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29 de Jun de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El logro de la paz en Honduras

En sus cuatro meses de existencia, la crisis en Honduras generó muchas pasiones. La derecha, sobre todo en los Estados Unidos, quería po...

En sus cuatro meses de existencia, la crisis en Honduras generó muchas pasiones. La derecha, sobre todo en los Estados Unidos, quería polarizar la discusión, ubicándose al lado de Roberto Micheletti, según ellos, el presidente salido del “proceso democrático” que derrocó las pretensiones de Hugo Chávez de reelegir a Manuel Zelaya e instaurar un nuevo régimen izquierdista en la Región. Justificaban un mal real —un derrocamiento presidencial—, con otro mal supuesto —el establecimiento de un gobierno revolucionario de izquierda.

Las cosas no fueron tan fáciles ni tampoco tan blanco y negro como ésos querían. Todos los países, sin excepción, se alinearon en la defensa de un básico principio: el respeto a la institucionalidad democrática. Resultaba indefendible, desde cualquier punto de vista, justificar un golpe de Estado, fuera del matiz que fuera. Equivalía a abrir la puerta para futuros golpes en la Región con excusas diferentes.

El apoyo de Europa fue decisivo, así como el de las Naciones Unidas. A pesar de intento de resquebrajamiento de los que querían soluciones más radicales, prevaleció un espíritu de unidad nunca antes visto en toda la América, partiendo del gobierno de Barack Obama, como del de Canadá, cada vez más comprometido con sus vecinos americanos.

A través de la Organización de Estados Americanos, encabezada por su secretario general, José Miguel Insulza, quien en todo momento demostró una franciscana paciencia frente a los ataques de que fue objeto de la derecha conservadora y la izquierda oportunista del Continente, supo llevar la nave del diálogo a feliz puerto.

Una solución negociada donde todos los actores terminaron cediendo para que hubiese un solo ganador: El pueblo hondureño, el más sufrido ante todas las sanciones y aislamientos de que fue objeto su país desde el pasado 28 de junio. La solución incluye el respeto y apoyo a las elecciones presidenciales del 29 de noviembre y el traspaso ordenado de poder en enero del 2010.

Ahora le tocará al mundo volver a poner sus ojos en Honduras para darle la mano a uno de los países más atrasados de la América India. Corresponderá, eso sí, a la clase dominante de ese país, percatarse de que la justicia social y el desarrollo sostenible deben imperar en esa Nación tan golpeada por los políticos tradicionales, pero tan escaldada por los grupos económicamente poderosos.

Deben entender todos que la democracia no puede significar únicamente votar cada cuatro años. Esa comprensión servirá para que la sociedad hondureña tenga el contenido social y humanista de la cual ha carecido.

*Embajador de Panamá ante la OEA.gcochez@covad.net