Lo que nos toca hacer es luchar juntos contra las desigualdades, contra la discriminación racial y social.

Con este nuevo auge de inmigración que experimentamos, no olvidemos que históricamente, esa ha sido nuestra naturaleza como ruta obligada de tránsito. Aprendamos de las experiencias anteriores y seamos abiertos a lo mejor de las culturas inmigrantes, sus mejores contribuciones culturales y sociales que, seguramente, nos presentan con la mejor disposición y afán de integración y participación.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com